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viernes, 13 de julio de 2012

El Conductismo y la Fundación de Una Psicología Científica

El flojo tratamiento de los temas epistemológicos por parte de los contradictores más duros del conductismo suele simplificar de manera extraordinaria el carácter de sus diferencias frente a la psicología del sentido común. Esto se ve multiplicado al infinito en la cantidad de TONTERÍAS que circulan profusamente por internet escritas por personas no vinculadas al paradigma conductual, cuya ligereza poco profesional les hace atribuir a los conductistas un razonamiento tan primitivo y tosco que, entre otras cosas, niega la complejidad del comportamiento y "la existencia de los hechos mentales" (el popular espantajo de la imaginaria "caja negra").  
Nada mejor para clarificar ese nuboso panorama que leer a los especialistas sobre el asunto. Este artículo del Dr. Emilio Ribes trata sobre la obra más criticada pero menos leída de la psicología, la de J. B. Watson. Entre otras cosas, Ribes dice: "Basta una lectura superficial de los títulos de los escritos de todos los conductistas históricos para percatarse de su interés primordial por estudiar científicamente los fenómenos de la conducta humana compleja, que hasta el momento se concebían como expresiones de la mente. En el caso de Watson, esta opinión sólo puede sostenerse por carecer de un contacto directo con sus escritos. Hay pocos psicólogos tan mal entendidos, tan violentamente atacados, y tan pobremente leidos como es el caso de Watson" (p. 75). Procedamos, pues, a corregir ese error.
Para acceder al artículo pulsar sobre el título siguiente: 
John B. Watson: El  Conductismo y la Fundación de Una Psicología Científica

sábado, 19 de febrero de 2011

LA NIETA REBELDE DE WATSON

Mr. Spock y Zarabeth
A veces la chismografía me gana la partida, y no puedo evitar hacer este curioso apunte.
¿Sabía Ud., amable lector, que el famoso Sr. Spock —ícono de la cultura pop— pudo ser el “yerno-nieto” de John B. Watson? Sí, por increíble que parezca, porque la connotada actriz de televisión americana Mariette Hartley, nieta del padre del conductismo, encarnó en la pantalla a Zarabeth, una hermosa mujer condenada a vivir en un planeta desierto que tuvo un fugaz, tórrido y desgraciadamente trunco romance (por esas cosas de la vida, y por culpa del aguafiestas Dr. McKoy), con el héroe vulcano de la serie Star Trek en el episodio titulado Todo nuestro ayer. En la imágen adjunta una escena de la epopeya. 
Ahora bien, después se supo que el pasado de la talentosa Mariette fue casi tan triste como el de su personaje Zarabeth en la televisión. En 1990 Hartley publicó un libro autobiográfico titulado “Rompiendo el Silencio”, en el cual hablaba de sus trastornos depresivos (desorden bipolar) y los de su familia. En dicha publicación le echó la culpa a su abuelo John de todo, puntualizando que fue la aplicación práctica de sus teorías la que afectó el desarrollo de sus descendientes. Según ella, la fría planificación de crianza que hizo Watson para sus hijos los afectó profundamente, propiciando problemas psicológicos que llegaron hasta la tercera generación.
John Broadus Watson
Como se sabe, John B. Watson fue quizá el primer psicólogo mediático de alto nivel. Tuvo un exitoso programa de radio y publicó un libro de consejos prácticos para la crianza de los hijos en edición popular (por ironía del destino, otra obra similar sería editada años después por el no menos popular pediatra Dr. Benjamín Spock, homónimo del personaje de Star Trek). Entre las sugerencias que deslizaba Watson para criar mejor a los niños, estaban alentar su independencia manteniéndose convenientemente al margen en determinadas situaciones, y promover su alimentación regular y balanceada.
Watson se casó dos veces: la primera vez con Mary Ickes, con quien tuvo a sus hijos Mary (madre de Mariette) y John; y la segunda vez con su ex-alumna de post-grado Rosalie Rayner, con quien tuvo a William y Jimmy. John tuvo problemas estomacales y dolores de cabeza desde pequeño, y murió a principios de los años 50 de úlcera sangrante. Mary, por otra parte, estuvo aquejada por la depresión y llegó a atentar varias veces contra su propia vida. En cuanto a William, se estableció profesionalmente como Psiquiatra... freudiano (no parece haber en línea confirmación de eso), y se suicidó cuatro años después de la muerte de su padre. Jimmy, por último, igual que su hermanastro John, también padeció de males estomacales.
Portada del libro autobiográfico
de la nieta de Watson
La buena de Mariette no quedó al margen de la trágica herencia. Su propio padre se suicidó y Mary, su madre como ya he dicho, intentó hacerlo también. Eso sumió a la actriz en el alcoholismo y la depresión bipolar, hasta que pudo salir y escribió el libro autobiográfico de marras para contar su historia familiar. Hoy, la Hartley preside la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio y, además de su exitosa carrera actoral, se dedica a dar charlas sobre ello. A tenor de lo que dice, habrían sido los estilos de crianza y nutrición que les imponía Watson a sus hijos el origen de sus enfermedades estomacales y sus depresiones. Yo no me lo creo, pero ella sí.
Sin duda, esta nieta rebelde se las trae contra su abuelo... No descarto que pueda ser por darle al libro un mayor atractivo comercial. Pero, más allá de los asuntos polémicos, nadie puede negar la inmensa contribución que John B. Watson aportó a la psicología, y que fue plasmada en pocas palabras por la Asociación Psicológica Americana en el reconocimiento que le hicieron el 2 de septiembre de 1957, un año antes de fallecer:

"Al Dr. John B. Watson, cuyo trabajo ha sido uno de los factores cruciales para determinar la forma y el fondo de la psicología moderna. Inició una revolución en el pensamiento psicológico, y sus escritos han sido el punto de partida para continuas líneas de investigación fructífera".
AMEN

lunes, 29 de junio de 2009

EL PENSAMIENTO SEGÚN J. B. WATSON

Entre las muchas simplificaciones de las ideas de Watson sobre la psicología y los tópicos que trata, se halla en uno de los primeros lugares el aserto de que el buen John Broadus identificaba el lenguaje con el pensamiento, distinguiendo a éste excelentísimo proceso con el nada honroso calificativo de “habla subvocal”, lo que parecería igualarnos con los pericos.
Sin duda el propio Watson tiene responsabilidad en el origen de este malentendido, al no ser claro en sus primeros escritos sobre el tema. Pero aquí mostraré que, si bien su concepción de lo que es “pensamiento” es general, organocéntrica, meramente introductoria e incluso mal expresada (“pensemos” que en su época no había mucho de dónde extraer ideas sobre eso), en cambio no llega al primitivismo que se le ha achacado.
La primera vez que Watson se refirió al pensamiento lo hizo en una brevísima nota de pie (la séptima), al final de su célebre manifiesto de 1913 (aquí). Allí señalaba que los procesos de pensamiento podían concebirse en el marco de manifestaciones musculares, tanto las vinculadas al ejercicio abierto de la costumbre de actuar, como, muy especialmente, a los sistemas involucrados en la musculatura de la expresión discursiva (hábitos de pensamiento motor relacionados con la laringe). Parece ser que fue un texto añadido a último momento debido a que en la misma revista iba a salir publicado otro artículo ligado exclusivamente al discurso subvocal, por lo que el contenido del breve comentario debe juzgarse en ese contexto.
Luego, en 1920, volvió más extensamente sobre el punto (aquí), pero, en realidad, añadiendo poco a su concepción fundamental. Concluía que el pensamiento “es un gran proceso verbal” relacionado con la actividad implícita. Pero, ojo: como queda claro al leer el artículo completo, él ya entendía por “verbal” todo lo concerniente a la capacidad de actuar del organismo como un todo, tanto física como emocionalmente, con miras a la expresión y a la solución de problemas. En otras palabras, a la adaptación al mundo.
En definitiva Watson terminó refinando su postura más clara y sintética en su conocido gran libro de 1924, El Conductismo (quizá el más citado pero el menos leído por los no-conductistas), con las siguientes palabras:
“Deseamos recalcar ahora que siempre que el individuo piensa, toda su organización corporal trabaja (implícitamente)... Parece razonable suponer que en momentos sucesivos el pensamiento puede ser kinestésico, verbal o emocional. Cuando la organización kinestésica está bloqueada o falta, entonces funciona la verbal, si ambas quedan bloqueadas, la organización emocional se torna predominante” (Watson, 1924/1961; pp. 249-250).
Por último, subrayó más su versión al respecto en el apéndice del libro, donde consigna en su exposición polémica contra el inefable McDougall:
“Plantéase ahora una... cuestión que requiere cuidadoso examen: ¿pensamos sólo con palabras? Hoy entiendo que, toda vez que el individuo piensa, trabaja (implícitamente) su total organización corporal, aunque el resultado final consista en una formulación verbal hablada, escrita o expresada subvocalmente... Por consiguiente, pensamos y planeamos con todo el cuerpo. Pero, dado que... la organización verbal, cuando se haya presente en general probablemente predomina sobre la visceral y la manual, solemos decir que el pensar es en su mayor parte verbalización subvocal, siempre que admitamos en seguida que también puede desenvolverse sin palabras” (ib., pp. 297-298).
Creo que este planteamiento de base no está, en buena cuenta, muy lejos del que Skinner presenta en su capítulo sobre el pensamiento de Conducta Verbal (dicho sea de paso, tan poco satisfactorio como cualquier otro enfoque que trate del asunto hasta ahora).
A pesar de estas aclaraciones, Watson quedó marcado para siempre con el estigma del primitivismo teórico sobre el pensamiento. Pocos reparan en los párrafos mencionados porque "quieren" interpretarlo en función a su prejuicio. De hecho, en el mismo prólogo a la edición en español hecha por la editorial Paidós de El Conductismo, el Dr. Emilio Mira y López -un psiquiatra al parecer muy ilustrado en todo menos en conductismo watsoniano- afirmó directa y peladamente que Watson decía que el pensamiento no era otra cosa que un monólogo implícito o hablarse a sí mismo (ib., p. 14). Con esto, parece cierto que no hay peor ciego que el que no quiere ver...
¡Y muchos conductistas también lo creen así en base a la información sesgada y parcial a la que tienen acceso! Valga esta reactualización de su verdadera postura para incentivar una lectura más precisa y respetuosa de su obra.

Watson, J. B. (1924/1961). El Conductismo. Buenos Aires: Paidós.

ENLACES DE ENSAYOS, LIBROS E INVESTIGACIONES DE WILLIAM MONTGOMERY URDAY

1.    No son todos. Faltan varios, y también los que han sido borrados por problemas de Copyright o tienen enlaces rotos. 1.       1. http...