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martes, 8 de diciembre de 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
La Estructura de la Pareja: Implicaciones Para la Terapia Cognitivo conductual
RESUMEN
La terapia de pareja cognitivo conductual ha mostrado su eficacia de manera empírica (Chambless et al., 1998). Sin embargo, existen limitaciones (Christensen y Heavey 1999) que indican la necesidad de su potenciación. Este artículo repasa la situación de la terapia de pareja, con las aportaciones actuales, enmarcando todo ello en una visión estructural de la pareja, como ente social y relación diádica, que permita una compresión de los avances que se están dando, y aporte indicaciones sobre los caminos que seguirá en un futuro inmediato. (VER ARTÍCULO COMPLETO)
sábado, 18 de julio de 2015
jueves, 2 de julio de 2015
domingo, 12 de abril de 2015
viernes, 9 de mayo de 2014
¿Por qué somos como somos?
Compartiendo esta versión online del diario "La Nueva España" (07.04.2014), donde el Dr. Marino Pérez-Álvarez desarrolla su visión del papel de los genes y de la cultura sobre el surgimiento de lo humano.
¿Por qué somos como somos? Los tres componentes de una vida
Una reflexión sobre la importancia de lo que uno quiere ser, las circunstancias que uno encuentra, entre ellas la tecnología, y el azar (07.04.2014)
Por Marino Pérez-Álvarez
La pregunta tiene dos niveles. Uno se refiere a qué nos hace humanos respecto de los animales y el otro a qué hace que cada uno sea como es. En ambos casos, se suele responder diciendo que es debido al cerebro o a los genes. Respuestas de este tipo se encuentran ya en los títulos de importantes libros cuando dicen que somos el cerebro o se preguntan qué nos hace humanos, para concluir que el cerebro y los genes.
Ni en las estrellas ni en los genes está escrito como somos. Sin embargo, ni en las estrellas, ni en los genes, ni tampoco en el cerebro, está escrito nuestro modo de ser. Nuestra estructura anatómica, como organismo, está determinada por el genoma. Pero otra cosa es la persona humana, con su civilización y cultura y con sus particulares formas de ser. Lo humano está en las instituciones sociales: sistemas que organizan el funcionamiento de la sociedad, anteriores a cada individuo. El mundo ya está funcionando cuando nosotros aparecemos en escena.
Sea por caso la escritura, uno de los inventos que más ha transformado la historia humana. Aprender a leer supone también una revolución en la vida de un niño. Sin embargo, la escritura no está codificada en los genes, ni en el cerebro. Data de hace unos 6.000 años, cuando el cerebro y el genoma humano ya eran para el caso como son hoy, desde miles de años antes. Si la escritura desapareciera de la faz de la tierra, ningún cerebro de un recién nacido la crearía. Ni siquiera es pensable que bebés dejados en una isla produjeran una lengua, más que una mezcla de balbuceo y signos. ¿Cuántos miles de años serían necesarios para que se desarrollara alguna lengua que hoy los niños aprenden con la facilidad como respiran? ¿O un sistema de escritura que hoy los niños aprenden en unas 2.000 horas? La escritura no está codificada en los genes ni almacenada en el cerebro, pero su aprendizaje supone una gran transformación del cerebro gracias a su plasticidad.
Así, pues, lo que nos hace humanos es la cultura y la educación socialmente instituidas, una especie de sobrenaturaleza o noosfera que envuelve a la bioesfera, hoy más que nunca a través de internet. Por eso decía Ortega que el hombre no tiene naturaleza, sino historia. Aclarado esto, ¿cuáles son los tres componentes de la vida, anunciados en el título. Son, de acuerdo con Ortega: el proyecto de la vida, las circunstancias y el azar. El proyecto o vocación se refiere a lo que uno quiere ser. Las circunstancias son las condiciones que uno encuentra, que favorecen y dificultan lo que uno quiere ser. El azar no es otro que la casualidad: sucesos afortunados e infortunados que tejen y destejen la vida.
La vida como proyecto: siempre más allá. Uno es ante todo lo que quiere ser: no porque sea lo que quiera ser (como a veces frívolamente se dice a la gente), sino porque lo que quiere es lo que mejor define lo que es. Pero, aquí se da una paradoja: lo que se quiere ser, todavía no es, de manera que uno es lo que no es, algo que está por ser. Somos lo que todavía no somos y para más paradoja, nunca llegaremos a ser del todo, como para decir, hasta aquí hemos llegado y ya está acabada la vida. Continuamente se nos abre el horizonte, más allá de lo visto y aun de lo soñado. Si alcanzamos nuestras metas, estas nos resitúan en otro horizonte de posibilidades. La vida se hace y deshace en el tiempo. Puede que en algunas edades se tenga la experiencia de "eternidad", como si todo durara y volviera una y otra vez (comienzos de curso, vacaciones), pero vendrán otras edades en las que todo va muy deprisa, sintiéndote tragado por el tiempo.
