Mostrando entradas con la etiqueta Anticonductismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anticonductismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de julio de 2013

Falsas Creencias y Realidades Sobre el Análisis Conductual

Existen muchas creencias míticas y malentendidos sobre el análisis conductual y sus aplicaciones. La mayoría originadas en “leyendas negras” de larga data, debidas a antipatías viscerales contra la “intrusión” científica en la psicología, o desconocimiento de las bases que sustentan tal  práctica. Aquí se enumeran algunas de ellas, tratando de aclarar la bruma que las rodea.

1. “El análisis conductual sólo sirve para personas menores de edad o sujetas a educación especial (retardos y minusvalías)”. En realidad, el análisis aplicado de la conducta se ha utilizado con eficacia para el tratamiento y solución de una multitud de problemas, entre los cuales se pueden señalar:
  • Ansiedades y fobias diversas, obsesiones compulsivas, estrés post-traumático.
  • Dependencias y abusos químicos (drogas, alcohol, vicios diversos).
  • Discordia marital y problemas familiares y de pareja en general.
  • Disfunciones sexuales (todo tipo), y parafilias.
  • Trastornos de personalidad (patologías paranoide, esquizoide, antisocial, histriónica, narcisista evitativa, dependiente, obsesiva-compulsiva, disfórmica, demencial, bordeline, etc.).
  • Depresión.
  • Estilo de vida, malos hábitos y consumo alimentario.
  • Problemas de salud (oncológicos, dolor, estreñimiento, disnea, miopía, etc.).
  • Problemas de aprendizaje y retardo en el desarrollo.
  • Déficits académicos y sociales.
  • Comportamiento ecológico.
  • Manejo pedagógico.
  • Comportamiento ciudadano.
  • Comportamiento organizacional.
  • Economía y mercadotecnia.
  • Gerontología.
  • Psicología forense y penal.
  • Gobernabilidad y diplomacia.
  • Psicología del deporte y rendimiento físico.
  • Manejo de emergencias.
  • Delincuencia juvenil.
  • Adiestramiento animal.
Esta tecnología es considerada, en su mayor parte, como la más efectiva de la disciplina, como lo demuestran las listas de tratamientos psicológicos empíricamente confirmados por los estudios de organizaciones oficiales americanas y europeas.

2. “El análisis conductual comprende una serie de procedimientos fríos y mecánicos“. En realidad, involucra una gama inmensa de técnicas que van desde las más “simples” hasta las más “complejas”. La tecnología es abundante y no se reduce sólo a refuerzos y castigos elementales. Esta comprende métodos de modificación de conducta, de exposición directa y en fantasía, de entrenamiento de habilidades, de reestructuración racional y de modificación de esquemas. Todas esas técnicas, independientemente de sus procedimientos, se deben aplicar con el “calor humano” suficiente para ser efectivas en cada caso que se trate. De hecho, lograr que el cliente lleve a cabo fuera de la consulta tareas de autorregistro, exposición a circunstancias desagradables y exhibición de habilidades recién adquiridas, requiere establecer una relación muy cercana y cálida con él por parte del analista.

3. “El análisis conductual no tiene una ligazón con los procedimientos de laboratorio“. En realidad, todas las técnicas conductuales han sido sugeridas directa o indirectamente por el análisis experimental del comportamiento. El hecho de que en algunos casos no esté totalmente claro el principio o ley de conducta que fundamenta un procedimiento, o esté aún bajo discusión, no invalida la acción científica de elaborar una hipótesis provisional sobre la cual opera. Además, un modelo teórico (a condición de ser parsimonioso) siempre acompaña a las operaciones prácticas.

4. “El análisis conductual carece de una teoría“. En realidad tiene muchas, pues hay diferentes enfoques teóricos que pasan por el conductismo radical, mediacional, paradigmático, de campo, molar, biológico, sociocognitivo, interpersonal, etc. Cada uno se distingue por enfatizar algunos aspectos metodológicos, de organización lógico-estructural o principios que suponen básicos en la determinación de la conducta humana. Incluso dentro de las grandes ramas mencionadas existen matices de interpretación, lo que lleva a conformar un universo de propuestas competidoras entre sí, enriqueciendo el análisis.

5. “El análisis conductual es antigestáltico y atomístico (estímulos y respuestas pequeñas)”. En realidad, las dimensiones del objeto de estudio y la metodología de trabajo pueden ser de orden molar y molecular. Son las necesidades del analista de la conducta las que determinan su opción por alguna de las dos modalidades, o por una mixta, de acuerdo con el problema que trata o investiga. Así, puede decidirse por operar con “instancias de respuesta” (ejecuciones puntuales), o con “clases de respuesta” (constelaciones de diverso tamaño) según los resultados que anticipe conseguir con cada uno de ellas. Igualmente puede optar por considerar como estímulo una señal específica, o una situación más global.

