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martes, 22 de febrero de 2022

¿EN QUÉ PARTE DEL ESPECTRO IDEOPOLÍTICO SE PODRÍA UBICAR A SKINNER? UN ANÁLISIS CONCEPTUAL

¿EN QUÉ PARTE DEL ESPECTRO IDEOPOLÍTICO
SE PODRÍA UBICAR A SKINNER? UN ANÁLISIS CONCEPTUAL

William Montgomery Urday

En este artículo se aborda el problema de la posible identificación del principal propugnador del conductismo radical, B. F. Skinner, con alguna ideología política en particular. Para llevar a cabo el análisis se consideraron tres orientaciones ideopolíticas y sus respectivas variantes: anarquismo individualista y colectivista, liberalismo clásico y moderno, y socialismo revolucionario y evolucionista; que fueron confrontadas de manera conceptual con las ideas de Skinner sobre la naturaleza humana, la libertad, la igualdad, la democracia, la perspectiva de sociedad, la idea de autoridad y la economía; obteniéndose una síntesis de las coincidencias que señala una influencia predominante en primer lugar del anarquismo colectivista. Complementariamente se utilizaron los reactivos del test de Nolan para ubicar tales ideas en el espectro ideopolítico, que, según el resultado, estarían inclinadas ligeramente hacia la “centro-izquierda”. Al final, se reflexiona críticamente sobre este último punto y sus repercusiones posibles frente a la disyuntiva entre la libertad individual y la convivencia colectiva.

Palabras Clave: Conductismo radical, anarquismo, ideología, política, liberalismo, socialismo.

 https://revistarevoluciones.com/index.php/rr/article/view/84/149

https://drive.google.com/file/d/1-jCzL2Fpie9mwiZAMt6yCHnFXpFeEwC9/view 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Conductismo, libertad y liberalismo: Desencuentros históricos y posibilidades de conciliación filosófica, política y económica

Conductismo, libertad y liberalismo: Desencuentros históricos y posibilidades de conciliación filosófica, política y económica  

William Montgomery Urday

https://revistateoriaypractica.com/index.php/rtyp/article/view/51/47

Behaviorism, liberty and liberalism: historical misunderstandings and 

possibilities for philosophical, political and economic reconciliation 
                                        
                                  
                                                  RESUMEN
 
La presente aproximación enfoca el desencuentro histórico del conductismo radical con el constructo de libertad y con las corrientes liberales (igualitaria y libertaria) que, a nivel filosófico, político y económico, han considerado la autodeterminación del individuo como un aspecto central de la existencia. En esa línea se aborda en primer lugar la contraposición entre deterministas e indeterministas, y la postura de aparente negación de la libertad que el conductismo adoptó en ella, acarreándose la crítica de los sectores opuestos. Seguidamente, se discuten los temas derivados de esa contraposición en los planos filosófico, político y económico, con base en textos de autores conductistas y teóricos liberales de diversas tendencias. Se concluye en general que tanto el conductismo como el liberalismo, cada cual en sus propios campos de acción, auspician contingencias en favor del bienestar ciudadano a partir de una visión hasta cierto punto compatible. Skinner, en particular, a nivel práctico parece estar cerca de la opción del liberalismo igualitario.

lunes, 2 de septiembre de 2019

¿LOS CONDUCTISTAS “DEBERÍAN SER” DE “IZQUIERDA”?