Ya de niños queremos ser algo y aun muchas cosas y, a veces, para siempre. Cuando uno no tiene proyecto o no sabe qué quiere o, peor, no quiere ser nada, su vida, literalmente, no tiene sentido, es decir, no tiene dirección ni significado. Cuando no vas a ningún sitio, puede que todos los vientos te favorezcan, pero también es cierto que estás a la deriva, sin rumbo. Los problemas psicológicos consisten, muy a menudo, en la pérdida o crisis de sentido, por lo que no se arreglan con pastillas.
Siendo la vida proyecto, se pueden sacar dos conclusiones prácticas. Una es que nuestra vida está proyectada hacia adelante, lo que implica esfuerzo y espera, sin medirlo todo por la satisfacción inmediata. Otra es que el sentido de la vida está más allá de uno mismo, sobre un horizonte de valores, no dentro de uno, como a menudo la peor literatura de autoayuda nos hace creer.
Las circunstancias: facilidades y dificultades. El proyecto de nuestra vida siempre se da en alguna circunstancia (momento histórico, sociedad, familia). El yo y la persona que uno es dependen de la circunstancia que a uno le toca vivir. Yo soy yo y mi circunstancia, dice Ortega. La circunstancia o circunstancias en plural establecen las posibilidades y los límites de nuestros proyectos: lo que queremos pero también lo que, de hecho, podemos ser. A este respecto, siempre nos vamos a encontrar con cosas que facilitan y dificultan nuestros proyectos y a veces las mismas cosas hacen lo uno y lo otro. Sea, por caso, la familia: que te ha hecho capaz de ser esto y lo otro y, a la vez, te limita esperando, por ejemplo, que no te vayas lejos. Tienes pareja y esto puede que te dé estabilidad y apoyo, pero también te impide ser más libre (tú mismo) y explorar otras posibilidades. O eres "tú mismo", sin compromisos ni cortapisas, pero acaso ya estás cansado de serlo. Muy a menudo, las cosas de la vida tienen esa ambivalencia entre la servicialidad y la servidumbre.
Lo importante es saber de dónde "salen" las cosas (de otros anteriores), de dónde viene uno (de las circunstancias que le tocaron) y dónde va (lo que depende de lo que sabe hacer y del esfuerzo que vaya a poner en juego), para que no le pase como a la paloma de Kant: que despotricaba contra el viento porque le impedía ir más deprisa, el mismo que le permitía volar. Lo cierto es también que los vientos y las corrientes no siempre van a favor, sino que uno tendrá que bregar y remar contra-corriente. El curso de la vida, cuando uno quiere ser algo y va alguna parte, requiere, frecuentemente, lo que llamaba Platón una "segunda navegación", consistente en navegar a remo, cuando la "primera navegación", a favor del viento, no basta.
Una segunda navegación se refiere, también, a pensar con criterio y discernimiento acerca de lo que nos viene dado, en vez de recibirlo acríticamente. Reducir nuestra valoración de las cosas a "me gusta", o no, es uno de los mayores entontecimientos de nuestro tiempo. Una característica de la época actual es la tecnología, para los jóvenes, ya tan natural como el agua para los peces y el aire para los pájaros. Sin embargo, la tecnología debiera hacernos pensar. Por lo pronto, tiene esa ambivalencia señalada: entre servir como herramienta y pervertir nuestra vida. Así, por ejemplo, la continua comunicación que facilita la tecnología está convirtiendo la conversación en mera conexión y la amistad en "montón" de amigos, por no hablar del empobrecimiento del lenguaje y del pensamiento. No es lo mismo estar conectado y recibir-y-enviar mensajes que mantener una conversación cara-a-cara. La falta de conversar, además de trivializar la comunicación ("lost in communication"), merma la reflexión, la cual se aprende hablando con otros. Es difícil hacer algo, más que meramente estar conectado, con 2.000 amigos. Uno puede tener mogollón de amigos, pero una chica que tenía 600 murió en un hospital sin que nadie fuera a visitarla.
La continua conexión supone la incomunicación con los que se tiene al lado, lo que da lugar a ese extraño paisaje en el que todos están "solos juntos", sea una pareja de novios o un grupo de amigos. Hasta en una cena de gente frisando los cincuenta, llegará un momento en el que todos saquen el móvil. Parece que cada uno estuviera en una burbuja, desconectado del entorno inmediato y, acaso, riendo con algo que está escuchando, como diciendo ¿no veis lo feliz que estoy al margen de lo que pasa aquí? La gente-conectada parece más a un piloto equipado con cascos, gafas, móvil, mochila, que propiamente un peatón.