6. “El análisis conductual sólo estudia y trabaja sobre aspectos observables (físicos y espacialmente visibles”). En realidad, estudia tanto fenómenos espacialmente delimitados como interacciones entre el individuo y su entorno, siendo éstas últimas, obviamente, las más numerosas en la conducta humana. Hay lo que se llama “comportamiento encubierto”: aquel que se puede “ver” indirectamente a través de aparatos de registro fisiológico (p. ej. su nivel de ansiedad), o a través del autorreporte verbal o textual del individuo (p. ej. su autoestima), o a través de la síntesis conceptual que se hace de su desempeño efectivo en un período de tiempo (p. ej. su inteligencia).

7. “El análisis conductual es una forma de tratamiento psicológico de orden directivo y autoritario”. En realidad, su manejo ofrece opciones de tratamiento tipo “tutoría” y “consejería”. La tutoría se prefiere cuando la edad o el carácter del cliente y de su problema se sujetan a una intervención instruccionalmente importante para ser efectivas. Es decir, cuando se necesitan dar reglas claras o indicaciones precisas para que se lleven a cabo puntualmente, dadas las carencias de lenguaje o de comprensión del cliente. En cambio, si éste posee un rico repertorio personal para conducirse de manera relativamente autónoma, la opción será la consejería y el asesoramiento.

8. “El análisis conductual evalúa la conducta sólo mediante registros de tasa de respuestas”. En realidad, utiliza varios tipos de evaluación. Uno de ellos es  el registro de conductas observables (frecuencia, duración, latencia, muestra de tiempo, productos permanentes), pero también apela al uso de autorregistros, escalas de actitud, listas de chequeo, inventarios y cuestionarios, que dan cuenta de diversos planos de la experiencia subjetiva humana.

9. “El análisis conductual tiene connotaciones inhumanas“. En realidad, analiza y resuelve problemas que afectan al individuo, al grupo, a la comunidad, al ecosistema y a las generaciones futuras, tratando de entender el comportamiento humano y lo que lo mantiene. Su práctica sirve para mejorar la calidad de vida, la salud física y la salud psicológica, probando técnicas eficientes de modificación conductual a manera de herramienta de construcción para crear un mundo  mejor. Dispone, asimismo, de organismos de regulación ética de sus aplicaciones, que permiten su ejercicio certificado, competente y responsable.

10. “El análisis conductual es un paradigma superado y está obsoleto”. En realidad se mantiene estable si no está creciendo, como se ve no sólo a través de su diversificación teórica y tecnológica, sino a través de su inmensa producción académica. Los libros que tratan de temas conductuales desde alguna de sus variantes, o que se ocupan de temas especializados desde las mismas, o que constituyen manuales de consulta sobre tratamiento de trastornos o problemas psicológicos, se publican o se reeditan cada año, sirviendo a toda la comunidad. Incluso podría decirse que brindan métodos y técnicas a colegas de otras corrientes paradigmáticas que, en sí mismas, carecen de una tecnología propia y terminan valiéndose de la conductual (a veces cambiándole de nombre) para operativizar sus presupuestos aplicativos. 

miércoles, 22 de febrero de 2012

"Las Contradicciones Internas en el Conductismo Skinneriano” de J. A. Mora ¿Caballo de Troya en una Página Conductual?

En la web de ABA Colombia (Asociación Colombiana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento) hay, desde hace años, una sección titulada “Seminario Skinner”, armada para servir de fuente teórica informativa sobre el Análisis Experimental del Comportamiento. Sin menoscabar tan loable propósito hay que admitir que la calidad de los textos allí consignados deja que desear, sobre todo debido a su deficiente traducción y presentación.
No obstante, ese no es el motivo de este post, sino cuestionar uno de los escritos subidos como material de consulta. Ese es un capítulo del libro editado por Fernández Castro y cols. (1992): Balance y Futuro del Conductismo Tras la Muerte de B.F. Skinner, firmado por el filósofo y psicólogo cognitivista hispano Juan Antonio Mora, titulado: “Las contradicciones internas en el conductismo skinneriano”.
La razón por la cual me fijo en este ensayo es que al costado de la pantalla aparece un rótulo que lo corona como: “La noticia más leída en relación al tema Seminario Skinner” (probablemente gracias a su “atractivo” título), y pienso: ¡Qué ironía que el texto más leído de una página que pretende facilitar la comprensión de Skinner sea, justamente, aquel que lo trata de tan mala manera! Porque el citado capítulo constituye en realidad una diatriba contra el conductismo skinneriano, con juicios de valor negativos, simplificaciones y tergiversaciones al peor estilo anticonductual. ¿Es este un texto que merezca ser puesto nada menos que en la web de una “asociación para el avance de las ciencias del comportamiento”, dándole el aval de seriedad que tal diatriba necesita para divulgarse a toda la comunidad académica?
Veamos algunas de las “perlas” que podemos encontrar en la citada fuente de “información” de Mora sobre Skinner.

