jueves 12 de noviembre de 2009

Dos investigaciones que se culminan

Se acaban de publicar online dos investigaciones más a cargo de nuestros equipos en la UNMSM. Aquí pongo los links, el resumen y los datos de la publicación impresa:

Modos de afrontamiento y conducta resiliente en espectadores de violencia entre pares
Revista de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Vol. 12 - N.º 1 - 2009, pp. 153 - 171. ISSN: 1560 - 909X

Se examina la relación entre los modos de afrontamiento y la conducta resiliente en adolescentes espectadores de violencia entre pares en ambientes educativos. Se indaga si los tipos de espectadores reconocidos por la literatura especializada (indiferente, culpabilizado, amoral y prosocial) se diferencian en cuanto a los modos de afrontamiento al estrés en este tipo de situaciones, y si, en promedio, se diferencian en cuanto al grado de resiliencia que manifiestan. Para ello se evaluó una muestra representativa con la Escala de Resiliencia, el Cuestionario de Modos de Afrontamiento y una Escala de Tipo de Espectador de Violencia Entre Pares (TEVP), elaborada por los responsables del estudio. Los datos indican que existen diferencias significativas en ciertos modos de afrontamiento, en la conducta resiliente, y entre ésta y la mayoría de los modos de afrontamiento manifestados por los distintos tipos de espectadores de violencia entre pares. Asimismo, se corrobora que la escala TEVP, elaborada para el presente estudio, es válida y confiable.

Revista de Investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Vol. 12, N.º 1 - 2009, pp. 69 - 82. ISSN: 1560 - 909X

El estudio se realizó en colegios de los conos de Lima Metropolitana, con una muestra de adolescentes y preadolescentes escolares de sexos masculino y femenino, participantes y no participantes en actos violentos. Los instrumentos utilizados se reestructuraron factorialmente, quedando la Escala de Habilidades Sociales (EHS) de Gismero en dos factores: Habilidades para enfrentar situaciones desfavorables y Habilidades para hacer peticiones oportunas, y el Cuestionario de Filosofía de Vida (FV) de Díaz-Guerrero en los factores: Amor adversus Poder (FV1) y el Factor Control Interno adversus Externo (FV2). El resultado muestra una relación baja y positiva entre las variables. En cuanto a la condición de los alumnos sólo se encontró diferencias significativas en FV1, donde los alumnos no violentos orientan su comportamiento por el amor, mientras los violentos por el poder. Los preadolescentes presentan un mejor manejo de las habilidades para hacer peticiones oportunas que los adolescentes. Igualmente su comportamiento se orienta por el amor mientras que los adolescentes por el poder. En cuanto al lugar donde viven los alumnos solo el Factor FV1 muestra diferencias, donde lo predominante en el Cono Centro de la capital es el poder en comparación con los otros sectores.

martes 3 de noviembre de 2009

II Seminario de Psicología Conductual e Interconductual


EL INGRESO ES LIBRE
Para los que deseen certificado el costo es de S/. 10.00 nuevos soles para estudiantes de pre grado y para estudiantes de post grado o profesionales es de S/15.00 nuevos soles, lo cual equivale a 16 horas académicas (1 Crédito Extracurricular). La mesa de pre-inscripciones se encuentra en el patio del Anexo 8 de la UNFV, Facultad de Psicología (Av. Colonial).

domingo 4 de octubre de 2009

ALGO PARA RECORDAR SOBRE "LA TERCERA GENERACIÓN" DE CONDUCTISTAS

El artículo reportado a continuación es el epítome del enfoque de Arthur W. Staats. Es en esta perspectiva (y no en la de los contextualistas, como algunos creen) que se comienza a hablar de "conductismo de tercera generación". La postura de Staats fue progresivamente denominada por él como "conductismo social", "conductismo paradigmático" y finalmente, debido a una sugerencia externa, de "conductismo psicológico".
Para mi gusto, la segunda de las denominaciones (paradigmático) era la más llamativa y adecuada para posicionarse en el "mercado psicológico", pero en fin... al parecer los conductistas nunca hemos demostrado mucho talento para utilizar las herramientas del marketing en beneficio propio, al menos de la manera tan eficiente como si lo saben hacer otros enfoques científicamente menos poderosos, pero sí más atentos a su divulgación masiva.
En esa línea de comportamiento iluso, incluso muchas veces revistas que publican artículos conductistas de gran importancia teórica, los protegen de su copia y difusión a pesar de los años (¿?), como es el caso de este escrito que recomiendo revisar con atención, y que debido a la restricción que tiene no lo he podido subir a scribb para que se difunda como se debe:

Staats, A. W. (1979). El Conductismo Social: Un Fundamento de la Modificación del Comportamiento. Revista Latinoamericana de Psicología. 11(1), 9-46.