Hace poco ví un post de un amigo de FB sorprendiéndose de que el desaparecido J. G. Holland, un colaborador cercano de Skinner y distinguido ecologista, fuera “comunista”. Lo cierto es que no es el único. De hecho, al menos en mi experiencia, he visto más psicólogos de orientación conductual que muestran puntos de vista ideopolíticos cercanos a la izquierda moderada, y algunos a la radical, que conductistas libertarios o de derecha. Si vamos a los grandes referentes, sin ir muy lejos, basta leer pasajes enteros de algunos libros de Ribes y algunos de sus colaboradores para captar su tendencia. El Dr. Marino Pérez también la exhibe indirectamente con sus críticas hacia lo que llama “neoliberalismo” (1), y así, podríamos señalar a diez referentes más de importancia…
Yo mismo, que soy conductista declarado desde los veintitantos años, fui militante de dos partidos de izquierda y marxista convencido, tanto es así que a fines de los 80s del siglo pasado escribí dos artículos para una revista estudiantil defendiendo el “marxoconductismo”, y otros tantos de coyuntura en periódicos afines a mi postura, en algún momento pro-trotskista. Años después, la experiencia y más lectura de la que tenía entonces, me hicieron dar un giro de 180° y ahora soy libertario (que no es ser “de derecha”, como les consta a quienes saben de esto [2]).
 Considero lógico que un conductista opte por creer inicialmente que ser de izquierda es compatible con su militancia académica, por tres razones, una afectiva, otra personal y otra académicamente doctrinaria:
 ·                  ⇛ A nivel afectivo, como todo ex-estudiante y aspirante a trabajador intelectual, tiene, por un lado, ideales utópicos acerca de la mejora social propios de su etapa juvenil y del modelamiento a que se le somete en la universidad (tradicionalmente dominada de manera casi totalitaria por ideas de izquierda); y por otro, siendo su profesión una que definitivamente está en el “escalafón comercial” por debajo de las recompensas que la sociedad reserva a otras profesiones, incluso oficios, que requieren menos estudio y esfuerzo para conseguir consecuencias benéficas, siente que “el sistema consumista” no valora el trabajo que desempeña (Robert Nozick y Bertrand De Jouvenel han explicado bien este proceso de frustración que lleva al intelectual promedio a rechazar el capitalismo), y, vulnerable a otras ofertas, presta oídos a las vagas promesas mesiánicas de un “socialismo justo y equitativo” que “viene a rectificar el rumbo de la historia”, y a combatir tamaña injusticia con el lema de que “otro mundo es posible”.
 ·                  ⇛ A nivel personal, aquel que no ha profundizado en la teoría e historia políticas, ni tampoco en economía, tiende a simplificar los indicios superficiales que percibe de ellas. En este sentido, mezcla sus pareceres personales con lo que cree que supuestamente sostienen corrientes que, en realidad, no entiende. Así, lecturas parcializadas y mucho más “a mano” sobre estos campos (como las marxistas) le dan seguridad, porque refuerzan su inclinación a simplificar con ese sentido común que ha aprendido en una sociedad que deifica la bondad y la igualdad en abstracto, lo que sus contradictores argumentan con cierta complejidad. Desgraciadamente, esas lecturas parcializadas no las complementa el iniciado con fuentes originales que digan lo contrario a ellas (por ejemplo las de ideólogos liberales ni menos las de textos técnicos), lo que balancea la opinión del diletante a un solo lado: el “socialista”. Es más, como él, en caso de revisarlas, opera con un criterio ya formado, difícilmente va más allá de sacar de allí una que otra cita o dato fuera de contexto que le confirme sus prevenciones, terminando por reforzar más bien lo que ya pensaba con base en sus lecturas simplificadoras anteriores. Se trata del conocido efecto de “sesgo cognitivo” que han estudiado, entre otros, Kahneman y Tversky.
 ·                   ⇛A nivel académicamente doctrinario, el determinismo, el empirismo y la búsqueda de control individual y comunitario de que hace gala el movimiento conductual en sus postulados parece, a primera vista, ser compatible con ideas de corte socialista. Por ejemplo, los marxistas subrayan la primacía de las relaciones sociales sobre la esencia humana (determinismo), y la práctica como criterio de verdad (empirismo). La búsqueda de control individual y comunitario parece coincidir con el intento socialista de implantar un desarrollo socioeconómico planificado, y así hay otras aparentes coincidencias consideradas “científicas”. En cambio, también desde una perspectiva superficial, los alegatos a favor de la “libertad” y la acción humana como inherentes al derecho de la persona que hacen los ideólogos liberales, parecen contrariar al conductismo. Es más, algunos de ellos, como Von Mises y Rand, han criticado abiertamente a Skinner justo por creer que éste va contra la libertad (3).
¿Qué decir respecto de todo esto? 
En primer lugar, más allá de la jerga técnica que se usa en cada disciplina (la mayoría de filósofos e ideólogos liberales tienen un manejo brillante de conceptos y principios económicos, pero no saben nada de psicología científica), hay que interpretar el sentido de lo que sostienen una u otra. El liberalismo y el conductismo son, cada cual en su plano, FILOSOFÍAS ESPECIALES de sus respectivas disciplinas, y cuentan con caudales metodológicos y tecnológicos para conseguir información y aplicarla a sus campos de estudio a través del empleo de LEYES. El liberalismo en economía busca, en realidad, lo mismo que el conductismo en psicología: disponer contingencias eficientes y perfectibles para que los individuos se sientan mejor, rindan mejor y se relacionen mejor con sus semejantes (4). 
El mismo concepto de “libertad” que utiliza Skinner es el de los liberales: la “libertad negativa” (formulada por el ideólogo liberal Isaiah Berlin), o sea la ausencia de restricción inmediata sobre el comportamiento, identificada, además, con una sociedad guiada por reforzamiento positivo. Es decir, algo totalmente opuesto a la ambición socialista de reglamentar y dominar todos los aspectos de la vida humana por medio de la obligación (que hace que haya tan alta tasa de escape en los países donde se ha implantado ese control aversivo). Una derivación de semejante estado de cosas en un ordenamiento liberal es la aparición de una MERITOCRACIA capaz de brindar servicios cada vez mejores a la sociedad, a cambio de recibir las recompensas que la naturaleza humana requiere: mayor reconocimiento, mayor retribución económica y/o mayor ascenso social o laboral al miembro de la comunidad que más aporte. En el socialismo, la única “meritocracia” suele ser la del más fiel seguidor del partido único para subir en el escalafón de privilegios.
Hay una cercanía filosóficamente pragmática entre liberalismo y conductismo, puesto que ambos apelan a la perfectibilidad de sus respectivas propuestas anclándose en la experimentación constante (otra forma de sustentar que “la práctica es el criterio de verdad”), para aplicar sus ordenamientos de contingencias. Esto se opone al tan manido expediente de fijar formas rígidas de funcionamiento social solo porque a algunos “iluminados” enquistados en el Estado les parece necesario.
 Para concluir, me parece que un conductista no debería ser de “izquierda” ni de derecha”, porque ninguna de las dos opciones es congruente con una postura moral ni científica. Creo que sí lo es el libertarismo bien entendido como opción vital, pero no me atrevería a recomendar a ningún conductista que se haga ideopolíticamente liberal, sino que se informe adecuadamente de esos temas sin apasionamiento dogmático. Tengo dos lemas: Vos vestros servate, meos mihi linquite mores (“sigue tu camino, que yo seguiré el mío”) y experientia est optima rerum magistra (“la experiencia es la mejor de las maestras”).