"TORPEDOS Y BOMBAS"

Para empezar, ya en uno de los primeros párrafos se encuentra esta afirmación aparentemente inocente: “[Skinner] siendo relativamente joven, ya como «Asóciate Profesor» (1939-1945) realizaría su investigación más comentada: entrenar a palomas para guiar torpedos y bombas”. ¿Investigación “más comentada...”? A lo que huele esta observación es a una maniobra “subliminal” que está dando a entender que lo más relevante de la carrera de Skinner habría sido ocuparse de animales enviados al sacrificio en el cumplimiento de la más trivial (o criminal) de las actividades ajenas a la psicología: “guiar torpedos y bombas”.

"LIBERTAD Y DIGNIDAD"

Más adelante, Mora señala: “Skinner nos ha dejado una de sus últimas obras sobre los problemas éticos en la ciencia como Beyond Freedom and Dignity (1971), en la que argumenta que estos grandes conceptos, como son la libertad y la dignidad humanas, han quedado autodestruidos por los avances de la tecnología conductual, al igual que por los descubrimientos de las ciencias físicas y biológicas. No tiene empacho de llamar en esas páginas a estos eternos problemas «falacias sin sentido»”.
Si uno revisa con atención dicho libro no encuentra en ninguna parte tan despectivas alusiones. Skinner (1971/1982) deja muy en claro que él no cuestiona las acepciones de “libertad” y “dignidad” en el sentido tradicional de atribuírseles status de sentimientos o experiencias subjetivas, y dice: “Si eso significa que es mejor estar controlado de modo tal que ese control no ejerza consecuencias aversivas, podemos estar de acuerdo” (p. 55), porque lo que se llama “libertad” es para Skinner simplemente ausencia de control aversivo, no significando eso que no haya otras fuentes de control, y da abundantes ejemplos. Lo que cuestiona Skinner son los conceptos metafísicos de “libertad” y “dignidad” como estados mentales (cambios interiores espontáneos sin ligazón con circunstancias contextuales) asociados a los hechos de hacer lo que uno quiera y tener que ser admirado o castigado por ello. La tecnología conductual, lejos de atentar contra los estados subjetivos de sentirse libre y digno, asegura las condiciones naturales para que tales estados sean de tal modo asegurados que no necesiten ser recalcados a cada rato, ni utilizados para manipular el comportamiento a favor de ideologías demagógicas. Ese es el sentido en que debe interpretarse el título iconoclasta de “Más Allá de la Libertad y la Dignidad”.
Skinner y su padre en 1947