La imagen que acompaña este post muestra el aparato de modificación de conducta operante para el aprendizaje infantil de conducta compleja, de Staats, cuyo funcionamiento puede verse descrito en las tres obras más relevantes de dicho autor, y cuentan con traducción al castellano: Aprendizaje, Lenguaje y Cognición (1968/1983), Conductismo Social (1975/1979) y Conducta y Personalidad: Conductismo Psicológico (1996/1997), así como en uno de los clásicos volúmenes de Modificación de Conducta en la Infancia, de B. A. Ashem y E. G. Poser.

sábado 26 de septiembre de 2009

¿PSICOLOGÍA O PSICOLOGÍAS? CONTRA EL MITO DE LA DISCIPLINA UNIFICADA

Llamo la atención sobre el planteamiento de principio que el Dr. Emilio Ribes (2004) presenta en un artículo titulado “¿Es posible unificar los criterios sobre los que se concibe la psicología?”, publicado por la revista Suma Psicológica, 11(1), 9-28. En el dice: «No es correcto... hablar de “la” psicología, aludiendo a una disciplina ideal con propósitos, medios y fines compartidos por todos aquellos que la practican. Nos enfrentamos, más bien, a un conjunto diverso, más o menos inconmensurable, de “psicologías” que, lamentablemente, sólo comparten el nombre. En sentido estricto, deberíamos hablar de “las psicologías”, asumiendo sus diferencias irreconciliables, o cuando menos evidentes, en cuanto a objeto, método y aplicaciones del conocimiento. La así llamada psicología constituye, en realidad, un pluralismo disciplinar no reconocido, cuya forma de existencia es el mito de una disciplina unificada... » (p. 11).
Aun cuando sí defiendo la posibilidad de una unificación futura sobre la base de ciertas condiciones paradigmáticas (cosa que he discutido en un escrito anterior, véase el capítulo 1 del libro Psicología: Tópicos de Actualidad (pp. 9-24), debo aceptar la justeza de las expresiones de Ribes.
Hay quienes soslayan este tema porque se afanan en escribir la historia sólo desde la perspectiva que ellos mismos se han construido. Vale decir los ya conocidos y repetidos argumentos de la “evolución histórica” de la psicología en términos del conductismo al cognitivismo, de la cuantitatividad a la cualitatividad y del mecanicismo al enfoque de sistemas. Anclados en dicha óptica, muchos profesionales se juntan en asociaciones internacionales para promocionarla, aprovechando la ingenuidad seguidista de una parte del estudiantado, y también de los poco leídos. Estos “militantes” hacen a un lado la diversidad de opiniones teóricas fundamentadas bajo otro tipo de supuestos, acallando condescendientemente todo lo que no comparten bajo un grupo de clichés bien conocidos: “Estás desactualizado”, “mira la literatura que hay actualmente” (claro, su literatura, la única que ellos leen, la demás no la conocen o la evitan).

MECANISMOS DE COPAMIENTO

La estrategia de copamiento asume diversas formas, desde la publicación de obras supuestamente “introductorias” que dan “una visión imparcial” de la disciplina (hace unos años asistimos a una ofensiva profusa de constructivistas que lanzaron libros de epistemología y de historia de la psicología en español, logrando posicionar un “panorama general” favorable a su postura), hasta puestos claves en cursos universitarios, o premiaciones a personajes "modelo" internacionales de la tendencia afín que se presentan nimbados con el halo de la sobresaliente labor. Pero la mejor de todas esas estrategias es, paradójicamente, el solapamiento de todas esas actividades bajo la apariencia democrática (“si hay más seguidores de una orientación, pues no tenemos la culpa”), y del mito de la psicología como una disciplina única (“todos somos psicólogos y la psicología es una sola”).

LA ESPECIALIZACIÓN

En todo ello, el asunto de la especialización juega un papel distractor: en reuniones académicas (conferencias magistrales, seminarios, clases), donde muchas veces se tocan los temas de una manera tal que toquen la fibra “practicista” del auditorio, sin ir directamente al grano. Así, se meten de contrabando ideologías y teorías mentalistas mezcladas entre la exposición de métodos y aplicaciones objetivas para tratar o investigar tal o cual cosa, como si fuese lo más natural, acostumbrando a los escuchas a un fárrago descuidadamente ecléctico. De esa manera contribuyen a sembrar la ilusión de una disciplina unificada en la cual sólo unos cuantos “desactualizados” no quieren alinearse por ignorancia ¡Y vaya que esas astucias hasta ahora vienen teniendo éxito!

¿QUÉ HAY QUE HACER?