El continuo estar-enchufado está creando la habilidad para poner un ojo en lo que pasa aquí (en clase, con amigos) y, a la vez, teclear un mensaje. Se trata de una habilidad que, en realidad, incapacita para estar en lo que estás: solo atendiendo a las migajas que te interesan, incapaz de seguir una conversación, un discurso o un razonamiento. Dejando aparte que internet convierte a muchos en surfistas de la información (deslizándose por la superficie de las cosas), lejos del buceo que requiere el conocimiento de algo, ¿qué decir de Facebook y Twitter, que tal parecen herramientas diseñadas para el exhibicionismo y el narcisismo? ¿No se pierde algo de las emociones convertidas en emoticones, descontextualizados y esterilizados del contacto personal y del lenguaje natural? El amor en tiempos de Siri, la aplicación de Apple que te "entiende lo que dices y sabe lo que quieres", ¿no puede llevar a considerar a los demás por lo que nos sirven y se ajustan a nosotros, cual sistemas operativos inteligentes, como "Ella", "Her", obviando la realidad de la vida?
Una circunstancia que no ayuda a una segunda navegación para pensar el presente, más allá de su recepción acrítica, es la filosofía menguante en bachiller. La filosofía, lejos de estar suplida por las ciencias, de acuerdo con Gustavo Bueno, es un saber de segundo grado, cuyos problemas y preocupaciones surgen de los saberes de primer grado dados precisamente por las ciencias y la tecnología. La filosofía no es de letras ni de ciencias, sino transversal, capacitadora para pensar cualquiera que sea la especialidad de uno.
El azar, que también hay que asumir. El azar constituye nuestras vidas, desde las pequeñas casualidades a los golpes de suerte e infortunios. Incluso la vida en la Tierra es un azar: un "error metafísico de la materia", dice Pessoa. Por su parte, las predicciones del futuro son las más difíciles, de modo que nadie sabe qué "cisnes negros" van a aparecer que transformen nuestras vidas. Las tecnologías que ahora pueblan la vida cotidiana (internet, móvil) no fueron predichas, cuando ahora parecen tan necesarias como el oxígeno.
La vida de cada cual está compuesta de casualidades (los amigos surgidos del pupitre donde te tocó por el apellido, como conociste a alguien) que terminan por ser causalidades de que las cosas sean de una manera y no de otra, abriendo una puertas y cerrando otras.
La incertidumbre produce ansiedad y queremos estar seguros de todo y tenerlo todo asegurado pero, afortunadamente, la vida no responde a un algoritmo. Si lo hiciera, sería como vivir el guión de una película: como aquel "Atrapado en el tiempo" o "El show de Truman".
El azar es algo que tenemos que asumir deportivamente (como un balón en el poste que puede ser gol o ir fuera), y no solo el azar que nos depare el futuro, sino el que ya forma parte de lo que somos. Acaso, para tener los pies en el suelo, uno mejor empieza por "llegar a ser el que eres": lo que puedes ser de acuerdo a lo que has aprendido y eres capaz de esforzarte, como decía Píndaro a los atletas de las olimpiadas, en vez de creer que puedes ser cualquier cosa con tal de quererlo. Siempre se puede ir más allá, pero sobre la base de lo que eres.
sábado, 26 de abril de 2014
viernes, 25 de abril de 2014
viernes, 28 de febrero de 2014
La Conducta Operante Está A La Vista, Salvo Para Quienes No Quieren Verla
Se suele advertir que las personas se comportan como “teóricos
de rasgos” cuando juzgan actos ajenos, y como “conductistas” cuando juzgan los
propios. Así, por ejemplo, si alguien llega tarde a una reunión, podemos
inferir que lo hace porque se trata de “una persona impuntual” (un rasgo
interno permanente), mientras que si nosotros somos los que llegamos tarde,
atribuimos esa eventualidad al influjo de causas externas sobre nuestra
posibilidad de acción (falta o retraso de transporte, inconvenientes,
descoordinaciones, etc.).
En esa misma línea, es fácil ver la inconsecuencia del
pensamiento que se presenta como antítesis de la perspectiva conductual
examinando expresiones de autores típicos en manuales de abundante difusión
entre psicólogos y educadores; como por ejemplo Desarrollo Humano de Papalia,
Wendkos y Duskin (reedición del año 2010, McGraw-Hill), de tendencia predominantemente
cognoscitiva, donde, después de dicotomizar las teorías de dicho ámbito en
modelos “mecanicista” y “organicista” se dice: “El conductismo es una teoría
mecanicista que describe la conducta observada como una respuesta predecible a
la experiencia… La investigación conductista se centra en el aprendizaje
asociativo…” (p. 28); y se dan seguidamente descripciones bastante elementales
del condicionamiento respondiente y operante, como para descartar su valor como
herramientas conceptuales para analizar la conducta humana compleja. Sin
embargo, en el mismo libro, en el marco de una disquisición sobre la tecnología
de la reproducción asistida y la proliferación de métodos y regulaciones al
respecto, las autoras señalan que: “Una cosa parece segura: en la medida que
haya gente que quiere hijos pero es incapaz de concebirlos o de llevarlos a
término, la inventiva humana y la tecnología propondrán nuevas maneras de
satisfacer sus deseos” (p. 434).