NOTAS
 (1)     Con el mote de “neoliberalismo” se acostumbra llamar a una forma de keinesianismo mercantilista muy distinto del liberalismo clásico (aunque es el que predomina en el mundo actual); vale decir, un sistema de mercado con fuerte direccionismo y planificación estatal, y, por lo tanto, dispensador de prebendas clientelistas a los empresarios privados que cumplen con ciertas condiciones de beneficio para el Poder de turno. Así, se parece más a un ordenamiento socialdemócrata que a uno capitalista.
 (2)     Hay importantes diferencias dentro del liberalismo: libertarios, minarquistas y anarco-capitalistas, pero en ningún caso son equivalentes a “conservadurismo”, aunque en términos de defensa política de ciertas libertades económicas éste último pueda plegarse tácticamente a las tesis liberales. Por ejemplo, un libertario sí está a favor de un ecologismo razonable, de los derechos LGTBI y al aborto, del internacionalismo, de la irrestricta igualdad ante la Ley, etcétera; cosas que le parecen preocupantes a un conservador.
 (3)     Ciertamente, se pueden encontrar algunas ambigüedades skinnerianas en su concepción respecto a la libertad y la democracia. En cierto modo, su visión se parece a la de Platón, para quien el gobierno de los ilustrados sería el más conveniente. Esto, sin embargo, no acercaría a Skinner al socialismo sino al fascismo, aunque ambos sean muy parecidos en su metodología y resultados.
 (4)     Como ejemplo de contingencias disposicionales, los precios de los productos no se fijan por voluntad del Poder dominante, del Jefe de Estado ni del productor, ni por los costos de producción, sino por el interjuego de elecciones entre los consumidores en relación con la ley de utilidad marginal. Otro ejemplo son los contrapesos de lo que se llama “Estado de Derecho”, que buscan garantizar una justicia al margen de la voluntad de un grupo o individuo poderosos.