PRINCIPIOS DEL APRENDIZAJE Y "PASIVIDAD" DEL ORGANISMO

Luego, Mora vuelve al ataque lanzando esta vez su artillería contra lo que llama “principios fundamentales de la posición skinneriana de aprendizaje”, que él interpreta en dos de ellos de la siguiente manera: “generalidad de los principios del aprendizaje, estudiados en un número muy reducido de especies animales”, y “total pasividad del organismo en el proceso del aprendizaje, considerado como un mero receptor de las conexiones S-R que se le instauran”.
Examinemos uno por uno este par de sofismas.
En cuanto al primero, la generalidad de los principios de aprendizaje, Mora da algunas razones ligadas al conocido trabajo de los Breland, quienes habrían demostrado “que no se podían extender las leyes del aprendizaje descubiertas con ratas y palomas, no ya a los humanos, sino ni siquiera a otros animales de su especie”, añadiendo: “La sinceridad de los colaboradores rompía los dogmas del maestro”, insinuando que Skinner mentía adrede referente a eso.
En realidad, Skinner (1953/1971) no sólo no afirmó jamás a rajatabla que los principios fueran los mismos para todos, sino que anticipó las diferencias debidas a la especie en Ciencia y Conducta Humana: “La categoría propia de la especie es una variable a tomar en cuenta para valorar la probabilidad de cualquier clase de conducta” (p. 187). Estas diferencias pueden ser muy amplias entre una especie y otras, tan cierto como que hay distintos rasgos anatómicos y de fisiología interna que son determinantes. Las conductas de las diferentes especies son, así, posibles de cambiarse con mayor o menor dificultad en función de las características biológicas normales que exhiben en su ambiente. 
Por ejemplo, en el experimento en que los Breland entrenaron cerdos para que metieran en una alcancía los vales que se les otorgaban como reforzadores, éstos animales terminaban tirándolos al suelo y luego los lanzaban al aire con el hocico, lo que fue interpretado como una conducta instintiva sobrepuesta a la conducta entrenada (dado que los cerdos habitualmente empujan y agitan su comida por predisposición genética). Sin embargo, al asociar los vales con recompensas igualmente alimentarias (por ejemplo el agua) para el cerdo en estado de privación, éste sí los deposita en la alcancía.
Otra razón aducida en la misma línea por Mora es la de que “John García… demostraría que las ratas, esquivando las leyes clásicas del condicionamiento, «conocían», como «instintivamente» , que las náuseas les habían sido provocadas por un líquido agradable, a pesar del lapsus temporal, lo que las llevaba a «evitarlo» (1966)”. Y añade otra vez malevolamente: “Los principios clásicos del conductismo, como sucedió en los Breland, se desmoronaban de mano de lo «biológico»”.
Lo cierto es que el experimento de García, tan someramente mencionado y glosado con ignorancia de lo que es condicionamiento, se refiere al “aprendizaje por aversión al gusto”, y lo único que demuestra —igual que en el caso del cerdo— es que los organismos poseen en muchos casos una tendencia innata (seleccionada por evolución de la especie) a asociar ciertos estímulos con determinadas consecuencias.
En otras palabras, no es que los principios del condicionamiento no se cumplan, sino que se cumplen de manera particular dependiendo de la especie. La prueba de esto la dio el propio García, como reseñan Gerrig y Zimbardo (1985/2005): “Para impedir que los coyotes se coman a las ovejas… John García y sus colaboradores pusieron hamburguesas tóxicas de cordero envueltas en piel de oveja a las afueras de las zonas bardadas de los ranchos. Los coyotes se enfermaron, vomitaron y adquirieron una aversión instantánea por la carne de cordero. Su desagrado ante la mera vista de las ovejas los mantuvo alejados de esos animales…” (p. 195). Eso significa que las predisposiciones biológicas modulan, pero no impiden, el condicionamiento si éste se realiza teniéndolas en cuenta.
El segundo sofisma lanzado por Mora: “total pasividad del organismo en el proceso del aprendizaje, considerado como un mero receptor de las conexiones S-R que se le instauran”, no es mayormente fundamentado contra Skinner porque seguramente el crítico en mención cree que la prueba cae por su propio peso. Y es que, efectivamente, para un anticonductista que no entiende el ABC de la ciencia de la conducta, semejante afirmación, por descabellada que suene, es la piedra fundamental —diríamos el dogma— sobre el que se erige toda su construcción crítica. Para quienes si revisan lo que pretenden enjuiciar en lugar de emitir juicios irresponsables, está muy claro en cambio el papel “activo” del organismo que presupone el condicionamiento operante: el individuo opera sobre la base de las consecuencias que va generando, por lo tanto aquí no hay “pasividad”, ni “mera recepción”, ni “conexiones S-R” que valgan. ¿Se necesitan más pruebas que la vida real?

¿POR QUÉ UNA CRÍTICA DE ESA NATURALEZA?

Terminemos indicando cuál es el asunto de fondo en la crítica de Mora ¿por qué su tono mordaz, despectivo y descalificador de Skinner y del conductismo? ¿se trata acaso de un autor imparcial?
El asunto es que el autor del artículo “Las contradicciones internas en el conductismo skinneriano” pertenece a esa camada de psicólogos españoles (Carpintero, Carretero, Caparrós, Fernández-Tres Palacios, Tortosa, etc.) que, a fuerza de afirmar su “militancia cognitivista” en los 90s, lanzó una fuerte ofensiva en pro de amoldar la disciplina a sus convicciones. Así editaron y publicaron mucha “información” académica sesgada, y digo sesgada porque titulaban sus escritos en forma general como “psicología”, “historia de la psicología”, “epistemología de la psicologia”, etcétera; para presentar cuadros comprehensivos de la carrera vista desde su propia perspectiva paradigmática. Eso no es malo per se, lo malo está en: 
1) No revelar de arranque con qué enfoque simpatizaban los supuestos introductores a esos campos, queriendo pasar por gente “imparcial” que brinda un panorama bien informado a la comunidad, y 
2) Que, a través de dichas presentaciones, descalificaban histórica y epistemológicamente con mucha suficiencia a otras perspectivas paradigmáticas —entre estas, en primerísimo lugar, el conductismo—, sin entenderlas debidamente.
Lo cierto es que esa ola de tergiversación todavía se mueve literaria y mediáticamente, entre otras cosas debido al flaco favor que nos hace el Seminario Skinner con la divulgación de semejante escrito en su web. Soy testigo de que muchos estudiantes, e incluso profesionales, basan monografías y observaciones en clase con referencia a lo equívocamente dicho a través de este texto, por lo que puede afirmarse que está siendo algo así como la propagación de un virus anticonductual a manera de “Caballo de Troya”. 
Las criticas a un enfoque no están mal cuando se hacen escrupulosa y honestamente, pero sí cuando son utilizadas como armas de propaganda "anti". Pongámosle alto de una vez.

