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lunes, 29 de junio de 2009

EL PENSAMIENTO SEGÚN J. B. WATSON

Entre las muchas simplificaciones de las ideas de Watson sobre la psicología y los tópicos que trata, se halla en uno de los primeros lugares el aserto de que el buen John Broadus identificaba el lenguaje con el pensamiento, distinguiendo a éste excelentísimo proceso con el nada honroso calificativo de “habla subvocal”, lo que parecería igualarnos con los pericos.
Sin duda el propio Watson tiene responsabilidad en el origen de este malentendido, al no ser claro en sus primeros escritos sobre el tema. Pero aquí mostraré que, si bien su concepción de lo que es “pensamiento” es general, organocéntrica, meramente introductoria e incluso mal expresada (“pensemos” que en su época no había mucho de dónde extraer ideas sobre eso), en cambio no llega al primitivismo que se le ha achacado.
La primera vez que Watson se refirió al pensamiento lo hizo en una brevísima nota de pie (la séptima), al final de su célebre manifiesto de 1913 (aquí). Allí señalaba que los procesos de pensamiento podían concebirse en el marco de manifestaciones musculares, tanto las vinculadas al ejercicio abierto de la costumbre de actuar, como, muy especialmente, a los sistemas involucrados en la musculatura de la expresión discursiva (hábitos de pensamiento motor relacionados con la laringe). Parece ser que fue un texto añadido a último momento debido a que en la misma revista iba a salir publicado otro artículo ligado exclusivamente al discurso subvocal, por lo que el contenido del breve comentario debe juzgarse en ese contexto.
Luego, en 1920, volvió más extensamente sobre el punto (aquí), pero, en realidad, añadiendo poco a su concepción fundamental. Concluía que el pensamiento “es un gran proceso verbal” relacionado con la actividad implícita. Pero, ojo: como queda claro al leer el artículo completo, él ya entendía por “verbal” todo lo concerniente a la capacidad de actuar del organismo como un todo, tanto física como emocionalmente, con miras a la expresión y a la solución de problemas. En otras palabras, a la adaptación al mundo.
En definitiva Watson terminó refinando su postura más clara y sintética en su conocido gran libro de 1924, El Conductismo (quizá el más citado pero el menos leído por los no-conductistas), con las siguientes palabras:
“Deseamos recalcar ahora que siempre que el individuo piensa, toda su organización corporal trabaja (implícitamente)... Parece razonable suponer que en momentos sucesivos el pensamiento puede ser kinestésico, verbal o emocional. Cuando la organización kinestésica está bloqueada o falta, entonces funciona la verbal, si ambas quedan bloqueadas, la organización emocional se torna predominante” (Watson, 1924/1961; pp. 249-250).
Por último, subrayó más su versión al respecto en el apéndice del libro, donde consigna en su exposición polémica contra el inefable McDougall:
“Plantéase ahora una... cuestión que requiere cuidadoso examen: ¿pensamos sólo con palabras? Hoy entiendo que, toda vez que el individuo piensa, trabaja (implícitamente) su total organización corporal, aunque el resultado final consista en una formulación verbal hablada, escrita o expresada subvocalmente... Por consiguiente, pensamos y planeamos con todo el cuerpo. Pero, dado que... la organización verbal, cuando se haya presente en general probablemente predomina sobre la visceral y la manual, solemos decir que el pensar es en su mayor parte verbalización subvocal, siempre que admitamos en seguida que también puede desenvolverse sin palabras” (ib., pp. 297-298).
Creo que este planteamiento de base no está, en buena cuenta, muy lejos del que Skinner presenta en su capítulo sobre el pensamiento de Conducta Verbal (dicho sea de paso, tan poco satisfactorio como cualquier otro enfoque que trate del asunto hasta ahora).
A pesar de estas aclaraciones, Watson quedó marcado para siempre con el estigma del primitivismo teórico sobre el pensamiento. Pocos reparan en los párrafos mencionados porque "quieren" interpretarlo en función a su prejuicio. De hecho, en el mismo prólogo a la edición en español hecha por la editorial Paidós de El Conductismo, el Dr. Emilio Mira y López -un psiquiatra al parecer muy ilustrado en todo menos en conductismo watsoniano- afirmó directa y peladamente que Watson decía que el pensamiento no era otra cosa que un monólogo implícito o hablarse a sí mismo (ib., p. 14). Con esto, parece cierto que no hay peor ciego que el que no quiere ver...
¡Y muchos conductistas también lo creen así en base a la información sesgada y parcial a la que tienen acceso! Valga esta reactualización de su verdadera postura para incentivar una lectura más precisa y respetuosa de su obra.

Watson, J. B. (1924/1961). El Conductismo. Buenos Aires: Paidós.