lunes, 23 de noviembre de 2015

viernes, 9 de mayo de 2014

¿Por qué somos como somos?

Compartiendo esta versión online del diario "La Nueva España" (07.04.2014), donde el Dr. Marino Pérez-Álvarez desarrolla su visión del papel de los genes y de la cultura sobre el surgimiento de lo humano.

¿Por qué somos como somos? Los tres componentes de una vida
Una reflexión sobre la importancia de lo que uno quiere ser, las circunstancias que uno encuentra, entre ellas la tecnología, y el azar
(07.04.2014)

Por Marino Pérez-Álvarez

La pregunta tiene dos niveles. Uno se refiere a qué nos hace humanos respecto de los animales y el otro a qué hace que cada uno sea como es. En ambos casos, se suele responder diciendo que es debido al cerebro o a los genes. Respuestas de este tipo se encuentran ya en los títulos de importantes libros cuando dicen que somos el cerebro o se preguntan qué nos hace humanos, para concluir que el cerebro y los genes.
Ni en las estrellas ni en los genes está escrito como somos. Sin embargo, ni en las estrellas, ni en los genes, ni tampoco en el cerebro, está escrito nuestro modo de ser. Nuestra estructura anatómica, como organismo, está determinada por el genoma. Pero otra cosa es la persona humana, con su civilización y cultura y con sus particulares formas de ser. Lo humano está en las instituciones sociales: sistemas que organizan el funcionamiento de la sociedad, anteriores a cada individuo. El mundo ya está funcionando cuando nosotros aparecemos en escena.
Sea por caso la escritura, uno de los inventos que más ha transformado la historia humana. Aprender a leer supone también una revolución en la vida de un niño. Sin embargo, la escritura no está codificada en los genes, ni en el cerebro. Data de hace unos 6.000 años, cuando el cerebro y el genoma humano ya eran para el caso como son hoy, desde miles de años antes. Si la escritura desapareciera de la faz de la tierra, ningún cerebro de un recién nacido la crearía. Ni siquiera es pensable que bebés dejados en una isla produjeran una lengua, más que una mezcla de balbuceo y signos. ¿Cuántos miles de años serían necesarios para que se desarrollara alguna lengua que hoy los niños aprenden con la facilidad como respiran? ¿O un sistema de escritura que hoy los niños aprenden en unas 2.000 horas? La escritura no está codificada en los genes ni almacenada en el cerebro, pero su aprendizaje supone una gran transformación del cerebro gracias a su plasticidad.
Así, pues, lo que nos hace humanos es la cultura y la educación socialmente instituidas, una especie de sobrenaturaleza o noosfera que envuelve a la bioesfera, hoy más que nunca a través de internet. Por eso decía Ortega que el hombre no tiene naturaleza, sino historia. Aclarado esto, ¿cuáles son los tres componentes de la vida, anunciados en el título. Son, de acuerdo con Ortega: el proyecto de la vida, las circunstancias y el azar. El proyecto o vocación se refiere a lo que uno quiere ser. Las circunstancias son las condiciones que uno encuentra, que favorecen y dificultan lo que uno quiere ser. El azar no es otro que la casualidad: sucesos afortunados e infortunados que tejen y destejen la vida.
La vida como proyecto: siempre más allá. Uno es ante todo lo que quiere ser: no porque sea lo que quiera ser (como a veces frívolamente se dice a la gente), sino porque lo que quiere es lo que mejor define lo que es. Pero, aquí se da una paradoja: lo que se quiere ser, todavía no es, de manera que uno es lo que no es, algo que está por ser. Somos lo que todavía no somos y para más paradoja, nunca llegaremos a ser del todo, como para decir, hasta aquí hemos llegado y ya está acabada la vida. Continuamente se nos abre el horizonte, más allá de lo visto y aun de lo soñado. Si alcanzamos nuestras metas, estas nos resitúan en otro horizonte de posibilidades. La vida se hace y deshace en el tiempo. Puede que en algunas edades se tenga la experiencia de "eternidad", como si todo durara y volviera una y otra vez (comienzos de curso, vacaciones), pero vendrán otras edades en las que todo va muy deprisa, sintiéndote tragado por el tiempo.