REFERENCIAS

Gerrig, R. J. y Zimbardo, Ph. G. (1985/2005). Psicología y vida. México: Pearson Educación.
Mora, J. A. (1992). Las contradicciones internas en el conductismo skinneriano. En Fernández Castro, y cols. (Dirs). Balance y Futuro del Conductismo tras la muerte de B. F. Skinner. Recuperado de: http://www.abacolombia.org.co/postnuke/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=200 
Skinner, B. F. (1971/1982). Más allá de la libertad y la dignidad. Barcelona: Fontanella.
Skinner, B. F. (1953/1971). Ciencia y conducta humana. Barcelona: Fontanella.

martes, 14 de febrero de 2012

PARA SER UN “BUEN ANTICONDUCTISTA”

Ser un “buen anticonductista” parece todo un arte. Pero no nos engañemos, es lo más fácil. Sólo se requiere cierto grado de antipatía visceral por todo lo que huela a supuesta “ciencia dura” en psicología, atracción por lo especulativo y lo misterioso, poco interés por el estudio analítico y, eso sí, mucho descaro para criticar lo que no se conoce. 
Además se requiere (y esto sí es de asombrar), una persistencia realmente heróica para dedicar gran parte del tiempo vital a reescribir las tesis conductuales de acuerdo con los propios prejuicios, y darse el trabajo de divulgar esa personal reinterpretación en todos los foros posibles: clases, charlas, libros, panfletos, artículos, internet, etc. En este último medio, por ejemplo, se pueden encontrar decenas de páginas escritas abierta o disimuladamente en contra del "conductismo" por personas que repiten ciegamente unos cuantos dogmas de uso común, y que por alguna razón en vez de escribir sobre aquello que saben o es de su competencia, dedican su valioso tiempo a ocuparse de este tema en forma negativa, divulgando inexactitudes.
He aquí enlistadas una serie de actividades usuales de los anticonductistas para llevar a cabo cumplidamente lo que ellos mismos ven como su gran misión en la psicología. Sus acciones podrían constituir, si queremos, un sedicente decálogo de “cómo ser un buen anticonductista”. Al igual que las formas de divugacion que se utilicen, ellas no son acumulativas, pueden ser ejercidas con independencia una de otra, de acuerdo con las conveniencias del anti de turno.
  1. No revises fuentes conductistas originales para no descontaminar tu visión y misión anticonductuales, Guíate por clichés y lo que critican otros anticonductistas, mientras más virulentos mejor.
  2. Haz lo posible por simplificar, sacar fuera de contexto o tergiversar lo que dicen los conductistas para que puedas construir una piñata a la que puedas aporrear a tu sabor. Total, muy pocos van a verificar si distorsionaste o no.
  3. Cuando te refieras al conductismo adopta siempre un tono despectivo y mordaz. Así le sugieres a la gente que estaría loca si toma esa propuesta con seriedad.
  4. Autopreséntate como un experto en el tema, para hacer creer que tú sabes más del conductismo que los propios conductistas.
  5. Dí que la ciencia actual es muy diferente a la que "construyeron los positivistas”. Así le quitas sustento epistemológico a la ciencia de la conducta.
  6. Repite hasta el hastío que el conductismo pertenece a un pasado ya superado por nuevos paradigmas científicos, como el cognitivismo o la neurociencia. Así lograrás restarle actualidad a su imagen.
  7. Da a entender que la ciencia de la conducta no sirve para tratar temas humanos, porque todo su interés está centrado en la conducta animal. Así provocas el desprecio hacia semejante “tontería”.
  8. Remarca que los conductistas no se preocupan por explicar los procesos cognitivos, internos, psíquicos, cerebrales, etc.; para sacarlos de circulación y dar paso a otras explicaciones paradigmáticas alternativas.
  9. Tiende cortinas de humo cuando algún conductista se te ponga al frente y desmienta tus argumentos, de modo que la gente se distraiga y no le preste atención.
  10. Presenta al conductismo como un producto ideológico imperialista diseñado para someter al hombre convirtiéndolo en un robot. De esa manera refuerzas tus argumentos manipulando sentimientos humanistas y revanchismo político.

Este post es complementario de otro anterior, al que puede accederse pulsando AQUÍ.

viernes, 27 de agosto de 2010

Réplicas a las Críticas del Dr. Mariano Yela en su Artículo Sobre "La Evolución del Conductismo"

Ultimamente me he puesto quisquilloso con respecto a las críticas exageradas con apariencia académica que se hacen al conductismo "en general". En este sentido, hace tiempo tenía entre ceja y ceja una respuesta puntual a un escrito bastante antiguo titulado equívocamente "La Evolución del Conductismo", cuya figuración en internet lo divulga sobremanera y lo hace actual (a pesar de que su autor falleció hace mucho), y cuyo contenido es  tan desorientador como prejuicioso para quienes se acercan de alguna manera al enfoque con ánimo de conocerlo mejor. La respuesta ya la terminé y la he colgado aquí.