¿Esto no es, acaso, un reconocimiento “in pectore”
de que la cognición es la que está subordinada a las leyes de la conducta y no
al revés? Porque según sus propias palabras,
evidentemente lo que llaman “la inventiva humana” se mueve al son del
condicionamiento operante, al depender de la posibilidad de “satisfacer deseos
de procrear hijos”; es decir, de ser reforzada.
Contradiciendo las ingenuas creencias académicas sobre que "el condicionamiento operante necesita de un laboratorio para demostrarse", hay que decir la verdad: basta observar la vida humana en sus infinitas manifestaciones convencionales cotidianas para ver fácilmente que casi toda ella marcha en función a las consecuencias que genera en cada momento, y que la van moldeando históricamente de acuerdo con pautas de privación y saciedad. La televisión mantendrá sus tipos de programas y estilo de emisión mientras tenga un alto rating de audiencia; las personas mantendrán su costumbre de saludar a otros mientras esos otros les respondan el saludo; los individuos tenderán a pensar en “algo especial” mientras ese “algo especial” tenga efectos sobre su vida; la gente tenderá a elegir entre opciones de acuerdo con el beneficio, la comodidad o la menor aversividad que le generan, etcétera. Incluso el mundo de las ideas está sometido, tanto como el de los negocios, a las leyes operantes. Esto no tiene nada que ver con el "mecanicismo", ni significa negar ni subestimar la consciencia ni la cognición en la regulación del comportamiento, sino ponerlas en su justo nivel.
Contradiciendo las ingenuas creencias académicas sobre que "el condicionamiento operante necesita de un laboratorio para demostrarse", hay que decir la verdad: basta observar la vida humana en sus infinitas manifestaciones convencionales cotidianas para ver fácilmente que casi toda ella marcha en función a las consecuencias que genera en cada momento, y que la van moldeando históricamente de acuerdo con pautas de privación y saciedad. La televisión mantendrá sus tipos de programas y estilo de emisión mientras tenga un alto rating de audiencia; las personas mantendrán su costumbre de saludar a otros mientras esos otros les respondan el saludo; los individuos tenderán a pensar en “algo especial” mientras ese “algo especial” tenga efectos sobre su vida; la gente tenderá a elegir entre opciones de acuerdo con el beneficio, la comodidad o la menor aversividad que le generan, etcétera. Incluso el mundo de las ideas está sometido, tanto como el de los negocios, a las leyes operantes. Esto no tiene nada que ver con el "mecanicismo", ni significa negar ni subestimar la consciencia ni la cognición en la regulación del comportamiento, sino ponerlas en su justo nivel.
lunes, 10 de febrero de 2014
sábado, 8 de febrero de 2014
La Evolución del Concepto de Competencia en la Teoría de la Conducta
Por Carlos Ibáñez y Enoc Obed
RESUMEN
Se revisa la evolución del concepto de competencia en la Teoría de la Conducta a lo largo de 30 años de historia, desde su aparición en 1981 relacionado al comportamiento inteligente, hasta 2011 en que se precisa su uso técnico. El artículo intenta mostrar un ejemplo historiográfico de la evolución de los conceptos dentro de una misma teoría. Se concluye que los cambios históricos que ha sufrido el concepto de competencia constituyen variaciones en el acento puesto en los componentes morfológicos y funcionales alrededor de una misma característica definitoria: el cumplimiento del criterio de logro. (VER ARTÍCULO COMPLETO)
jueves, 14 de noviembre de 2013
Ciencia e Hipnosis
El Dr. Antonio Cápafons es un especialista en las técnicas de "hipnosis despierta", procedimientos de autorregulación conductual. En su conferencia, que consta de nueve partes de las cuales ésta es la primera, esclarece muchos puntos respecto al tema.
domingo, 22 de septiembre de 2013
martes, 8 de enero de 2013
Sobre Psicoterapia Analítica Funcional (Luis Valero)
A continuación se remite a la conferencia en video del colega Luis Valero Aguayo, quien aborda el tema de la psicoterapia analítica funcional con el título de "Los conductistas también hacen psicoterapia":
miércoles, 10 de octubre de 2012
Terapia EMDR
La Terapia por Desensibilizacion y Reprocesamiento de Movimientos Oculares (EMDR) es uno de los procedimientos clinicos surgidos inicialmente al amparo de lo que se llama "enfoque cognitivo-conductual" y en la actualidad son presentados por su creadora, la Dra. Francine Shapiro, como una aproximación terapéutica integrativa de tipo ecléctico.