Ya de niños queremos ser algo y aun muchas cosas y, a veces, para siempre. Cuando uno no tiene proyecto o no sabe qué quiere o, peor, no quiere ser nada, su vida, literalmente, no tiene sentido, es decir, no tiene dirección ni significado. Cuando no vas a ningún sitio, puede que todos los vientos te favorezcan, pero también es cierto que estás a la deriva, sin rumbo. Los problemas psicológicos consisten, muy a menudo, en la pérdida o crisis de sentido, por lo que no se arreglan con pastillas.
Siendo la vida proyecto, se pueden sacar dos conclusiones prácticas. Una es que nuestra vida está proyectada hacia adelante, lo que implica esfuerzo y espera, sin medirlo todo por la satisfacción inmediata. Otra es que el sentido de la vida está más allá de uno mismo, sobre un horizonte de valores, no dentro de uno, como a menudo la peor literatura de autoayuda nos hace creer.
Las circunstancias: facilidades y dificultades. El proyecto de nuestra vida siempre se da en alguna circunstancia (momento histórico, sociedad, familia). El yo y la persona que uno es dependen de la circunstancia que a uno le toca vivir. Yo soy yo y mi circunstancia, dice Ortega. La circunstancia o circunstancias en plural establecen las posibilidades y los límites de nuestros proyectos: lo que queremos pero también lo que, de hecho, podemos ser. A este respecto, siempre nos vamos a encontrar con cosas que facilitan y dificultan nuestros proyectos y a veces las mismas cosas hacen lo uno y lo otro. Sea, por caso, la familia: que te ha hecho capaz de ser esto y lo otro y, a la vez, te limita esperando, por ejemplo, que no te vayas lejos. Tienes pareja y esto puede que te dé estabilidad y apoyo, pero también te impide ser más libre (tú mismo) y explorar otras posibilidades. O eres "tú mismo", sin compromisos ni cortapisas, pero acaso ya estás cansado de serlo. Muy a menudo, las cosas de la vida tienen esa ambivalencia entre la servicialidad y la servidumbre.
Lo importante es saber de dónde "salen" las cosas (de otros anteriores), de dónde viene uno (de las circunstancias que le tocaron) y dónde va (lo que depende de lo que sabe hacer y del esfuerzo que vaya a poner en juego), para que no le pase como a la paloma de Kant: que despotricaba contra el viento porque le impedía ir más deprisa, el mismo que le permitía volar. Lo cierto es también que los vientos y las corrientes no siempre van a favor, sino que uno tendrá que bregar y remar contra-corriente. El curso de la vida, cuando uno quiere ser algo y va alguna parte, requiere, frecuentemente, lo que llamaba Platón una "segunda navegación", consistente en navegar a remo, cuando la "primera navegación", a favor del viento, no basta.
Una segunda navegación se refiere, también, a pensar con criterio y discernimiento acerca de lo que nos viene dado, en vez de recibirlo acríticamente. Reducir nuestra valoración de las cosas a "me gusta", o no, es uno de los mayores entontecimientos de nuestro tiempo. Una característica de la época actual es la tecnología, para los jóvenes, ya tan natural como el agua para los peces y el aire para los pájaros. Sin embargo, la tecnología debiera hacernos pensar. Por lo pronto, tiene esa ambivalencia señalada: entre servir como herramienta y pervertir nuestra vida. Así, por ejemplo, la continua comunicación que facilita la tecnología está convirtiendo la conversación en mera conexión y la amistad en "montón" de amigos, por no hablar del empobrecimiento del lenguaje y del pensamiento. No es lo mismo estar conectado y recibir-y-enviar mensajes que mantener una conversación cara-a-cara. La falta de conversar, además de trivializar la comunicación ("lost in communication"), merma la reflexión, la cual se aprende hablando con otros. Es difícil hacer algo, más que meramente estar conectado, con 2.000 amigos. Uno puede tener mogollón de amigos, pero una chica que tenía 600 murió en un hospital sin que nadie fuera a visitarla.