RÉPLICAS A UNAS CRÍTICAS DE YELA CONTRA EL CONDUCTISMO

jueves, 5 de agosto de 2010

Interpretación de la Conducta Anticonductista


Dedicado a la "memoria infame" de algunos de los más obtusos y biliosos críticos del conductismo en la historia de las ideas: Sigmund Koch, Noam Chomsky, William McDougall, Joseph Wood Krutch, Arthur Koestler, Floyd Matson, A. A. Roback, B. D. Mackenzie, Jorge L. Tizón y tantos otros imitadores de menor cuantía...

INTERPRETACIÓN DE LA CONDUCTA ANTICONDUCTISTA
Alejandro Dorna y Hernán Mendez
(Fragmentos del Capítulo 3 de la obra “Ideología y Conductismo”, Barcelona: Fontanella, 1979, pp. 64-73)

Investidos por un comportamiento militante, la gran mayoría de los críticos anticonductistas esgrimen, como bandera de combate, una cierta verdad humanista universal... han logrado imponer un status ideológico a la reflexión en psicología. Poca importancia parece revestir que los juicios emitidos carezcan de fundamentos empíricos.
Algunas preguntas nos parecen pertinentes para mejor comprender la situación y el papel de los críticos:
¿Quiénes son los críticos?
¿Cuál es su status?
¿Qué representan?
¿Qué mensaje vehiculizan?
¿Qué intencionalidad tiene la crítica?
Incontestablemente un sector importante de los críticos pertenecen a la intelectualidad universitaria, militantes o simpatizantes con las ideas de izquierda. Sin embargo, dentro de esta “inteligentzia” podríamos —quizá arbitrariamente— distinguir dos grandes tendencias. A una la denominaremos “humanista contestataria”, pues la discusión parecen centrarla en los aspectos deshumanizadores y en el freno que el conductismo puede representar para el cambio social. A la otra, el término que hemos escogido para identificarla será: “humanista conformista”, en la medida en que su preocupación central gira en torno a los valores eternos del hombre y su puesto en la naturaleza.

1) Los críticos del humanismo contestatario 
Tributarios de un legado racionalista y científico, han incorporado muchas de las concepciones marxistas, sin que por ello se solidaricen forzósamente con su práctica política... en una gran cantidad de trabajos de los humanistas contestatarios se descubre, sin tener que escarbar mucho, que la práctica es apreciada más como producto del saber que como fuente del saber mismo.
Consecuentes con su información heterogénea, los detractores tenderán a representarse los problemas concretos como la expresión superficial de fenómenos más profundos y esenciales. La búsqueda de las fuentes trascendentales del pensamiento marcarán insensiblemente un cierto menosprecio por las cosas pragmáticas... Buena parte de su producción intelectual corresponde a un axioma lógico: la solución de los pequeños problemas sólo será real en la medida en que seamos capaces de desentrañar las raíces profundas que, en última instancia, las determinan. Axioma que, empapado de una cierta concepción del mundo, servirá de base al quehacer crítico, cuya herramienta favorita será el análisis metadiscursivo y la argumentación retórica.
Particularmente entusiastas en la denuncia de las arbitrariedades lógico-argumentativas e ideológicas de los demás, raramente demuestran una preocupación igualmente entusiasta por la verificación empírica de sus propias premisas. Su divorcio con los procedimientos experimentales es completo. En efecto, el tipo de trabajo que realizan y la forma como lo abordan se ubica preferentemente en las antípodas del quehacer científico.
Otro rasgo distintivo proviene de la propia actividad que realizan (profesores universitarios, escritores, ideólogos, etc.), cuyo contacto con la realidad se encuentra generalmente mediatizado por consideraciones intelectuales... conducta que es funcional a las tareas que se han asignado: producir pensamiento crítico. Forman en gran medida una suerte de “conciencia vigilante”, cuya labor fundamental corresponde, como diría Descartes, al discernimiento entre lo verdadero y lo falso, lo legítimo y lo ilegítimo, lo cierto y lo incierto. Claro está, en términos puramente lógicos. La dimensión experimental para verificar sus proposiciones se les escapa completamente, lo que parece no incomodarlos.
Productores de ideología... se yerguen como defensores de un hombre nuevo (abstracto) que estaría amenazado por la tecnología conductual. La destinataria de la argumentación anticonductista (humanista contestataria) sería una opinión pública sensibilizada a los peligros de la ciencia, y especialmente todos aquellos que se proyectan más allá de la sociedad vigente.