En realidad, la EMDR se nutre de la aplicación de la exposición en fantasía tal como se lleva a cabo, por ejemplo, en la desensibilización sistemática (contracondicionamiento), pero centrada en el tratamiento del estrés post-traumático. En vez de utilizar sólo la relajación muscular como respuesta incompatible con el estado de ansiedad, se activan movimientos oculares bilaterales con el resultado, verificado empíricamente, de acelerar el proceso de reaprendizaje. Así, en base a una lista previamente construida, se le pide al cliente que imagine situaciones particularmente estresantes o dolorosas para él mientras mueve sus ojos al son de los movimientos de la mano del terapeuta, o bien de las luces de un aparato especialmente diseñado para servir de guía.visual. El procedimiento es repetido hasta que, mediante la clásica escala de ansiedad subjetiva, el cliente reporte ir extinguiendo progresivamente cada uno de los items de la lista. No falta el uso de las "escenas control" (también como en la desensibilización sistemática) para reforzar los reaprendizajes.
Actualmente se viene investigando porqué los movimientos de los ojos producen efectos como los señalados, y la incertidumbre respecto a ellos ha hecho surgir, como es costumbre, una serie de especulaciones aprovechadas por cultores de enfoques acientificos para apropiarse mercantilmente de los procedimientos conductuales insertos en estas operaciones, y "explicarlos" mediante teorías neurológicas o mentalistas. De cualquier manera, parece que funcionan. El video inserto muestra un caso.
EMDR: Terapia de recuerdos traumaticos por raulespert
viernes, 5 de octubre de 2012
El Conductismo Teleológico: Una Aclaración
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| Dr. Howard Rachlin |
UNA CIENCIA CONDUCTUAL DE LA VIDA MENTAL: COMENTARIOS SOBRE EL TEXTO “EL CONDUCTISMO INTENCIONAL” DE FOXALL
Por Howard Rachlin (*)
RESUMEN
De acuerdo con Foxall (2007) los actos simples pueden ser explicados de mejor forma en términos del organismo como un todo, pero los patrones conductuales complejos, usualmente descritos en términos mentales, solo pueden ser explicados por la Psicología Neurocognitiva, en la cual, la mente es concebida como un mecanismo interno. La división propuesta para la labor de la psicología es defectuosa, primero porque no hay una línea divisoria clara entre conducta simple (no-mental) y conducta compleja (mental), y segundo, porque la psicología conductual sola, o la psicología neurocognitiva sola pueden describir por su parte tanto los actos simples como los complejos. La aproximación neurocognitiva a la mente está basada en una ciencia de causas eficientes. Una aproximación Post-skinneriana a la mente, el “Conductismo Teleológico”, está basado en una ciencia de causas finales. El conductismo teleológico estudia la vida mental en si misma, mientras que el neurocognitivismo estudia su mecanismo subyacente. Ambos se necesitan para una comprensión completa de la mente. (Ver Artículo Completo)
(*) Traducción del artículo de Rachlin, R. (2007). A behavioral science of mental life: Comments on Foxall’s “intentional behaviorism”. Behavior and Philosophy, 35, 131-138. (Trad. de José Távares Velásquez).
(*) Traducción del artículo de Rachlin, R. (2007). A behavioral science of mental life: Comments on Foxall’s “intentional behaviorism”. Behavior and Philosophy, 35, 131-138. (Trad. de José Távares Velásquez).
lunes, 24 de septiembre de 2012
Los Conceptos Cognoscitivos y el Problema de la Observabilidad
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| Dr. Emilio Ribes Iñesta |
"La psicología, desde el momento mismo en que aplicó procedimientos cuantitativos y experimentales, asumió que las funciones del conocimiento, como conocimiento conciente, eran distintas de las funciones vinculadas a la conducta, relegada a la condición de acción o movimiento. El desarrollo de métodos como la introspección y la postulación de complejos procesos inferidos en el interior del individuo (animal o humano) para explicar sus movimientos o acciones, fueron consecuencia de esta suposición fundacional. En este trabajo deseo mostrar dos cosas: primero, que esta suposición respecto de la diferencia entre conocimiento y acción o conducta, y la primacía del primero sobre la segunda en la explicación psicológica, está basada en un error categorial, error remontable a la fundamentación cartesiana de la existencia del alma a partir de un criterio de conocimiento. Segundo, que todos los actos de conocimiento son comportamiento, pero que no pueden identificarse como acciones aisladas, sino a partir de acciones constitutivas de episodios". (Ver Artículo Completo)
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Relaciones Entre la Conducta Abierta y Encubierta
El artículo posteado más abajo sobre Psicoterapia Analítico-Funcional tiene la gran virtud de tratar las relaciones entre "ejecución", "cognición" y "emoción" (todas conductas) en su exacta medida interactiva, donde ninguna de ellas predomina sobre las demás, ni es de naturaleza distinta, ni tiene por qué ser mediadora o determinante de las otras. Así, mientras que los modelos cognitivos y cognitivo-conductuales afirman que las cogniciones determinan la conducta (observable) y la emoción de las personas, y no las características ambientales, la perspectiva presente sostiene que las relaciones entre esos elementos son más complejas, pudiéndose enlistar hasta cinco modalidades gruesas sin llegar a agotar todas las que se podrían producir en combinación (pp. 208-210):- La primera relación es analizada sobre la base de la distinción entre conducta moldeada por las contingencias y gobernada por reglas. Las reglas pueden controlar ciertas conductas humanas en función de la historia previa del individuo con ellas y de las consecuencias que se producen por su cumplimiento o seguimiento. Cuando alguien se habla a sí mismo formulándose reglas de actuación o auto-reglas, ese pensar o verbalizar puede influir su comportamiento subsiguiente, igual que su comportamiento puede verse controlado por reglas externas formuladas por otras personas.