La continua conexión supone la incomunicación con los que se tiene al lado, lo que da lugar a ese extraño paisaje en el que todos están "solos juntos", sea una pareja de novios o un grupo de amigos. Hasta en una cena de gente frisando los cincuenta, llegará un momento en el que todos saquen el móvil. Parece que cada uno estuviera en una burbuja, desconectado del entorno inmediato y, acaso, riendo con algo que está escuchando, como diciendo ¿no veis lo feliz que estoy al margen de lo que pasa aquí? La gente-conectada parece más a un piloto equipado con cascos, gafas, móvil, mochila, que propiamente un peatón.
El continuo estar-enchufado está creando la habilidad para poner un ojo en lo que pasa aquí (en clase, con amigos) y, a la vez, teclear un mensaje. Se trata de una habilidad que, en realidad, incapacita para estar en lo que estás: solo atendiendo a las migajas que te interesan, incapaz de seguir una conversación, un discurso o un razonamiento. Dejando aparte que internet convierte a muchos en surfistas de la información (deslizándose por la superficie de las cosas), lejos del buceo que requiere el conocimiento de algo, ¿qué decir de Facebook y Twitter, que tal parecen herramientas diseñadas para el exhibicionismo y el narcisismo? ¿No se pierde algo de las emociones convertidas en emoticones, descontextualizados y esterilizados del contacto personal y del lenguaje natural? El amor en tiempos de Siri, la aplicación de Apple que te "entiende lo que dices y sabe lo que quieres", ¿no puede llevar a considerar a los demás por lo que nos sirven y se ajustan a nosotros, cual sistemas operativos inteligentes, como "Ella", "Her", obviando la realidad de la vida?
Una circunstancia que no ayuda a una segunda navegación para pensar el presente, más allá de su recepción acrítica, es la filosofía menguante en bachiller. La filosofía, lejos de estar suplida por las ciencias, de acuerdo con Gustavo Bueno, es un saber de segundo grado, cuyos problemas y preocupaciones surgen de los saberes de primer grado dados precisamente por las ciencias y la tecnología. La filosofía no es de letras ni de ciencias, sino transversal, capacitadora para pensar cualquiera que sea la especialidad de uno.
El azar, que también hay que asumir. El azar constituye nuestras vidas, desde las pequeñas casualidades a los golpes de suerte e infortunios. Incluso la vida en la Tierra es un azar: un "error metafísico de la materia", dice Pessoa. Por su parte, las predicciones del futuro son las más difíciles, de modo que nadie sabe qué "cisnes negros" van a aparecer que transformen nuestras vidas. Las tecnologías que ahora pueblan la vida cotidiana (internet, móvil) no fueron predichas, cuando ahora parecen tan necesarias como el oxígeno.
La vida de cada cual está compuesta de casualidades (los amigos surgidos del pupitre donde te tocó por el apellido, como conociste a alguien) que terminan por ser causalidades de que las cosas sean de una manera y no de otra, abriendo una puertas y cerrando otras.
La incertidumbre produce ansiedad y queremos estar seguros de todo y tenerlo todo asegurado pero, afortunadamente, la vida no responde a un algoritmo. Si lo hiciera, sería como vivir el guión de una película: como aquel "Atrapado en el tiempo" o "El show de Truman".
El azar es algo que tenemos que asumir deportivamente (como un balón en el poste que puede ser gol o ir fuera), y no solo el azar que nos depare el futuro, sino el que ya forma parte de lo que somos. Acaso, para tener los pies en el suelo, uno mejor empieza por "llegar a ser el que eres": lo que puedes ser de acuerdo a lo que has aprendido y eres capaz de esforzarte, como decía Píndaro a los atletas de las olimpiadas, en vez de creer que puedes ser cualquier cosa con tal de quererlo. Siempre se puede ir más allá, pero sobre la base de lo que eres.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Bases Filosóficas del Análisis de la Conducta

