miércoles, 25 de enero de 2012

Habilidades Clínicas En La Terapia Conductual De Tercera Generación

Un apunte teórico que se necesitaba sobre este asunto:

HABILIDADES CLÍNICAS EN LA TERAPIA CONDUCTUAL DE TERCERA GENERACIÓN

Por: Jorge Barraca Mairal

En este artículo se repasan las técnicas de tres de las terapias de tercera generación conductual (Terapia de Aceptación y compromiso, Psicoterapia Analítico-Funcional y Terapia Conductual Dialéctica) para reflexionar sobre el tipo de destrezas que el terapeuta debe desarrollar si pretende lograr una actuación competente al practicarlas. Este examen lleva a distinguir entre: (1) habilidades de escucha y discriminación de respuesta; (2) habilidades de fluidez, repertorio y competencia verbal; (3) habilidades de ejecución motora; (4) habilidades de imaginación-creatividad; (5) habilidades de conexión-empatía; y (6) otras habilidades (trabajo de grupo entre terapeutas, meditación, atención plena, etc.). Un análisis de estas destrezas permite concluir que los nuevos desarrollos parten de las tradicionales habilidades del terapeuta cognitivo-conductual pero replanteadas y con formas decididamente más elaboradas. Por otro lado, se revela que las competencias habitualmente entrenadas en la licenciatura, así como las que pueden derivarse exclusivamente de la lectura de los textos en que se divulgan estas terapias, resultan limitadas para un trabajo eficaz dentro de estos nuevos modelos. En conclusión, se propone la implementación de una formación práctica o procedimental a través de talleres, materiales audio-visuales y supervisión de casos. Ver Artículo Completo.

Análisis Experimental de la Conducta Creativa

Un interesante artículo que sintetiza buena parte de la investigación experimental conductista sobre creatividad:

Aportaciones del análisis conductual al estudio de la conducta emergente: Algunos fenómenos experimentales

Por: Jesús Gómez, Andrés García, Vicente Pérez María T. Gutiérrez y Cristóbal Bohórquez


RESUMEN

En las últimas décadas de investigación básica desde la perspectiva del Análisis Experimental del Comportamiento se ha prestado una especial atención a los fenómenos complejos de control de estímulo capaces de generar comportamiento emergente o “creativo”. Estas investigaciones han permitido abordar experimentalmente algunos procesos psicológicos típicamente humanos como la formación de conceptos, la producción y comprensión de la conducta verbal y simbólica, la conciencia y el razonamiento complejo. De manera complementaria, se han realizado también extensas investigaciones sobre las bases conductuales de estos fenómenos en animales no humanos. En este trabajo se describen de forma integrada una selección de fenómenos experimentales representativos que sirven para explicar comportamientos progresivamente más complejos, y que emergen como una combinación entre la historia de reforzamiento de los sujetos y una situación novedosa. Ver artículo completo