- La segunda relación implica los casos en los que el pensamiento se produce pero sin influir en otras conductas situacionales. El individuo piensa (y puede actuar con o sin consciencia) sin que esto influya en otras conductas. Entonces las conductas cognitivas, emocionales o de otro tipo están controladas por las mismas condiciones estimulares y se producen moldeadas por las contingencias.
- En otros casos (tercera relación), cuando la persona es consciente de la situación y su comportamiento, ese pensamiento sí puede influir parcialmente en la conducta aunque ella también esté bajo el control de los eventos antecedentes.
- En la cuarta relación la ejecución es controlada directamente por los eventos antecedentes, pero es seguido de ciertos pensamientos o verbalizaciones. Se produce cuando la persona actúa ante una determinada situación y después describe o justifica su conducta.
- Finalmente puede darse una variante de las relaciones antedichas, cuando en una determinada situación la persona actúa sin pensar previa ni concurrentemente. Ese comportamiento estaría exclusivamente moldeada por sus consecuencias, y dependería de la historia vivida por la persona. Por eso ante eventos antecedentes idénticos diferentes individuos pueden actuar de manera distinta.
Por tales y otros razonamientos es bueno beneficiarse con la lectura de este texto:
Psicoterapia Analítico-Funcional: Una Aproximación Contextual Funcional al Tratamiento Psicológico
Por Antonio Fernández Parra y Rafael Ferro García
RESUMEN
"La Psicoterapia Analítico-Funcional se basa en los principios de la filosofía conductual radical y el análisis de la conducta clínica, y forma parte de las terapias contextuales de la conducta. Se elaboró sobre el análisis conductual del ambiente psicoterapéutico, y acentúa las contingencias que ocurren en el contexto terapéutico, la equivalencia funcional, el reforzamiento natural, y el moldeamiento. Esta terapia pretende ir más allá del entrenamiento de habilidades, para ser un contexto para el aprendizaje a través de la propia experiencia. En este artículo describimos una teoría conductual del cambio terapéutico en el que la relación cliente terapeuta es el centro del proceso del cambio. Presentamos los principios de la Psicoterapia Analítico-Funcional, e indicamos como este enfoque puede ayudar con algunos problemas y trastornos psicológicos". (Ver Artículo completo)
miércoles, 27 de junio de 2012
El Mito de la "Revolución Cognitiva"
O´Donohue, Ferguson y Naugle (2003), en su escrito La Estructura de la Revolución Cognitiva: Un Examen Desde la Filosofía de la Ciencia, denominan “fenómeno socio-retórico” a una tendencia a rechazar ciertas cosmovisiones científicas sobre la base de creencias o antipatías personales reforzadas y mantenidas mediante un discurso lingüístico más que epistémico. Para verificar esta hipótesis hicieron una encuesta entre veinte conocidos cultores de la Psicología Cognitiva (Miller, Chomsky, Johnson-Laird y Neisser, entre otros), indagando sobre sus opiniones acerca de aquellos criterios epistémicos de Popper y Kuhn (falsabilidad, anomalías, etc.) que supuestamente justificaron el paso de una “concepción conductista” a otra “cognitiva”. Las pocas respuestas recibidas dieron a entender que la mayoría de teóricos cognitivos no utilizaba esos criterios para fundamentar su rechazo al conductismo, saliendo a relucir más bien ideas de tipo existencial, incompatibilidad temperamental con la parsimonia científica, antipatías directas hacia Skinner e incluso desconocimiento parcial respecto a lo que realmente proponía el paradigma competidor.
Esto da que pensar sobre los verdaderos motivos que produjeron ese fenómeno incorrectamente llamado “revolución cognitiva”. Dos preclaros historiadores de la psicología, T. H. Leahey (2005) y C. J. Goodwin (2009) se han ocupado de esclarecer la naturaleza de dicho mito, pese a o cual éste sigue vivo y se sigue difundiendo de manera casi militante en las aulas universitarias, tanto de psicología como de educación.
¿En que contexto se comenzó a hablar de una “revolución cognitiva”?