La realidad es que actualmente hay una convivencia multiparadigmática. Lo que para algunos es “información actualizada” para otros es antigua, y lo que para algunos es verdad evidente para otros es un disparate. Todo depende del punto de vista de que se parta y de la historia particular de cada enfoque. La mejor actitud para enfrentar esa situación por el momento es la de la tolerancia mutua, y el respeto por los desarrollos ajenos. Hay que desterrar la vieja costumbre de etiquetar al “competidor” con rótulos de fácil administración tergiversando o interpretando desde otros supuestos lo que sostiene, y de autopresentarse como “lo último” o “lo mejor” en métodos o aplicaciones (salvo en los casos en que sí haya una investigación comparativa certificada por entidades autorizadas). Tampoco es saludable ni ético apropiarse de productos técnicos generados con otra lógica teórica para cambiarles de nombre y presentarlos como productos propios del enfoque promocionado por los “piratas” (las técnicas de condicionamiento encubierto y la psiconeuroinmunología, por ejemplo, suelen ser motivo de este tipo de falsificaciones, como otrora lo fueron la primera psicolingüística, la tecnología educativa y las aplicaciones conductuales comunitarias).
No hay una sino varias psicologías, cada una es como un árbol que a su vez se ramifica y va interrelacionándose con sus propias ramas, así como con ramas del árbol ajeno, pero sin llegar a compartir sus raíces. Eso es lo que hay que reconocer. No deben reforzarse las tendencias a describir enfoques ajenos desde la propia perspectiva, sino dejar que los propios cultores de un enfoque sean los que hablen sobre él. No caben los libros “de introducción” ni los cursos generales “de marco propedéutico” que no sean colegiados, es decir con grupos de profesores de cada una de las orientaciones psicológicas que pretenden ser expuestas.
Adicionalmente, no se puede abandonar el supremo objetivo de unificar finalmente la disciplina, pero sobre la base de una discusión que relieve las semejanzas, no las diferencias. Salus populi suprema lex.

martes 11 de agosto de 2009

NUEVOS ENLACES CONDUCTUALES

Hace poco he subido a internet nuevos materiales de consulta para uso del curso universitario que dicto este semestre. Se trata de los siguientes textos:

Cuestiones Eticas (Cap. 29 del libro Modificación de Conducta de Martin y Pear)
Psicometría Socioconductual (Cap. 12 del libro Conductismo Social de A. W. Staats)
Tanto el primero como el segundo son contribuciones de extraordinaria relevancia en los rubros que tocan. Progresivamente iré subiendo otros capítulos del citado libro de Staats.
Asimismo, también he colgado:
Construyendo Programas de Conducta (Cap. 8 del libro El Quehacer Conductista, Hoy)
Por último, subí el syllabus de mi curso y la primera clase en power point.
Todo esto en el entendido de que el signo de la época es la publicación virtual, y se requiere una vasta campaña de difusión del enfoque conductual en sus diversas variantes por parte de los propios conductistas, para evitar la desinformación tan ampliamente sembrada por gente extraña al paradigma.
Por ello, también es de relievar la excelente iniciativa de poner en la red los libros "Aprender a Leer" y "Psicologìa Educativa" del colega Julio Varela a través de la página de Autismo ABA.

miércoles 22 de julio de 2009

MI CEREBRO ESTÁ HARTO DE QUE LE HABLEN DEL CEREBRO

Recorriendo páginas que contienen vídeos de documentales científicos, me percato del impresionante fetichismo que hoy en día campea a sus anchas en el ámbito académico, como otrora El Cid lo hacía sobre las llanuras de Castilla.
En efecto, en dichos documentales, muy frecuentemente de factura médica, se ven títulos como estos:
“Aprendizaje y cerebro”, “alcohol y cerebro”, “cerebro y adolescencia”, “el cerebro de Einstein”, “cerebro humano”, “el cerebro nos engaña”, “cerebro y supervivencia”, “cerebro y lenguaje”, “cerebro y diferencias de género”, “baile y cerebro”, “el cerebro adictivo”, “cerebro y procesos cognitivos”, “cerebro e inteligencia”, “cerebro y emociones”, “cerebro y estrés”, “cerebro y sociedad”, “cerebro consciente e inconsciente”, “cerebro y atención”, “cerebro y contacto físico”, “la vida secreta del cerebro”, “cerebro y arte”, “cerebro y musica”, “la moral está en el cerebro”, “tiempo y cerebro”, “el cerebro de Mozart”, etc., etc., etc., como decía el Rey de Siam interpretado por Yul Brynner.
En todos ellos el rollo discursivo parece ser sustancialmente el mismo: darle a ese órgano privilegiado una categoría de oligarca máximo del comportamiento y demiurgo de la realidad humana, porque resulta que ya no somos nosotros los que tomamos decisiones, hablamos, hacemos, pensamos o sentimos o inventamos, sino “nuestro” cerebro. Si sentimos estrés, “nuestro” cerebro es el que prepara las condiciones para que lo afrontemos, si nos enamoramos, “nuestro” cerebro es el que activa los mecanismos de amor y placer, si nos gusta el baile o somos inteligentes, “nuestro” cerebro es el que nos dota de esas posibilidades, si actuamos de acuerdo o no con la moral, es “nuestro” cerebro el que lo propicia.
Vaya pues, la lista de maravillosas capacidades y taras psicológicas que puede mostrar “el cerebro” es inmensa. Pobre el resto de nuestro cuerpo, pobres nosotros, que sólo somos títeres de esa entidad oligárquica que es “nuestro” cerebro. En suma, ya no somos un individuo con cerebro, sino un cerebro con cuerpo. Al menos, eso es lo que se deduce de tanta publicidad cerebral en los documentales difundidos por el grupo Discovery y otras productoras.
Como no podía ser de otra manera, esta ideología absurda y reduccionista, tan bien apoyada financieramente por los consorcios médicos, se mueve también al interior de la psicología, apoyada por ciertos sectores de orientación cognitiva que predican una filosofía de la mente de tipo “identidad mente-cerebro” (más radical que la tendencia llamada “emergentista”). Lo peor es que muchos simpatizantes de dicha corriente “neurocientífica” han hecho toda una profesión de la denuncia frente al “mecanicismo” del análisis comportamental, como si sostener la hipótesis de una máquina cerebral que actúa por nosotros no fuera a su vez el peor de los mecanicismos.
Es bueno recordar a los “cerebrólogos” que lo “psicológico” no viene implantado como un chip dentro de ninguna estructura cerebral. La mente no es una función corporal, ni hay estructuras o funciones neurales para cada proceso de pensamiento, por la sencilla razón de que la contextualización social que le da origen y desarrollo a un episodio de comportamiento, es irreducible a mera actividad del cerebro, pues consiste de la interacción de múltiples factores intra y extraorgánicos.
No se equivocaba Politzer cuando, en su crítica del materialismo médico, fisiológico o biológico, decía que éste no es sino una respuesta al espiritualismo que se ha vaciado en su mismo molde, nombrando “materia” (o “cerebro”) a lo que ayer se llamaba “espíritu”.
En suma, como seguidor ingenuo de la ideología reduccionista que campea en los documentales pro-cerebrológicos difundidos por canales supuestamente científicos, digo que no yo, sino mi cerebro, está realmente harto de que le hablen del cerebro.