2) Los críticos del humanismo conformista 
La diferencia más radical entre los críticos contestatarios y los conformistas reside, fundamentalmente, en la importancia asignada al problema político y a la voluntad de cambio social. Sin embargo, comparten en gran medida las características socio-culturales y económicas con las cuales hemos perfilado a los detractores contestatarios.
Unidos indirectamente al poder vigente... cumplen plenamente un rol de conciencia vigilante. Atisban, desentrañan y advierten de los peligros que amenazan a la sociedad, aunque enmascarando generalmente los problemas reales, a través de una defensa ardorosa de los valores espirituales y culturales que han servido de base al sistema social actual.
Las tesis del dualismo cartesiano, en vez de causar picazones epistemológicas como a sus colegas contestatarios, son plenamente aceptadas y utilizadas con aristocrática propiedad. Constituyen los mejores exponentes del mentalismo y del idealismo filosófico, reaccionando con repugnancia, cortésmente contenida, ante la superficialidad, el pragmatismo, el materialismo, etc.
La ciencia, sinónimo de ateísmo y materialismo, tiene para los humanistas conformistas un significado perverso. Las fuerzas atroces desatadas por la ciencia y la tecnología son producto directo de una actitud deshumanizante que ha despreciado sistemáticamente los valores humanos, convirtiendo el espíritu en una función del cuerpo y del medio.
La antigua polémica entre materialistas e idealistas reaparece en forma vigorosa. Todo el “discurso” humanista conformista retendrá como argumento supremo el horror que les provoca la formulación de explicaciones que destronan al hombre como centro del universo y que excluyen la esencia divina del mismo... En sus alegatos en pro-del-hombre descalificarán al conductismo, porque, en términos concretos, representa la pérdida absoluta de su tutela sobre la psicología, último reducto sólido de las tesis del idealismo filosófico.

3) Las repercusiones de las imágenes anticonductistas 
Forjadores de imágenes, los representantes de ambas tendencias han logrado hacer del conductismo un monstruo sin rostro ni alma. Una especia de Anti-Cristo diabólico o un Anti-Marx mecánico.
Caso singular, en el cual los detractores han resultado ser mejores manipuladores de la conducta que los propios conductistas, elaborando a partir de tantos y tan dispares argumentos una posición lógica, coherente y en cierta forma defendible, sin más pruebas que la fuerza de sus juicios de valor y la explotación de las creencias y los temores de los neófitos.
Con porfía, los hechos nos están demostrando que el prestigio de la crítica... conserva aun su poder de persuasión, y la palabra escrita su magia inestimable. Como un Saint Beuve ayer, un Chomsky hoy, logran ser conocidos mundialmente por su labor crítica más que por el valor intrínseco de sus propios trabajos.
¿Qué hace que esta conducta se mantenga? En nuestra opinión... existe un evento reforzante especial. Su carácter militante... Soldados de una causa, los críticos han declarado la guerra a todo un mundo, a todo aquello que visualizan como relacionado con aquel... otros dos elementos se entremezclan para dar plausibilidad y autonomía tanto a las fuentes emisoras como a la calidad de los contenidos difundidos:
a) La actividad crítica (ideológica) no precisa responsabilizarse de las consecuencias que la misma tendrá sobre los demás. Su rasgo esencial está dado por su principio de “tomar o dejar”. El crítico elabora su pensamiento en una forma perfectamente individual, y dice en voz alta lo que piensa. Que su crítica tenga consecuencias no es su responsabilidad, pues su papel es denunciar, no hacer “justicia”.
b) La dialéctica crítica no pasa de ser una modalidad retórica, la cual constituye una gimnasia argumentativo-lógica, no precisa ni se siente obligada a presentar posiciones alternativas a las tesis criticadas. Así es como la crítica ideológica estará siempre próxima de la estética: no se sustenta en sí misma, sino en aquello que es capaz de evocar en el lector o en el espectador.
La enorme especialización del trabajo científico moderno ha impuesto que su quehacer y sus implicaciones epistemológicas y metodológicas sean cada vez menos conocidas por el público en general, e incluso por buena parte de los profesionales y técnicos que manipulan sus hallazgos. A lo cual se suma el gran retardo que existe entre el momento en que se descubren nuevas leyes y técnicas, y las posteriores correcciones y modificaciones que permanentemente se introducen. La divulgación realmente científica es generalmente tardía. El caso del conductismo es particularmente ilustrativo.
Entendámonos bien, a nuestro juicio la crítica ideológica es un instrumento útil y necesario, a condición de tomarla como reflexiones, jamás como verdades indiscutibles.