Excelente artículo de Enerio Rodríguez Arias sobre las influencias filosóficas generales que subyacen al conductismo radical. Capítulo tres del libro clásico "Análisis de la Conducta" de Paulo Speller (México: Trillas, 1979).

viernes, 13 de septiembre de 2013

El Surgimiento De La Filosofía Analítica

H. J. Glock es un conocido filósofo alemán que ha trabajado mayormente en la Universidad de Cambridge (Gran Bretaña). Ha publicado varios libros, entre ellos un "diccionario sobre Wittgenstein", y recientemente se le ha traducido ¿Qué es la Filosofía Analítica? (Madrid, Técnos, 2008/2012), una extensión muy erudita del primer capítulo de la obra que figura en la parte de abajo. Dado el peso que tiene la parte pragmática (el llamado "giro lingüístico") de la filosofía analítica en la fundamentación de la epistemología conductista, reporto este documento para los interesados en profundizarla.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cómo Hacer Cosas Con Palabras, de J. L. Austin

J. L. Austin, insigne filósofo analítico, miembro de la Escuela de Oxford, disertó en varias conferencias sobre el modo en el que las palabras son utilizadas en el lenguaje coloquial, tratando de aclarar malentendidos categoriales. Sus eruditas conferencias fueron agrupadas y publicadas en este libro.

viernes, 24 de mayo de 2013

Entrevista a Marino Pérez Álvarez

La revista Temas de Psicoanálisis ha entrevistado en enero de 2013 al Dr. Marino Pérez Álvarez. He aquí el texto de la entrevista, que comienza con las siguientes palabras: 
"Psicólogo clínico y Catedrático de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de Oviedo, Marino Pérez Álvarez (Ese de Calleras, Tineo, Asturias, 1952) se ha definido como conductista radical. Pero su radicalidad, pensamos, va mucho más allá de su conductismo.  Como él mismo explica, su conductismo es radical porque su concepción del conductismo es filosófica y epistemológica, más que metodológica. No adapta el objeto de estudio al método; trata de adaptar el método al objeto de estudio. Y eso de manera total, radical: por eso no excluye las conductas internas –los eventos del mundo interno, subjetivo.  
También es radical porque pone la conducta en el centro de la terapia. Es lo que el individuo hace, o no hace, lo que permite salir de esa situación que es el trastorno. 
Como psicólogo conductista, Marino Pérez Álvarez rompe los tópicos al uso. Para el lector psicoanalista, el conductismo se hace interesante en sus libros, interesante y sorprendente. Para los que tenemos una concepción construccionista y dialéctica del psicoanálisis, que concibe la conducta como relación (Castilla del Pino) y ponemos la experiencia de la relación en el centro de la psicoterapia, es fácil conectar con la reflexión de Marino Pérez Álvarez. A veces cambiando el término de conducta por el de la relación, parece que decimos cosas parecidas". 
Para acceder al contenido completo, pulsar AQUÍ.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Los Conceptos Cognoscitivos y el Problema de la Observabilidad

