miércoles, 22 de febrero de 2012

"Las Contradicciones Internas en el Conductismo Skinneriano” de J. A. Mora ¿Caballo de Troya en una Página Conductual?

En la web de ABA Colombia (Asociación Colombiana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento) hay, desde hace años, una sección titulada “Seminario Skinner”, armada para servir de fuente teórica informativa sobre el Análisis Experimental del Comportamiento. Sin menoscabar tan loable propósito hay que admitir que la calidad de los textos allí consignados deja que desear, sobre todo debido a su deficiente traducción y presentación.
No obstante, ese no es el motivo de este post, sino cuestionar uno de los escritos subidos como material de consulta. Ese es un capítulo del libro editado por Fernández Castro y cols. (1992): Balance y Futuro del Conductismo Tras la Muerte de B.F. Skinner, firmado por el filósofo y psicólogo cognitivista hispano Juan Antonio Mora, titulado: “Las contradicciones internas en el conductismo skinneriano”.
La razón por la cual me fijo en este ensayo es que al costado de la pantalla aparece un rótulo que lo corona como: “La noticia más leída en relación al tema Seminario Skinner” (probablemente gracias a su “atractivo” título), y pienso: ¡Qué ironía que el texto más leído de una página que pretende facilitar la comprensión de Skinner sea, justamente, aquel que lo trata de tan mala manera! Porque el citado capítulo constituye en realidad una diatriba contra el conductismo skinneriano, con juicios de valor negativos, simplificaciones y tergiversaciones al peor estilo anticonductual. ¿Es este un texto que merezca ser puesto nada menos que en la web de una “asociación para el avance de las ciencias del comportamiento”, dándole el aval de seriedad que tal diatriba necesita para divulgarse a toda la comunidad académica?
Veamos algunas de las “perlas” que podemos encontrar en la citada fuente de “información” de Mora sobre Skinner.

"TORPEDOS Y BOMBAS"

Para empezar, ya en uno de los primeros párrafos se encuentra esta afirmación aparentemente inocente: “[Skinner] siendo relativamente joven, ya como «Asóciate Profesor» (1939-1945) realizaría su investigación más comentada: entrenar a palomas para guiar torpedos y bombas”. ¿Investigación “más comentada...”? A lo que huele esta observación es a una maniobra “subliminal” que está dando a entender que lo más relevante de la carrera de Skinner habría sido ocuparse de animales enviados al sacrificio en el cumplimiento de la más trivial (o criminal) de las actividades ajenas a la psicología: “guiar torpedos y bombas”.

"LIBERTAD Y DIGNIDAD"

Más adelante, Mora señala: “Skinner nos ha dejado una de sus últimas obras sobre los problemas éticos en la ciencia como Beyond Freedom and Dignity (1971), en la que argumenta que estos grandes conceptos, como son la libertad y la dignidad humanas, han quedado autodestruidos por los avances de la tecnología conductual, al igual que por los descubrimientos de las ciencias físicas y biológicas. No tiene empacho de llamar en esas páginas a estos eternos problemas «falacias sin sentido»”.
Si uno revisa con atención dicho libro no encuentra en ninguna parte tan despectivas alusiones. Skinner (1971/1982) deja muy en claro que él no cuestiona las acepciones de “libertad” y “dignidad” en el sentido tradicional de atribuírseles status de sentimientos o experiencias subjetivas, y dice: “Si eso significa que es mejor estar controlado de modo tal que ese control no ejerza consecuencias aversivas, podemos estar de acuerdo” (p. 55), porque lo que se llama “libertad” es para Skinner simplemente ausencia de control aversivo, no significando eso que no haya otras fuentes de control, y da abundantes ejemplos. Lo que cuestiona Skinner son los conceptos metafísicos de “libertad” y “dignidad” como estados mentales (cambios interiores espontáneos sin ligazón con circunstancias contextuales) asociados a los hechos de hacer lo que uno quiera y tener que ser admirado o castigado por ello. La tecnología conductual, lejos de atentar contra los estados subjetivos de sentirse libre y digno, asegura las condiciones naturales para que tales estados sean de tal modo asegurados que no necesiten ser recalcados a cada rato, ni utilizados para manipular el comportamiento a favor de ideologías demagógicas. Ese es el sentido en que debe interpretarse el título iconoclasta de “Más Allá de la Libertad y la Dignidad”.
Skinner y su padre en 1947