martes, 16 de septiembre de 2008

ENIGMAS: SOBRE EL LIBRO "FILOSOFÍA DE LA PSICOLOGÍA, DE BUNGE Y ARDILA

Hace años era muy popular un programa televisivo llamado “Aunque Ud. No Lo Crea”, presentado por el inefable Jack Palance. Podría utilizarse ahora la misma denominación para rotular una serie de cosas que pasan y que, pese a no tener que ver nada con enigmas del “más allá”, son intrigantes. Ahí va el cuento:
Casi finalizando la década de 1980 el Dr. Mario Bunge, Físico de profesión, propuso al Dr. Rubén Ardila, Psicólogo experimental, participar en una obra conjunta ocupándose de diversos temas vinculados a la filosofía de la psicología. Sin embargo, Ardila sólo contribuyó con dos ensayos de los doce incluidos, correspondiéndole a Bunge la elaboración de los demás. Entre ellos estaba el capítulo denominado “Conductismo”. Algo paradójico, porque Ardila es conocido como uno de los promotores del análisis (o síntesis) experimental de la conducta en Latinoamérica, y debía ser él quien tuviera la autoridad académica y científica para emprender la tarea de exponerlo. No sucedió así, y por ello el tenor del capítulo está escrito exclusivamente desde la perspectiva de Bunge hacia dicho enfoque.
Ese capítulo en especial se ha reeditado sin sustanciales modificaciones, ofreciendo un cuadro comprehensivo muy dudoso respecto al conductismo histórico y actual. Aquí no se puede hacer un descarte detallado de todas las afirmaciones y argumentos que despliega Bunge, muchos de ellos sólo esbozados y otros confusos. Su mayor fortaleza es lo expeditivo con que menciona las “taras” conductuales, haciendo eco de malentendidos harto repetidos por autores anteriores a él con respecto a los conductismos de Watson y Skinner. Pero al abstenerse de entrar en distinciones respecto a las múltiples variantes conductistas modernas, sus ideas muestran un desfase de cincuenta o sesenta años. ¡Un horror, porque el libro es considerado “un clásico” en el tratamiento actualizado de los temas epistemológicos de la psicología!
Dos sencillos ejemplos bastan para entender que el trato sobre el asunto “conductismo” se basa en conocimientos muy flojos, en malentendidos y hasta en bravatas:
Extrañamente, le achaca a Skinner ser un teórico E-R, y da a entender que gran parte de su información la ha sacado del manual de Zuriff (1985) sobre conductismo, añadiendo que no se puede estar bien informado sin consultar esa monografía (¿?). No obstante, aquella es clara a la hora de distinguir las diferencias entre el conductismo radical y el conductismo E-R. Zuriff, que es un autor de origen operante, dice, entre otras cosas lo siguiente: “Una de las interpretaciones de la psicología E-R se identifica con el reflejo. En una forma estricta, esta identificación es inválida simplemente porque la mayoría de teorías conductistas no ven la conducta como consistente de respuestas elicitadas por estímulos”. (p. 117)
Igualmente, dicho manual —contradiciendo lo que señala Bunge acerca del ateoricismo skinneriano— deja sentada la forma como los constructos hipotéticos se utilizan dentro del conductismo radical, cuando: a) sus propiedades no difieren sustancialmente de las características de los hechos objetivos. b) hacen referencia a hechos cercanos a la experiencia inmediata, y b) operan bajo el control funcional de variables ambientales y conductuales.
Por otro lado Bunge muestra permanente confusión respecto a la supuesta adherencia skinneriana al positivismo lógico ¿De dónde saca que el conductismo radical se atiene a los dogmas operacionalistas? Skinner más bien manifestó una oposición desdeñosa hacia ellos. De acuerdo con la opinión skinneriana: “Puede definirse el operacionismo como la práctica de hablar acerca de: 1) las propias observaciones, 2) los procedimientos manipulativos y de cálculo involucrados al hacerlas, 3) los pasos lógicos y matemáticos que intervienen entre las afirmaciones primeras y las últimas, y 4) nada más. Hasta ahora, la principal contribución ha procedido de la cuarta provisión y, al igual que ella, es negativa... No se han realizado avances positivos importantes en relación con las tres primeras provisiones, debido a que el operacionismo no cuenta con ninguna buena definición de una definición, ya sea operacional o de otro tipo. No ha desarrollado una formulación satisfactoria de la conducta verbal efectiva del científico... La aseveración original de Bridgman de que «el concepto es sinónimo del correspondiente conjunto de operaciones» no puede tomarse al pie de la letra…”. (Skinner 1945/1975: pp. 413-414)
En suma, el capítulo sobre conductismo está lleno de imprecisiones, y quien las comete es nada menos que uno de los filósofos de la ciencia más acreditados. Y su escrito es materia de discusión superficial y de difusión por fotocopias en instituciones universitarias a nivel de pre y post grado. Es verdad: Aunque Ud. no lo crea, ésto circula por ahí…


REFERENCIAS
Bunge, M. y Ardila R. (1988). Filosofía de la Psicología. Barcelona: Ariel. Última reedición del capítulo visible aquí
Skinner, B.F. (1935/1975). La naturaleza genérica de los conceptos de estímulo y respuesta. En Registro acumulativo (pp. 511-534). Barcelona: Fontanella.
Zuriff, G.E. (1985). Behaviorism: A conceptual reconstruction. New York: Columbia University. Press. Parcialmente disponible
aquí

ENLACES DE ENSAYOS, LIBROS E INVESTIGACIONES DE WILLIAM MONTGOMERY URDAY

1.    No son todos. Faltan varios, y también los que han sido borrados por problemas de Copyright o tienen enlaces rotos. 1.       1. http...