jueves 2 de julio de 2009

¿EL CONDUCTISMO ES DIALÉCTICO?

Uno de los lugares comunes en la crítica externa al conductismo es la raigambre supuestamente “mecanicista” que atribuye a cualquier teoría conductual. No es necesario dar ejemplos, pues la literatura respectiva está llena de esas alusiones, y ni qué decir de las continuas repeticiones orales simplificadas que hacen de ellas muchos profesores y catedráticos de tendencias filosóficas e ideológicas, vinculadas al llamado “progresismo”. Por oposición a esto, lo que se relieva hasta el cansancio es la índole “dialéctica” de ciertas aproximaciones no conductistas.
Como Bunge suele puntualizarlo, más allá de las “definiciones” bastante generales de Hegel, de los clásicos marxistas y del catecismo pro-soviético, no hay registro preciso de aquello que los cultores dialécticos entienden estrictamente por dialéctica, siendo más una connotación metafórica que cubre una gran cantidad de condiciones cualitativas.
Ser dialéctico, en esta postura tercermundista, equivale a exhibir una serie de virtudes relativas tanto al acervo moral y conceptual como al enfoque teórico de base. En breve, a nivel de valores y competencias individuales implicaría por un lado el “compromiso con la emancipación de las clases populares” (en el sentido filo o neomarxista), y, por otro, en lo que podría calificarse de aptitud académica, ser capaz de utilizar un método reflexivo cuasi-intuitivo que permite captar con gran detalle el material analizado y sus diversas formas de desarrollo, descubriendo su entramado estocástico (acciones recíprocas y polaridades entre los elementos) dentro de la estructura total.
Dada la amplia extensión semántica de esta concepción, el rango de los enfoques teóricos considerados “dialécticos” parece indeterminado. Así, se han reclamado tales tanto los adeptos a los enfoques socioculturalistas, genético-constructivistas o post racionalistas y sistémicos, como en menor medida los dinámicos y humanistas. Lo que sí es seguro es el rechazo absoluto que todos ellos tienen respecto al conductismo como algo definitivamente “no-dialéctico”.
Pero ¿eso es realmente así?
La tesis (no exhaustiva) de este post es que, si queremos presentar el conductismo actual con una retórica dialéctica, eso sería extremadamente fácil. Incluso la “mecánica” de su funcionamiento se vería mucho más congruente con las propiedades conceptuales dialécticas que en otros casos teóricos. De hecho, ya he tratado este tema en otros lugares (por ejemplo pulsar 1 , pulsar 2), sin encontrar refutación alguna.
Así, como lo he dicho en esas otras ocasiones (a las que remito para la fundamentación bibliográfica correspondiente), ninguna de las cualidades analíticas atribuidas al método dialéctico es ajena al análisis conductual. Por ejemplo, si hablamos de las funciones “E-R”, éstas sólo son concebibles dentro de un sistema fluctuante de interdependencias entre las variables contingenciales que conforman un episodio de comportamiento, y con referencia a un contexto históricamente demarcado. Igualmente, su nivel de complejidad está determinado no por el carácter de su manifestación real, sino por la apreciación momentánea que el observador hace del tipo de interacción molar o molecular que requiere estudiar.
Técnicamente, un enfoque molar permite que cada clase general de conducta o sistema contingencial pueda ser la referencia para descubrir el orden y finalidad subyacente a la variedad de sus elementos, y servir de herramienta conceptual heurística. Un enfoque molecular, en cambio, implica que cada miembro de una clase conductual pueda ser susceptible de ser analizado exhaustivamente en sus unidades básicas, fraccionadas para el efecto.
En este sentido, el análisis de proceso que se lleva a cabo respecto al objeto de estudio incorpora los eventos discretos (ocurrencias inmediatas en términos paramétricos) como actividades que modifican el aspecto histórico del sistema contingencial, variándolo o confirmándolo en diversos momentos de su dinámica.
Podría hacer muchas otras disquisiciones complementarias a lo dicho, pero lo más “dialéctico” que encuentro en el conductismo es, esencialmente, su planteamiento contextualista de base respecto del objeto de estudio de la disciplina. Éste es uno solo: el comportamiento, una totalidad que comprende tanto aspectos “internos” como “externos”. La conducta como interacción molar o molecular entre el individuo y su entorno involucra en diversos planos tanto lo “subjetivo” como lo “objetivo”: lo cognitivo, lo emotivo, lo volitivo, lo motor y lo fisiológico, entendiendo que todo ello no funciona separadamente, sino que constituyen facetas del mismo ocurrir fenoménico y sujetas a las mismas leyes, lo que hace innecesaria la distinción entre eventos “observables” e “inobservables”.
Que este lenguaje no incorpore más frecuentemente la alusión a la consciencia ni otros términos caros a la terminología “progresista”, no quiere decir que no considere semejantes conceptos inmersos en la noción general de historia interactiva, y no como algo abstracto, pues está claro que se trata de productos social-verbales.
Por último, en el conductismo la relación entre la teoría y la práctica está muy articulada, partiendo de que el conocimiento real del mundo y sus fenómenos se puede lograr a través de sucesivos contactos con los eventos y su transformación. Esto es, mediante el empleo del método experimental y la verificación empírica de los principios y nexos que articulan la realidad. El error de los críticos anti-conductistas radica en achacar a estos procedimientos las falencias de la mecánica pre-relativista, juzgando que simpatiza con la causalidad lineal y necesaria del paradigma laplaceano, cuando para el determinista contemporáneo, como se sabe, la causalidad “necesaria” es reemplazada por la causalidad “legal”. Vale decir, “dados suficientes datos sobre ciertas dimensiones del espacio-tiempo, es posible inferir algo sobre otras similares con una probabilidad razonablemente elevada”. Eso es una concepción estocástica basada en regularidades estadísticas (por ejemplo, la ley del refuerzo).
Existe una multitud más de señalamientos que apuntalan la tesis enunciada. Baste decir que el conductismo en la actualidad presenta varias opciones teóricas que, cada una a su manera, satisfacen a nivel de aptitud académica los rudimentos de una noción dialéctica. Es cuestión de ponerse en su perspectiva, dejando de lado el dogmático arsenal de clichés que obnubila la comprensión de cierto sector de la comunidad psicológica.