PRINCIPIOS DEL APRENDIZAJE Y "PASIVIDAD" DEL ORGANISMO

Luego, Mora vuelve al ataque lanzando esta vez su artillería contra lo que llama “principios fundamentales de la posición skinneriana de aprendizaje”, que él interpreta en dos de ellos de la siguiente manera: “generalidad de los principios del aprendizaje, estudiados en un número muy reducido de especies animales”, y “total pasividad del organismo en el proceso del aprendizaje, considerado como un mero receptor de las conexiones S-R que se le instauran”.
Examinemos uno por uno este par de sofismas.
En cuanto al primero, la generalidad de los principios de aprendizaje, Mora da algunas razones ligadas al conocido trabajo de los Breland, quienes habrían demostrado “que no se podían extender las leyes del aprendizaje descubiertas con ratas y palomas, no ya a los humanos, sino ni siquiera a otros animales de su especie”, añadiendo: “La sinceridad de los colaboradores rompía los dogmas del maestro”, insinuando que Skinner mentía adrede referente a eso.
En realidad, Skinner (1953/1971) no sólo no afirmó jamás a rajatabla que los principios fueran los mismos para todos, sino que anticipó las diferencias debidas a la especie en Ciencia y Conducta Humana: “La categoría propia de la especie es una variable a tomar en cuenta para valorar la probabilidad de cualquier clase de conducta” (p. 187). Estas diferencias pueden ser muy amplias entre una especie y otras, tan cierto como que hay distintos rasgos anatómicos y de fisiología interna que son determinantes. Las conductas de las diferentes especies son, así, posibles de cambiarse con mayor o menor dificultad en función de las características biológicas normales que exhiben en su ambiente. 
Por ejemplo, en el experimento en que los Breland entrenaron cerdos para que metieran en una alcancía los vales que se les otorgaban como reforzadores, éstos animales terminaban tirándolos al suelo y luego los lanzaban al aire con el hocico, lo que fue interpretado como una conducta instintiva sobrepuesta a la conducta entrenada (dado que los cerdos habitualmente empujan y agitan su comida por predisposición genética). Sin embargo, al asociar los vales con recompensas igualmente alimentarias (por ejemplo el agua) para el cerdo en estado de privación, éste sí los deposita en la alcancía.
Otra razón aducida en la misma línea por Mora es la de que “John García… demostraría que las ratas, esquivando las leyes clásicas del condicionamiento, «conocían», como «instintivamente» , que las náuseas les habían sido provocadas por un líquido agradable, a pesar del lapsus temporal, lo que las llevaba a «evitarlo» (1966)”. Y añade otra vez malevolamente: “Los principios clásicos del conductismo, como sucedió en los Breland, se desmoronaban de mano de lo «biológico»”.
Lo cierto es que el experimento de García, tan someramente mencionado y glosado con ignorancia de lo que es condicionamiento, se refiere al “aprendizaje por aversión al gusto”, y lo único que demuestra —igual que en el caso del cerdo— es que los organismos poseen en muchos casos una tendencia innata (seleccionada por evolución de la especie) a asociar ciertos estímulos con determinadas consecuencias.
En otras palabras, no es que los principios del condicionamiento no se cumplan, sino que se cumplen de manera particular dependiendo de la especie. La prueba de esto la dio el propio García, como reseñan Gerrig y Zimbardo (1985/2005): “Para impedir que los coyotes se coman a las ovejas… John García y sus colaboradores pusieron hamburguesas tóxicas de cordero envueltas en piel de oveja a las afueras de las zonas bardadas de los ranchos. Los coyotes se enfermaron, vomitaron y adquirieron una aversión instantánea por la carne de cordero. Su desagrado ante la mera vista de las ovejas los mantuvo alejados de esos animales…” (p. 195). Eso significa que las predisposiciones biológicas modulan, pero no impiden, el condicionamiento si éste se realiza teniéndolas en cuenta.
El segundo sofisma lanzado por Mora: “total pasividad del organismo en el proceso del aprendizaje, considerado como un mero receptor de las conexiones S-R que se le instauran”, no es mayormente fundamentado contra Skinner porque seguramente el crítico en mención cree que la prueba cae por su propio peso. Y es que, efectivamente, para un anticonductista que no entiende el ABC de la ciencia de la conducta, semejante afirmación, por descabellada que suene, es la piedra fundamental —diríamos el dogma— sobre el que se erige toda su construcción crítica. Para quienes si revisan lo que pretenden enjuiciar en lugar de emitir juicios irresponsables, está muy claro en cambio el papel “activo” del organismo que presupone el condicionamiento operante: el individuo opera sobre la base de las consecuencias que va generando, por lo tanto aquí no hay “pasividad”, ni “mera recepción”, ni “conexiones S-R” que valgan. ¿Se necesitan más pruebas que la vida real?

