martes, 12 de enero de 2010

INTERVENCIÓN CONDUCTUAL DE CRISIS


Las estrategias usuales de ajuste que la persona pone en acción cuando se presentan problemas cotidianos, pierden su efectividad cuando la situación se pone particularmente difícil. Casos de urgencia, como las respuestas depresivas graves, la psicosis aguda, la excitación hiperactiva, las respuestas agudas de ansiedad o de pánico, la histeria por violación, las intoxicaciones, respuestas depresivas o ansiedad por pérdida o separación, la piromanía, etc.; rebasan la capacidad del individuo para mantener su control emocional.
La terapia conductual de crisis procura aliviar los "síntomas", ayudar a restablecer el ajuste, descubrir los factores precipitantes o determinar las causas lejanas de la crisis, teniendo en consideración la historia del individuo y sus problemas presentes, sean situacionales, o de personalidad (abstracción que resume las interacciones del sujeto en una amplia muestra de circunstancias). Las técnicas disponibles son muchas, y operan sobre los sistemas lingüístico-cognoscitivo, emotivo-motivacional e instrumental-motor, desde el uso de la relajación para el autocontrol y los programas de manejo de la ansiedad, la ira o desesperación; la desensibilización sistemática; el condicionamiento encubierto; el entrenamiento en solución de conflictos; la reestructuración racional; y otras.
La terapia de crisis puede efectuarse hasta en cuatro etapas del trastorno: 1) cuando la crisis comienza a manifestarse, 2) cuando tras intentos infructuosos de solucionar su problema el individuo se desorganiza, 3) cuando el nivel de tensión aumenta y el sujeto pide ayuda, y 4) cuando se produce el colapso emocional.
El requisito principal para ser interventor en casos de crisis no sólo es “tener empatía y saber escuchar” (lo que es ciertamente indispensable), sino también estar muy al tanto de los procedimientos científicos de trabajo en ingeniería comportamental.

Mentalismo Cerebral