lunes 29 de junio de 2009

EL PENSAMIENTO SEGÚN J. B. WATSON

Entre las muchas simplificaciones de las ideas de Watson sobre la psicología y los tópicos que trata, se halla en uno de los primeros lugares el aserto de que el buen John Broadus identificaba el lenguaje con el pensamiento, distinguiendo a éste excelentísimo proceso -¡maravilla de la naturaleza y gloria del género humano!-, con el nada honroso calificativo de “habla subvocal”, lo que parecería igualarnos con los pericos.
Sin duda el propio Watson tiene responsabilidad en el origen de este malentendido, al no ser claro en sus primeros escritos sobre el tema. Pero aquí mostraré que, si bien su concepción de lo que es “pensamiento” es general, organocéntrica, meramente introductoria e incluso mal expresada (“pensemos” que en su época no había mucho de dónde extraer ideas sobre eso), en cambio no llega al primitivismo que se le ha achacado.
La primera vez que Watson se refirió al pensamiento lo hizo en una brevísima nota de pie (la séptima), al final de su célebre manifiesto de 1913 (aquí). Allí señalaba que los procesos de pensamiento podían concebirse en el marco de manifestaciones musculares, tanto las vinculadas al ejercicio abierto de la costumbre de actuar, como, muy especialmente, a los sistemas involucrados en la musculatura de la expresión discursiva (hábitos de pensamiento motor relacionados con la laringe). Parece ser que fue un texto añadido a último momento debido a que en la misma revista iba a salir publicado otro artículo ligado exclusivamente al discurso subvocal, por lo que el contenido del breve comentario debe juzgarse en ese contexto.
Luego, en 1920, volvió más extensamente sobre el punto (aquí), pero, en realidad, añadiendo poco a su concepción fundamental. Concluía que el pensamiento “es un gran proceso verbal” relacionado con la actividad implícita. Pero, ojo: como queda claro al leer el artículo completo, él entendía por “verbal” todo lo concerniente a la capacidad de actuar del organismo como un todo, tanto física como emocionalmente, con miras a la expresión y a la solución de problemas. En otras palabras, a la adaptación al mundo.
Esto lo señaló Watson más clara y sintéticamente en su conocido gran libro de 1924, El Conductismo (quizá el más citado pero el menos leído por los no-conductistas), con las siguientes palabras:
“Deseamos recalcar ahora que siempre que el individuo piensa, toda su organización corporal trabaja (implícitamente)... Parece razonable suponer que en momentos sucesivos el pensamiento puede ser kinestésico, verbal o emocional. Cuando la organización kinestésica está bloqueada o falta, entonces funciona la verbal, si ambas quedan bloqueadas, la organización emocional se torna predominante” (Watson, 1924/1961; pp. 249-250).
Por último, subrayó más su versión al respecto en el apéndice del libro, donde consigna en su exposición polémica contra el inefable McDougall:
“Plantéase ahora una... cuestión que requiere cuidadoso examen: ¿pensamos sólo con palabras? Hoy entiendo que, toda vez que el individuo piensa, trabaja (implícitamente) su total organización corporal, aunque el resultado final consista en una formulación verbal hablada, escrita o expresada subvocalmente... Por consiguiente, pensamos y planeamos con todo el cuerpo. Pero, dado que... la organización verbal, cuando se haya presente en general probablemente predomina sobre la visceral y la manual, solemos decir que el pensar es en su mayor parte verbalización subvocal, siempre que admitamos en seguida que también puede desenvolverse sin palabras” (ib., pp. 297-298).
Creo que este planteamiento de base no está, en buena cuenta, muy lejos del que Skinner presenta en su capítulo sobre el pensamiento de Conducta Verbal (dicho sea de paso, tampoco satisfactorio).