¿POR QUÉ UNA CRÍTICA DE ESA NATURALEZA?

Terminemos indicando cuál es el asunto de fondo en la crítica de Mora ¿por qué su tono mordaz, despectivo y descalificador de Skinner y del conductismo? ¿se trata acaso de un autor imparcial?
El asunto es que el autor del artículo “Las contradicciones internas en el conductismo skinneriano” pertenece a esa camada de psicólogos españoles (Carpintero, Carretero, Caparrós, Fernández-Tres Palacios, Tortosa, etc.) que, a fuerza de afirmar su “militancia cognitivista” en los 90s, lanzó una fuerte ofensiva en pro de amoldar la disciplina a sus convicciones. Así editaron y publicaron mucha “información” académica sesgada, y digo sesgada porque titulaban sus escritos en forma general como “psicología”, “historia de la psicología”, “epistemología de la psicologia”, etcétera; para presentar cuadros comprehensivos de la carrera vista desde su propia perspectiva paradigmática. Eso no es malo per se, lo malo está en: 
1) No revelar de arranque con qué enfoque simpatizaban los supuestos introductores a esos campos, queriendo pasar por gente “imparcial” que brinda un panorama bien informado a la comunidad, y 
2) Que, a través de dichas presentaciones, descalificaban histórica y epistemológicamente con mucha suficiencia a otras perspectivas paradigmáticas —entre estas, en primerísimo lugar, el conductismo—, sin entenderlas debidamente.
Lo cierto es que esa ola de tergiversación todavía se mueve literaria y mediáticamente, entre otras cosas debido al flaco favor que nos hace el Seminario Skinner con la divulgación de semejante escrito en su web. Soy testigo de que muchos estudiantes, e incluso profesionales, basan monografías y observaciones en clase con referencia a lo equívocamente dicho a través de este texto, por lo que puede afirmarse que está siendo algo así como la propagación de un virus anticonductual a manera de “Caballo de Troya”. 
Las criticas a un enfoque no están mal cuando se hacen escrupulosa y honestamente, pero sí cuando son utilizadas como armas de propaganda "anti". Pongámosle alto de una vez.

REFERENCIAS

Gerrig, R. J. y Zimbardo, Ph. G. (1985/2005). Psicología y vida. México: Pearson Educación.
Mora, J. A. (1992). Las contradicciones internas en el conductismo skinneriano. En Fernández Castro, y cols. (Dirs). Balance y Futuro del Conductismo tras la muerte de B. F. Skinner. Recuperado de: http://www.abacolombia.org.co/postnuke/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=200 
Skinner, B. F. (1971/1982). Más allá de la libertad y la dignidad. Barcelona: Fontanella.
Skinner, B. F. (1953/1971). Ciencia y conducta humana. Barcelona: Fontanella.

martes, 14 de febrero de 2012

PARA SER UN “BUEN ANTICONDUCTISTA”