En la temprana década de 1960 hubo, como se sabe, una atmósfera turbulenta donde la lucha por los derechos civiles, el rechazo a la autoridad constituida y el conflicto generacional estaban a la orden del día. Las consignas de “cambiar el mundo” se vieron respaldadas en el ambiente académico americano por la aparición del libro de Kuhn sobre revoluciones científicas.
Según se deduce de las memorias de algunos psicólogos y estudiantes que vivieron en ese tiempo, como consecuencia de los factores estructurales ajenos a la profesión se tomó dicha obra de manera literal, extrapolando su contenido a la situación de aparente reemplazo de “un paradigma por otro” en la disciplina, sin pensar en la sobre-simplificación que implicaba semejante juicio.
Esta adaptación de la compleja realidad a la “camisa de fuerza” conceptual kuhniana popularizó el mito de la abrupta victoria de la “revolución cognitiva” sobre la “crisis” de un fantasiosamente monolítico paradigma conductista, sin tener en cuenta las diferencias que ya existían entre las diferentes teorías conductuales de aquella época (estímulo-respuesta, estímulo-organismo-respuesta, respuesta-contingencia-consecuencia, etc.) y el carácter de gradualidad incrementada de los intereses por la cognición que ya se venían acentuando desde mediados de los años 40 a su sombra. Incluso Watson —como recuerda el colega Roberto Bueno (1999) en su disertación sobre “La verdad sobre la revolución cognitiva”— se ocupó en su momento de temas relacionados con el pensamiento, la imaginación y los sentimientos (sin contar con el largo devenir del mentalismo clásico, ya existente en la psicología general desde sus comienzos). Por último, los propios “psicólogos cognitivos” no estaban suficientemente de acuerdo entre sí como para constituirse en un paradigma ajustado al estrecho esquema de Kuhn.
En conclusión
A la luz de un análisis escrupuloso de este asunto, no parece justificado seguir hablando de una “revolución cognitiva” que nunca se produjo. Como ha señalado Gabucio (2002) la concepción catastrófista kuhniana debe ser sustituida por el gradualismo de Lakatos, y "la transición del conductismo al cognitivismo (debe ser vista) como una transición con continuidad en lugar de como una ruptura paradigmática" (p. 253).
En general los llamados “paradigmas” de la psicología no han cejado en su producción desde 1960, e incluso la han diversificado fragmentándose en teorías o modelos de reciente factura. Todos sin excepción, por otra parte, se han ocupado de conceptuar o investigar sobre los fenómenos caracterizados como “cognitivos” o “mentales” de manera particular, es decir a su propia manera y con jergas técnicas distintas.
Así, resulta una afirmación de extrema arrogancia y dogmatismo que algunos de los cultores de esas teorías o modelos se atribuyan a sí mismos la facultad de ser los únicos que estudian ese sector del comportamiento que se denomina “cognición”. Tampoco debe confundirse simplistamente —como a menudo se hace en educación— el ejercicio de un estilo directivo de enseñanza-aprendizaje (llamado “tradicional” o “autoritario”) con el que promovería un paradigma conductista supuestamente dedicado a “condicionar” a los alumnos, en vez de enseñarles contenidos “significativos” sirviéndose del “aprendizaje por descubrimiento” como debería ser. Esa es una contraposición tan doctrinariamente inexistente como la de aducir de plano que los conductistas “niegan la existencia de la cognición (o de la mente)”, falla en la que incurren numerosos manuales de psicología elaborados por autores con una filiación teórica implícita o explícita, que creen saber más de conductismo que los propios conductistas.
REFERENCIAS
- Bueno, R. (1999, setiembre). La verdad sobre la revolución cognitiva. Memorias del IX Congreso Nacional de Psicología. Colegio de Psicólogos del Perú; pp. 17-18.
- Gabucio, F. (2002). El ùltimo Kuhn y la psicología. Anuario de Psicologìa, 33, 249-266.
- Goodwin, C. J. (2009). Historia de la psicología moderna. México: LIMUSA.
- Leahey, T. H. (2005). Historia de la psicología. Madrid: Pearson.
- O´Donohue, W., Ferguson, K. E. y Naugle, A. E. (2003). The structure of the cognitive revolution: An examination from philosophy of science. The Behavior Analyst, 26, 85-110.