A pesar de estas aclaraciones, Watson quedó marcado para siempre con el estigma del primitivismo teórico sobre el pensamiento. De hecho, en el mismo prólogo a la edición en español hecha por la editorial Paidós de El Conductismo, el Dr. Emilio Mira y López afirmaba directa y peladamente que Watson decía que el pensamiento no era otra cosa que un monólogo implícito o hablarse a sí mismo (ib., p. 14). No hay peor ciego que el que no quiere ver ¿no?
¡Y muchos conductistas también lo creen así! Valga esta reactualización de su verdadera postura para incentivar una lectura más precisa y respetuosa de su obra.

Watson, J. B. (1924/1961). El Conductismo. Buenos Aires: Paidós.

lunes 25 de mayo de 2009

EXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD

En Daylimotion he encontrado un documento audiovisual muy interesante, subido por un colega español (Raúl Spert), que trata sobre el "experimento de la prisión", realizado en los años 70 por el conocido psicólogo conductual-cognitivo Phillip Zimbardo y sus colaboradores, en la Universidad de Stanford.


Los sujetos voluntarios fueron estudiantes que desempeñaron los roles de "guardias" y "prisioneros" en un ambiente preparado para simular una prisión ficticia. El experimento sólo duró una semana antes de ser suspendido por la fuerte carga de insanía sádica que conllevó a los pocos días la relación entre los guardias (convertidos espontáneamente en victimarios), y sus prisioneros (convertidos en víctimas). Esta investigación demuestra, según Zimbardo, que cualquier ser humano puede ser "perverso" si durante el tiempo suficiente forma parte de una estructura contingencial preparada para producir (reforzar inadecuadamente, no castigar, no extinguir, no reforzar alternativas incompatibles) condiciones de maldad o amoralidad.

viernes 15 de mayo de 2009

RECIENTES INVESTIGACIONES EN EL ÁREA CLÍNICA

Un amigo me pregunta por correo privado "en qué he estado" durante los últimos meses. Eso me da la idea de difundir estos artículos de reciente publicación en las revistas de la Facultad de Psicología de la Universidad de San Marcos y del Colegio de Psicólogos del Perú, bajo mi autoría. Dos de ellos (el primero y el último) son de revisión teórica, y el del medio es una investigación empírica realizada compartidamente con el colega Carlos Velásquez y otros colaboradores.

Teoría, investigación y aplicaciones clínicas del autocontrol
Se examina el papel del autocontrol en su variedad de significados y aplicaciones, desde la experimentación hasta la clínica conductual. Se enfatiza que los repertorios conductuales que reflejan el fenómeno de autocontrol en un individuo son aprendidos, lo que fortalece la necesidad de promover su aprendizaje en la situación psicoterapéutica mediante procedimientos estructurados para ello, tales como las terapias de manejo de la ansiedad y la ira, de asertividad, de condicionamiento encubierto, de reestructuración racional, de solución de problemas, de entrenamiento autoinstruccional y de biorretroalimentación, propiciando a través del desarrollo de esos procedimientos la autovigilancia y la relajación, las destrezas de afrontamiento, y cambios específicos en el estilo de vida

Bienestar psicológico, asertividad y rendimiento académico
Se examinan las relaciones entre el bienestar psicológico, la asertividad y el rendimiento académico en los estudiantes de Facultades representativas de las diversas áreas de estudio de la Universidad de San Marcos. Para ello, se utilizan la Escala de Bienestar Psicológico de Ryff, el Inventario de Asertividad de Rathus y el rendimiento académico. El estudio arroja correlación significativa general en todas las facultades entre las variables de estudio, tanto en los varones como en las mujeres, excepto en Ingeniería Industrial.