Ser un “buen anticonductista” parece todo un arte. Pero no nos engañemos, es lo más fácil. Sólo se requiere cierto grado de antipatía visceral por todo lo que huela a supuesta “ciencia dura” en psicología, atracción por lo especulativo y lo misterioso, poco interés por el estudio analítico y, eso sí, mucho descaro para criticar lo que no se conoce. 
Además se requiere (y esto sí es de asombrar), una persistencia realmente heróica para dedicar gran parte del tiempo vital a reescribir las tesis conductuales de acuerdo con los propios prejuicios, y darse el trabajo de divulgar esa personal reinterpretación en todos los foros posibles: clases, charlas, libros, panfletos, artículos, internet, etc. En este último medio, por ejemplo, se pueden encontrar decenas de páginas escritas abierta o disimuladamente en contra del "conductismo" por personas que repiten ciegamente unos cuantos dogmas de uso común, y que por alguna razón en vez de escribir sobre aquello que saben o es de su competencia, dedican su valioso tiempo a ocuparse de este tema en forma negativa, divulgando inexactitudes.
He aquí enlistadas una serie de actividades usuales de los anticonductistas para llevar a cabo cumplidamente lo que ellos mismos ven como su gran misión en la psicología. Sus acciones podrían constituir, si queremos, un sedicente decálogo de “cómo ser un buen anticonductista”. Al igual que las formas de divugacion que se utilicen, ellas no son acumulativas, pueden ser ejercidas con independencia una de otra, de acuerdo con las conveniencias del anti de turno.
  1. No revises fuentes conductistas originales para no descontaminar tu visión y misión anticonductuales, Guíate por clichés y lo que critican otros anticonductistas, mientras más virulentos mejor.
  2. Haz lo posible por simplificar, sacar fuera de contexto o tergiversar lo que dicen los conductistas para que puedas construir una piñata a la que puedas aporrear a tu sabor. Total, muy pocos van a verificar si distorsionaste o no.
  3. Cuando te refieras al conductismo adopta siempre un tono despectivo y mordaz. Así le sugieres a la gente que estaría loca si toma esa propuesta con seriedad.
  4. Autopreséntate como un experto en el tema, para hacer creer que tú sabes más del conductismo que los propios conductistas.
  5. Dí que la ciencia actual es muy diferente a la que "construyeron los positivistas”. Así le quitas sustento epistemológico a la ciencia de la conducta.
  6. Repite hasta el hastío que el conductismo pertenece a un pasado ya superado por nuevos paradigmas científicos, como el cognitivismo o la neurociencia. Así lograrás restarle actualidad a su imagen.
  7. Da a entender que la ciencia de la conducta no sirve para tratar temas humanos, porque todo su interés está centrado en la conducta animal. Así provocas el desprecio hacia semejante “tontería”.
  8. Remarca que los conductistas no se preocupan por explicar los procesos cognitivos, internos, psíquicos, cerebrales, etc.; para sacarlos de circulación y dar paso a otras explicaciones paradigmáticas alternativas.
  9. Tiende cortinas de humo cuando algún conductista se te ponga al frente y desmienta tus argumentos, de modo que la gente se distraiga y no le preste atención.
  10. Presenta al conductismo como un producto ideológico imperialista diseñado para someter al hombre convirtiéndolo en un robot. De esa manera refuerzas tus argumentos manipulando sentimientos humanistas y revanchismo político.

Este post es complementario de otro anterior, al que puede accederse pulsando AQUÍ.