Dr. Emilio Ribes Iñesta 
Por Emilio Ribes Iñesta


"La psicología, desde el momento mismo en que aplicó procedimientos cuantitativos y experimentales, asumió que las funciones del conocimiento, como conocimiento conciente, eran distintas de las funciones vinculadas a la conducta, relegada a la condición de acción o movimiento. El desarrollo de métodos como la introspección y la postulación de complejos procesos inferidos en el interior del individuo (animal o humano) para explicar sus movimientos o acciones, fueron consecuencia de esta suposición fundacional. En este trabajo deseo mostrar dos cosas: primero, que esta suposición respecto de la diferencia entre conocimiento y acción o conducta, y la primacía del primero sobre la segunda en la explicación psicológica, está basada en un error categorial, error remontable a la fundamentación cartesiana de la existencia del alma a partir de un criterio de conocimiento. Segundo, que todos los actos de conocimiento son comportamiento, pero que no pueden identificarse como acciones aisladas, sino a partir de acciones constitutivas de episodios". (Ver Artículo Completo)

lunes, 27 de agosto de 2012

Características de las Operantes Relacionales

Steven C. Hayes (**)
Por Steven C. Hayes y René M. Quiñonez (*)

RESUMEN

"La teoría de marcos relacionales considera tipos específicos de respuestas relacionales aplicables arbitrariamente como operantes relacionales. Lo cual no requiere suponer nuevos procesos, pero sí pensar las respuestas operantes en términos funcionales. En este artículo se describen algunos aspectos sobre la visión funcional y un método para caracterizar matemáticamente las operantes relacionales". (Ver Artículo Completo)

(*) Excelente artículo que responde técnicamente críticas realizadas a la teoría de los marcos relacionales (conductismo contextualista). Da al comienzo una descripción sintética de algo que aún no parece claro todavía para muchos conductistas: el carácter pragmático de la verdad y de las teorías a la luz filosófica del contextualismo funcional. 
En este sentido, los autores dicen: "El contextualismo asume un mundo, pero cree que todos los organismos, incluyendo los científicos, interactúan en y con éste. Nadie se puede situar fuera del mundo o conocerlo independientemente de los propios prejuicios, historias y propósitos. La verdad es vista pragmáticamente. Tanto los modelos como las teorías son concebidos como herramientas para lograr ciertos propósitos. Si una teoría demuestra su utilidad no quiere decir que refleje (o represente de manera exacta) el mundo, más bien lo que sugiere es su utilidad para lograr propósitos específicos de indagación. Por el contrario, si los propósitos son diferentes, una teoría diferente podría ser útil. Por lo tanto, la verdad siempre es local" (p. 279)
De esta manera, el trabajo teórico en la TMR se liga a la conceptualizacion de la conducta operante en un nuevo sentido: el de las relaciones entre eventos como una actividad psicológica no topográfica, sino interactiva y funcional, dado que las operantes pueden ocurrir en cualquier nivel de organización y complejidad.

(**) Foto proporcionada por el colega Manuel Garayar (Edublogger de Conductista en Perú).

ENLACES DE ENSAYOS, LIBROS E INVESTIGACIONES DE WILLIAM MONTGOMERY URDAY

1.    No son todos. Faltan varios, y también los que han sido borrados por problemas de Copyright o tienen enlaces rotos. 1.       1. http...