Comunicación clínica y terapia conductual dentro del consultorio
Este artículo esboza los avatares de la consideración conductual sobre la interacción comunicativa dentro de la consulta clínica entre los participantes del episodio psicoterapéutico. Dicha consideración estuvo en un principio ligada a las dudas sobre la confiabilidad de la correspondencia hacer-decir en el reporte verbal del cliente, impidiendo el ejercicio de un auténtico análisis funcional respecto a las variables influyentes en esa clase de episodios. Eso ha variado en la perspectiva contemporánea gracias al desarrollo de terapias conductuales de tercera generación, que utilizan como métodos de interpretación y acción formas lingüísticas a manera de variables independiente, interviniente y dependiente.

sábado 25 de abril de 2009

POR QUÉ ES VARIABLE EL COMPORTAMIENTO HUMANO?

La pregunta puede parecer "ingenua", pero algo que muchas veces se olvida en la psicología tradicional es que el esclarecimiento de las condiciones que propician la variabilidad del comportamiento humano es un tema estrictamente técnico. Cuando se discute este asunto desde una perspectiva especulativa, por el contrario, suele acudirse a retóricas innatistas que, abandonando el principio científico de parsimonia, no hacen sino embrollar y hacer inaccesible el problema. Así, en este breve escrito no haremos ninguna referencia a teorías o filosofías no parsimoniosas —que abundan—, sino a hechos apegados al “suelo” de observación.
En el análisis experimental del comportamiento (AEC) hay una cercanía muy grande con el marco organizativo de la biología, sobre todo en lo que se refiere a las leyes de la evolución darviniana (véase Quiroga, 1995). Skinner dijo: “La conducta humana es el producto conjunto de: a) las contingencias de supervivencia responsables de la selección natural, y b) las contingencias de reforzamiento responsables de los repertorios de los individuos, incluyendo c) las contingencias especiales mantenidas por el entorno social evolucionado” (cit. por Tierney y O'Donohue, 1999/2000, pp. 381).
Desde este punto de vista el proceso de adaptación de los organismos no es perfecto. porque: 1) la evolución no persigue ningún propósito, las modificaciones sólo aspiran a no ser letales a corto plazo y a ser mejores que las de los competidores en un “análisis” de costo-beneficio, y 2) el cambio ambiental puede ser demasiado rápido para el lento cambio evolutivo, produciendo problemas nuevos.
En este contexto, los mecanismos que generan variabilidad en la conducta operante sólo pueden conjeturarse, siendo explicaciones posibles las hipótesis de privación o saciedad.
En el primer caso, la privación implica que un programa de reforzamiento producirá un aumento en la respuesta instrumental si, ejercitando la cantidad habitual de acción, el sujeto recibe menos acceso a la respuesta contingente del que fue observado en condiciones de línea base o principio del programa. En el segundo, la saciedad es lo contrario, produciendo un efecto punitivo o una disminución de la respuesta instrumental. Uno de los estudios que han abordado la probanza de esas hipótesis es el de Dougher en 1983 (cit. por Tierney y O'Donohue, 1999/2000, p. 387), quien utilizó dos adultos esquizofrénicos en dos condiciones experimentales: una de “privación” en la cual los sujetos tenían que alcanzar un nivel de verbalización apropiada para obtener café, y otra de “saciedad”, en la que si ellos incurrían en niveles inapropiados, se les pedía que consumieran una cantidad superior de café.
Todo esto se debe complementar con el añadido de que no es conveniente una interpretación fisicalista de lo dicho, gran pecado entre los legos en AEC y más aun entre los skinnerianos “duros”. Tanto la estructuración de las contingencias como los estados orgánicos de privación y saciedad resultan, en última instancia, ser parte de una relación virtualmente operable entre las circunstancias presentes (estímulos discriminativos) y otras posibles (establecidas en la historia personal).
FUENTE CITADA: Tierney, R. y O'Donohue, W.T. (1999/2000). Darwin, Skinner y el concepto de reforzamiento. En A.C. Reep y R.H. Horner (Eds.). Análisis funcional de problemas de la conducta (pp. 379-392). Madrid: Thomson.