sábado, 11 de febrero de 2012

¿Quiéres Trabajar con la Seguridad de ser Útil? Usa la Lógica Conductual

Existen dos apotegmas que ilustran cómo comprobar lo que sirve o no: “La práctica es el criterio de verdad” y “La prueba de que existe la torta está en comerla”. Esto, aplicado a la psicología, debería traducirse en el aserto de que la coherencia entre la lógica (filosofía-teoría-metodología) que sustenta un enfoque y sus derivaciones tecnológicas, es empíricamente verificable a través de la confirmación de las hipótesis lógicas (investigación-principios-leyes) mediante la práctica efectiva (modificación de los eventos bajo estudio en el sentido planificado).
En este sentido la lógica conductual tiene un alto nivel de verificación, porque casi todas sus técnicas desarrolladas por medio de investigaciones rigurosas figuran entre las intervenciones psicológicas con apoyo empírico recomendadas por la APA, para intervenir sobre problemas adultos, adolescentes e infantiles.
Se ha remarcado que las técnicas conductuales provienen de cuatro fuentes: análisis experimental de la conducta (p. ej. reforzamiento, moldeamiento, extinción, sobrecorrección, etc.); conductismo metodológico (desensibilización sistemática, relajación, inundación, entrenamiento asertivo, etc.); aprendizaje social (modelado, ensayo conductual, rol playing, etc.); y orientaciones heterodoxas (conductual-cognitivas y cognitivo-conductuales). En estos últimos casos la diferencia entre ellas es de orden empírico: “a más sustento experimental, más conductuales (autocontrol, autoinstrucción, inoculación del estrés, condicionamiento encubierto, etc.) que cognitivas (reestructuración racional y cognitiva, solución de problemas, clarificación de valores, etc.)”. Yo añadiría que “a más uso de variables de lenguaje e imaginación como respuestas condicionadas, más cognitivas”.
La relación de las técnicas denominadas “cognitivas” con el quehacer conductual generalmente ha sido mediatizada, enmascarada o ignorada, debido a dos factores: 1) la creencia (lamentablemente ignorante) de que el conductismo "sólo se vale del condicionamiento sin considerar procesos de cambio cognitivo", como si ambos fenómenos fueran incompatibles o inconmensurables; y 2) el escape del castigo social que algunos suponen que puede ocurrir al decirse “conductista” o “tecnólogo conductual” a secas en esta época.
Por lo demás, también se ha polarizado el asunto llevándolo a un falso dilema: ¿es la cognición del individuo o el ambiente que lo rodea lo que “inicia” el comportamiento? Se ha hecho “cuestión de estado” esta discusión absolutizando los términos, sin parar mientes en que todo es relativo a la función que cumple el observador o controlador en la caracterización del episodio de conducta. En realidad, el “inicio” del comportamiento es fijado por las necesidades del análisis práctico: algunas veces será útil para analizar o cambiar el comportamiento considerar que hay que empezar por la conducta verbal o sensorial manifiesta o encubierta, y otras veces será útil empezar por el entorno social o físico. No hay contradicción, porque es claro que se trata de un episodio interactivo.
Por lo demás, Skinner anticipó temas como el autocontrol, la solución de problemas y el control instruccional que inspiraron a los autores "cognitivo-conductuales" a elaborar sus conocidos procedimientos terapéuticos y educativos.
La lógica conductual que va, como se ha dicho, desde la filosofía hasta la tecnología en un continuo coherente (se habla sobre la conducta, se estudia la conducta, se investiga la conducta, se manipula la conducta y se modifica la conducta), tiene una alta probabilidad de ser útil para el practicante profesional de la psicología. No es, como lo dicta el prejuicio popular, algo simple ni limitado. Un problema para su difusión ha sido la “vocación” básica y filosófica que tienen muchos de los cultores que eligen su enfoque, evitando un mayor centramiento en la parte aplicativa. De ahí la ausencia relativa de post-grados, cursillos y talleres dedicados a la enseñanza de métodos de evaluación y tratamiento que no lleven el calificativo de “cognitivos”, porque los pocos psicólogos conductuales que sí tienen interés en lo práctico no suelen ser, como se dijo más arriba, muy esclarecidos teóricamente o tienen miedo a ser llamados “conductistas” con toda la carga de prejuicios que ello supone.
Sólo una mayor difusión podrá vencer esos obstáculos.

Posdatas:

1) Lo dicho, por cierto, no debe llevar a la falsa conclusión -también hartamente repetida- de que de lo conductual "sólo sirven las técnicas" y que, ejerciendo algún otro tipo de enfoque paradigmático "más amplio y explicativo", se pueden utilizar libremente. No. la práctica tecnológica es por necesidad coherente con la teoría y la metodología que la sustentan ¿Cómo podría esperarse efectividad de un quehacer teórico y práctico incongruente? Por eso cada enfoque tiene sus propias aplicaciones. Por ejemplo, practicar la asociación libre es coherente con la creencia psicoanalítica de que se investiga el inconsciente a través de la interpretación de la simbología lingüistica. Dejar hablar al cliente prestándole una atención benévola es coherente con la creencia del humanismo de que a través de eso se va a llegar a un insight, y así.
Por eso suscita dudas el movimiento terapéutico integrador hoy en boga, que, utilizando numerosos neologismos y entretejiendo razonamientos retóricos, no hace sino enmarañar los procedimientos de distintas orientaciones que promueve, escondiendo los hechos de cuál de ellos es el que realmente funciona y cómo, haciendo extensiones desde un sólo enfoque, podrían explicarse perfectamente los principios inmersos en dichas prácticas sin necesidad de acudir a otros con presupuestos totalmente diferentes. Mi postura personal, coincidiendo con Marvin Goldfried, es que es legítimo importar procedimientos tecnológicos de otros enfoques teóricos, siempre y cuando sus elementos más compatibles se adapten al marco de referencia propio, no tomándolos como vienen.