jueves, 21 de junio de 2012
Libertad Personal y Determinismo
- Este lúcido fragmento sobre la solución al problema psicológicamente
enfocado de la aparente contradicción entre la libertad personal y el determinismo, le pertenece a Arthur W. Staats (Conductismo Social. México: El Manual Moderno; pp. 428-430). No encuentro mejor tratamiento conceptual explícito de este asunto desde un punto de vista científico:
A. W. Staats
"En el dominio de la conducta humana… aún existe fuerte oposición al determinismo científico en la causación. Los humanistas contemporáneos no desean tratar al hombre como un objeto de estudio —que supone que la conducta es causada por eventos especificables. Mantienen la espontaneidad, la libertad, la autodirección, la actividad. Rechazan una concepción determinista. Sin embargo, lo que vemos como un par de posiciones antagonistas no necesitan serlo. La conducta humana puede considerarse que es causada por otros elementos aparte de los eventos naturales —no por eventos sin causa (espontáneos), caprichosos o con una causa sobrenatural— sin rechazar la originalidad, actividad y autodirección características del hombre ni la experiencia de libertad y espontaneidad. Se sugiere que las leyes del aprendizaje elementales y humanas son leyes causales y que el individuo es lo que ha aprendido, en tanto que también es afectado por las condiciones presentes a que está sujeto. La libertad personal, autodirección, creatividad y espontaneidad que experimentamos pueden estar constituidas por la forma con que los individuos amplían su aprendizaje pasado mediante el razonamiento, planeación, metas con un propósito determinado, etc., incluyendo muchas veces combinaciones de conducta original que no se han aprendido. En todo caso la libertad, la autodireccion y la espontaneidad son además lo que experimentamos en nuestra propia conducta. Nuestros repertorios somos nosotros. Son nuestras individualidades, nuestro "ser". No podríamos recordar el conjunto infinitamente complejo de experiencias de aprendizaje que moldearon a nuestros repertorios. Los repertorios de la personalidad funcionan para nosotros como causas originales —son lo dado. Experimentamos nuestros planes, decisiones y nuestro razonamiento —repertorios complejos de respuestas aprendidas— como las causas de nuestra conducta.
Y también son las causas inmediatas. Cuando el individuo se involucra en el razonamiento o planeación de las secuencias de lenguaje de la conducta, y estas secuencias culminan en la evocación de alguna acción manifiesta, el razonamiento y la planeación son las causas de las acciones tomadas. Otros repertorios de la personalidad, que no involucran la evocación directa, también pueden tener como resultado la experiencia de la libertad personal y de la elección. Por ejemplo, dos hombres pueden empezar con el mismo empleo en una organización. Uno de ellos puede tener un sistema A-R-D (actitudinal-reforzante-directivo, o emotivo-motivacional) diferente al del otro y por o tanto encuentra el trabajo “aburrido”. “no motivador” o “no recompensante”. Después, cuando los dos hombres tuvieron diferentes grados de éxito, el primero podría hablar de su propia responsabilidad personal y experiencia de libertad con el siguiente tipo de expresión: «Los dos tuvimos la misma oportunidad. Él trabajó y desarrolló nuevas destrezas y yo no. Soy responsable por no seguir progresando». En un momento particular se ve como “el dueño de su destino”. Y está en lo cierto, porque sus repertorios de la personalidad han establecido las condiciones para lo que haga y llegue a ser.
También hay causación personal y experiencia de libertad en otra forma, que ocurre mediante las interacciones conducta-medio. Esto es, los repertorios de personalidad del individuo tendrán efecto sobre otras personas que él observa. Por ejemplo, podría observar que sus conductas (avaras, demandantes, deshonradas) le han aislado de sus amigos. Entonces podría decir que su medio social ha estado en función de sus propias acciones.
Se sugiere de este modo que la experiencia fenomenológica o existencial de determinar la propia conducta, de controlar el destino propio, surge de la auto-observación de los diversos procesos causales. El individuo observa sus decisiones, peticiones e intereses su efecto sobre los demás, sobre sí, sobre su medio, etc. Observa que de estas formas determina su conducta, lo que llegue a ser, lo que le acontezca, el cómo le respondan los demás, etc. También observa eventos similares en otras personas, algunas veces más claramente que cuando él es el objeto de la observación.
No observa ni está consciente de las causas del aprendizaje de su propia conducta o de los demás. Los determinantes son muy complejos, muchos ocurrieron hace mucho, incluso antes que el individuo los pudiera verbalizar. Los determinantes externos han tenido además tales interacciones tan complejas con los “determinantes internos”, como la toma de decisiones, de modo que las contribuciones de cada uno pueden difícilmente conceptualizarse aún en forma general, mucho menos mediante la experiencia individual. Por ejemplo, el individuo hace cosas porque decide hacerlo así. Las formas en que decida serán función de su experiencia pasada, pero su experiencia pasada también ha sido afectada por muchas de sus decisiones anteriores. Cuando una persona es un adulto le es imposible separa las dos fuentes de causación… Se propone… que una teoría del hombre debe dejar lugar a esta experiencia persuasiva de la autodeteminación interna… es importante reconocer que el individuo experimenta lo que ha hecho y los efectos que ello tiene sobre su conducta, su desarrollo conductual y las circunstancias de su vida.
En un sentido esta conciencia de la propia auto-determinación puede considerarse como un epifenómeno. Surge de las acciones de los repertorios de personalidad aprendidas del individuo y de los efectos que estas acciones tienen…. esta concepción ayuda a llenar la necesidad de entender nuestra experiencia de causación personal. También nos ayuda a cumplir la necesidad de entender la conducta humana dentro de la estructura de la causación científica”.
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