domingo 22 de marzo de 2009

LA EXPLOSIÓN DEL YOUTUBE: SUS ASPECTOS NEGATIVOS

Cuéntase que la mitológica y chismosa Pandora abrió sin permiso un recipiente vedado para todos, donde estaban guardadas todo tipo de plagas desconocidas para la humanidad. Y se escaparon para mal nuestro.
En el año 2005, si a algo se le podía colgar el membrete de “Caja de Pandora virtual” era al YouTube. Este portal de Internet, que hasta ahora ofrece la oportunidad a cualquiera para publicar anónimamente sus audiovideos, parecía un inocente entretenimiento popular e inclusive una herramienta sin igual para hacer avanzar la información en esta sociedad del conocimiento. Ahora está revelando muchas cosas negativas, no relacionadas precisamente con su aspecto comercial, sino con la difusión de “conocimiento” deformado y hasta contra-cultural.
La parte positiva del YouTube ha sido suficientemente reivindicada y explotada: la oportunidad para reproducir programas de televisión cerrada con contenidos educativos, científicos, históricos y tecnológicos, por ejemplo, es inestimable. Igualmente lo es la oportunidad de discusión que ofrecen los diversos links. Sin embargo, de un tiempo a esta parte viene creciendo en forma alarmante la cantidad de audiovideos realizados y colgados en la red con objetivos malsanos, donde se puede acceder fácilmente a imágenes con discursos y musicalizaciones racistas, sexistas, xenófobas, patrioteras, belicistas, de violencia y odio desenfrenados, propaganda y diatribas totalitarias, terroristas, delincuenciales, y todo tipo de discriminación fundamentalista imaginable.
Lo peor es la cruda constatación de que aparentemente tanto los realizadores o reproductores de los audiovideos como la multitud de personas que entra a sus sites y comenta barbaridades se hallan en edades ubicadas en la niñez, adolescencia o primera juventud. Es decir, justo en las etapas de formación de la identidad y de los hábitos ciudadanos. Eso ya nos puede dar una idea del vandalismo y degradación intelectual a los que podrá llegar una gran parte de individuos en las próximas generaciones. Alguien podría decir que eso no es nuevo, ya que lo que muchas veces se escribe hoy en YouTube se escribía antes en la intimidad de los baños públicos o se conversaba en cenáculos de tipo sectario. Pero antes esas prácticas clandestinas eran materia de desaprobación social y hasta de burla. Hoy se han multiplicado y, si se quiere, "canonizado" a nivel masivo, al dotarse de un status de permisible "respetabilidad ideológica".
Aun cuando la política explícita de los administradores del Portal pretende que hay una herramienta de regulación de acuerdo con ciertos códigos de lo “políticamente correcto” en la posibilidad de marcar algún site que nos parezca aberrante, reportándolo para que sea “evaluado” y, “si procede, retirado” de la red, una simple constatación de este procedimiento nos indica que el proceso en sí mismo es tan largo (por la imposibilidad de revisión inmediata dada por la inmensa cantidad de infracciones), que no resulta eficiente.
A ello puede añadirse el extremo relativismo sociocultural de los valores que YouTube reivindica (en la moda “buenista” que ya he tenido la oportunidad de tratar en otro post), abriendo el abanico a un espacio tan grande de cosmovisiones donde prácticamente todas tienen la razón “desde su perspectiva”, que se hace difícil decidir cuál código se ha infringido, pues los “dañados” podrían quejarse inmediatamente de discriminación contra sus ideologías, etnias o nacionalidades.
Algo saltante es el aprovechamiento de esta tecnología que hacen los propagandistas del anti-sistema para difundir sus ideas nihilistas, y reclutar jóvenes tan inexpertos como desconocedores de la historia y las ciencias política y económica, vendiéndoles paparruchas mesiánicas que, desde la izquierda o la derecha, simplifican las cosas a un nivel tal que resulta “entusiasmante” para ellos militar bajo banderas normalmente despreciables y desacreditadas por sus fracasos en el pasado. El uso de lemas, clichés o aserciones de contundente sonoridad es común y ayuda notablemente a conseguir el efecto deseado por los manipuladores. Si esto se presenta, además, acompañado de sonidos y símbolos carismáticos al poco refinado y muy rebelde gusto juvenil, redobla su efectividad.
Un caso especialmente destacado es el del famoso grupo español Ska-P, que reúne todas esas características (música pegajosa, letras agresivas “contra el capitalismo y el anti-sionismo” y favorables a la transgresión anárquica de normas convencionales, apariencia y gestualización punk). De esa manera la propaganda anti-sistema se convierte en una formidable arma de destrucción. ¿En favor de qué? Para los militantes del anti-sistema eso es lo de menos...
El célebre mago y luchador escéptico James Randi suele decir que, gracias al uso desordenado e inconsciente de la tecnología moderna, ésta se ha convertido en un boomerang que en vez de facilitarnos la entrada al futuro nos acerca cada vez más al umbral de una nueva Edad Media. “Las estupideces se ven hoy en alta definición y a todo color”, dice Randi, por lo que resultan mucho más atractivas que las que se difundían en siglos pasados.
Si ya había un frente abierto contra la sobrevivencia de la humanidad por el desgaste ecológico que dentro de algunos años pondrá al mundo en jaque, con el YouTube y tecnologías parecidas que irán saliendo se ha abierto otro frente: el de la disolución intelectual masiva (comparado con esto, lo que se conocía como manipulación y malformación mediática es juego de niños).
¿Habrá alguna salida a este laberinto? En el mito de Pandora que he citado al comienzo también se dice que ella cerró la tapa de la caja antes que escapara la esperanza. Quizá... con la regulación adecuada…