2) Para no quedarme corto, a los procedimientos reseñados en el post faltaría añadir la biorretroalimentación (Medicina Conductual) y un conjunto de terapias conductuales que hoy se vienen llamando "de tercera generación" porque tratan los temas cognitivos y afectivos interrelacionados, como las Terapias de Aceptación y Compromiso, Psicoterapia Analítica-Conductual, Terapia Dialéctica-Conductual, Terapia de Activación, Mindfulness, Terapia Interpersonal, Terapia Integradora de Pareja, Terapia de Esquemas, e incluso una Terapia del Bienestar que parecería iniciar ya una "cuarta generación".

martes, 7 de febrero de 2012

¿Cómo Funcionan las Conductas de “Planificar” y "Tomar Decisiones"?

¿Cómo explicar técnicamente el funcionamiento de la conducta de “planificar” y "tomar decisiones" desde el punto de vista comportamental? La cosa no es tan simple como decir "pienso, luego existo", o “el individuo X planifica o toma decisiones en base a su lógica mental”, o porque tiene algún dispositivo interno que le da el poder para ello.
Cuando se emite conducta, las variables analíticas parten de las condiciones ambientales y biológicas pasadas e inmediatas, y de los repertorios aprendidos por el individuo al momento de actuar (incluyendo su conducta verbal), y, por supuesto, de los principios de aprendizaje. La interacción de todos esos factores da por resultado el episodio en cuestión.
Entonces, suponiendo que un individuo planifica su vida posterior y toma decisiones ¿en base a qué lo hace?:
1) En primer. lugar, a todos se nos enseña en la niñez repertorios de “pararnos a pensar” y “sopesar consecuencias”. Esa es una manera de manipular nuestro ambiente personal, y lo hacemos mediante “comportamiento verbal autoclítico”: aquel que permite emitir “tactos” (conducta de rotular o conceptuar) sobre otros “tactos” refiriéndose a respuestas potenciales (las que pueden ocurrir, p. ej. “quisiera hacer…”), discriminativas (“esto es…”), de efecto en presente y futuro (“lo hago” o “lo haré”), de variables controlantes (“prefiero esto que lo otro porque…”) o de su grado de probabilidad (“esto lo lograré más fácilmente…”).
2) Lo anterior puede relacionarse de diversos modos con estados de privación (sensación de que falta algo) o saciedad (sensación de que sobra algo), p. ej., si se decide estudiar sobre cierto contenido en determinado momento, puede ser porque hace tiempo que no se veía ese tema. Si se considera la posibilidad de tomar agua en vez de gaseosa, es posible que antes se hayan tomado demasiadas gaseosas.
3) Otra variable relevante se liga a las conductas de escape o evitación, p. ej., si se decide abordar un transporte público para llegar a un destino cercano al que se podría llegar caminando, puede ser porque se elude pasar por un sitio en el cual están jugando carnaval.
4) También puede jugar un papel el reforzamiento positivo directo, como cuando alguien que dubita entre dos alternativas a corto o a largo plazo, elige una de ellas porque las personas que lo rodean le expresan calurosamente su aprobación.
5) Las reglas discriminativas que aporta la cultura también afectan la función al proveer anticipaciones de consecuencias que ayudan a escoger lo que es “bueno”, “malo”, “fácil”, “difícil”, “agradable”, “desagradable”, “correcto”, “incorrecto”, etc. Como en los casos en que un refrán nos aconseja que “quién a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”.
6) No se deben subestimar los estados orgánicos: los malestares o bienestares somáticos momentáneos, las enfermedades, todo eso debe incluirse en la ecuación.
7) El autorrefuerzo es algo que puede influir en la planificación-decisión, con base en repertorios previamente aprendidos; y
8) La estimulación suplementaria en la forma de asociaciones fortuitas con diversos elementos del ambiente (incluyendo la publicidad subliminal) también eleva la probabilidad de que cierto tipo de respuesta pueda aparecer.
El orden establecido en los puntos anteriores no es necesariamente inclusivo, ni tampoco está elaborado en razón de prioridades. Sólo he pretendido enlistar las posibilidades de consideración. Podrían darse muchos más ejemplos distintos en cada categoría. La complejidad del asunto rebasa con mucho los esquemas.

jueves, 2 de febrero de 2012

¿QUÉ ES CONDUCTA?

Un fragmento del artículo de Esteve Freixa i Baqué (2003) ¿Qué es conducta? aparecido en la Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, 3(3), 595-613; explica de manera muy didáctica este concepto tan malentendido y/o frecuentemente tergiversado, tal como lo entendemos los conductistas radicales:
“Existen conductas visibles a las que podemos llamar manifiestas y conductas escondidas a las que podemos llamar “mentales”, pero ambas son conductas con todas las de la ley; no considerarlas así a causa de su diferencia de accesibilidad, suponer que sólo son conductas las primeras, creando así una categoría diferente para las segundas, añadiendo, para postre, una relación causal entre ambas, constituye, ni más ni menos, un magnífico error de categorización. La analogía siguiente debería acabar de poner en evidencia nuestra posición. Se trata de la analogía con los icebergs. Un iceberg es una masa de hielo a la deriva sobre el océano que presenta, en virtud de las leyes de la Física, una parte visible y una parte escondida. A nadie se le ocurriría considerar que el iceberg es solamente su parte visible, que su parte escondida pertenece a otra categoría de fenómenos y, todavía menos, considerar que la parte oculta constituye “la causa” de la parte visible. El iceberg es el conjunto, la suma de la parte visible y de la parte escondida; el hecho de que esté dividido en dos partes por la frontera de la línea de flotación no tiene el poder de generar dos fenómenos diferentes. Del mismo modo, la conducta es el conjunto, la suma de la parte manifiesta y de la parte “mental”, y el hecho de que esté dividida en dos por la frontera de la piel no tiene el poder de generar dos fenómenos diferentes. Así, las llamadas funciones “mentales” o procesos cognitivos, lejos de ser las causas de la conducta, son conductas en sí mismas, conductas que antes de haber sido interiorizadas, transformadas en “mentales”, eran auténticas conductas motoras, públicas, manifiestas, externas. En otras palabras, los procesos “mentales” no forman parte de la explicación, sino de lo que debe ser explicado. Es ahí donde la visión tradicional, tanto de la gente de la calle, como de los psicólogos cognitivistas, se revela incorrecta.
En efecto, al interrumpir la cadena explicativa de la conducta en el eslabón de lo “mental” se tiene la impresión de haber dado una explicación, cuando lo que se hace no es más que retrasar la solución del problema. Decir que el alumno ha podido responder correctamente a la pregunta que se le hizo porque ha efectuado un cálculo mental correcto no supone avanzar en lo más mínimo, pues aún hay que explicar por qué ha realizado un cálculo mental correcto. La explicación cognitiva, abortando con una respuesta que parece satisfactoria la búsqueda de la explicación, interrumpe la cadena causal en un eslabón intermedio e impide proseguir en el camino del establecimiento de la causa primera, la que realmente nos interesa. Esto se parece mucho al razonamiento de los niños que responden a la pregunta: “¿De dónde vienen los pollos?” diciendo: “del supermercado”; y que cuando nos oyen quejarnos de que no tenemos suficiente dinero para terminar el mes nos dicen que vayamos a buscarlo al cajero automático de nuestro banco. Ignoran que los pollos no son producidos por los supermercados y que el dinero no aterriza en el banco si antes uno no lo ha ganado con su trabajo.
Interrumpir la explicación de la conducta manifiesta en la acción de la conducta no observable equivale a explicar la parte visible del iceberg por su parte sumergida, olvidando que las dos deben ser explicadas en términos de temperatura, densidad, etc. que son las verdaderas causas del fenómeno que nosotros llamamos iceberg.
Lejos de contentarse pues con estas pseudo-explicaciones de medio recorrido (preñadas, por ende, de errores categoriales), el conductismo se vuelve hacia el ambiente, fuente última (o primera; depende de cómo se consideren las cosas) de las conductas, tanto públicas como privadas, según una relación de interacción que no tiene nada que ver con el célebre esquema (unidireccional, mecanicista y reduccionista) estímulo-respuesta, en el que sus detractores han querido siempre encerrar al conductismo para poder criticarlo mejor”. (pp. 600-602).