sábado, 14 de enero de 2012

INGENIERÍA DEL COMPORTAMIENTO DEPORTIVO

Las aplicaciones tradicionales de la psicología del deporte se limitaban al estudio de la persona que realiza las actividades deportivas, circunscribiendo, además, sus “trastornos” a problemas emotivos sin entrar al análisis cuidadoso de su interacción con otras personas, eventos u objetos en proximidad. Aun cuando la situación fue cambiando desde los años 80, todavía hoy a menudo se buscan las causas del comportamiento en procesos mentales, se subordina su observación a tests psicométricos, y se basa la preparación del deportista casi exclusivamente en criterios de orden cognitivo “interno”, sin cambiar el entorno.
En contraposición, la psicología del deporte conductualmente entendida estudia todas las interacciones actuales y previas de los individuos que practican la actividad física o el deporte, así como lo que hacen quienes interactúan con él en la situación deportiva: entrenadores, árbitros o jueces, directivos, aficionados, ectétera; explicando la conducta y el rendimiento deportivo en función a las relaciones que establece el deportista con su entorno  social y físico, y no en problemas de motivación, personalidad o ansiedad internamente generados.
El ingeniero conductual del deporte utiliza su saber de los principios que rigen el comportamiento para formar o asesorar a otros especialistas, y también como agente directo de cambio. Dado que el desempeño deportivo excepcional requiere preparación en cuatro áreas principales (lo físico, lo técnico, lo táctico y lo psicológico), el experto en conducta debe poder participar en ellas eficientemente.
Dando un vistazo general a algunos de los aportes realizados por la ingeniería del comportamiento deportivo, podríamos enlistar los siguientes:
  • Investigaciones sobre la aplicación de los principios conductuales en situaciones deportivas específicas.
  • Asesoramiento al entrenador y auxiliares en el uso de la practica positiva y criterios de aceptabilidad.
  • Evaluación conductual y confección de sistemas evaluativos de proceso y resultados (registros, inventarios).
  • Técnicas para practicar destrezas (moldeamiento, encadenamiento, modelamiento, ensayo de conducta y otras).
  • Técnicas para la práctica del autocontrol y del afrontamiento (relajación, visualización, aserción encubierta, autoinstrucción entre otras).
  • Procedimientos motivadores (mediante el manejo de antecedentes o de consecuencias, retroalimentación, economía de fichas).
  • Programas de enseñanza basados en tecnología educativa y seguimiento de reglas.
  • Programas correctivos individualizados o grupales (áreas motora, afectiva o cognitiva).
  • Definición de componentes y subcomponentes deseables en las tareas de entrenador y deportistas:
  • - En el entrenamiento (asistencia, retención, repetición).
  • - En competencia (relajación, cooperación, destreza).
  • - Afuera (estilo de vida saludable).
Aquí adjunto los títulos de un conjunto de textos de orientación conductual en este rubro, que están en español:
- Brengelmann, J. C. (1982). Aportaciones del análisis y modificación de conducta al deporte. Revista de Psicología General y Aplicada, 17 (3), 417-436.
- Buceta, J. M. (1998) Psicología del entrenamiento deportivo. Madrid: Dykinson
- Gil Roales, J. y Delgado, M. (1994). Psicología y Pedagogía de la Actividad Física y el Deporte. Madrid : Siglo Veintiuno.
- Grosser, M.; Starischka, S. y Zimmermann, E. (1985). Principios del entrenamiento deportivo: Teoría y práctica en todas las especialidades deportivas. Martínez Roca. Barcelona.
- Leal, H. C. (1986). Analisis conductual aplicado al deporte: efectos de la retroalimentacion visual y el reforzamiento verbal en el softbol competitivo. Guatemala: Universidad Rafael Landivar.
- Martin, G. (2008). Psicología del deporte: Guía práctica para el análisis conductual. Madrid: Pearson Educación.
- Portilla, B. (s/f). Análisis experimental de la conducta aplicado al deporte. http://www.entornomedico.org/salud/deportesalud/articulos/art_conducta.htm
- Riera, J. (1985). Introducción a la psicología del deporte. Martínez Roca. Barcelona.
Riera, J. y Cruz, J. (1991). Psicología del deporte. Barcelona: Martinez Roca.
- Salmerón, M. I. (2006). La técnica del autocontrol aplicada al entrenamiento deportivo. http://www.efdeportes.com/efd92/autoc.htm
- Turner, R. D., Polly, S. y Sherman, A. R. (1981). Un enfoque conductual para programar el ejercicio individualizado. En Krumboltz, J. O. y Thorensen, C. E. (eds.). Métodos de Consejo Psicológico. Bilbao: Desclée de Brouwer.
Por cierto, dentro de las labores del ingeniero conductual dedicado al deporte también figura la obligación, común a todo especialista del comportamiento, de la autoevaluación permanente. Como dice Garry Martin (2008): "Las medidas continuas de rendimiento en el deporte se pueden usar para evaluar la eficacia de nuestras intervenciones. Las evaluaciones subjetivas de rendimiento por los usuarios de nuestros servicios nos indicarán si los deportistas, los entrenadores y otras personas están satisfechos con nuestros esfuerzos y con nuestros resultados" (p. 345).

miércoles, 4 de enero de 2012

ALFRED ADLER ¿UN “CONDUCTISTA INTUITIVO”?

De la extensa gama de psicoterapeutas y teóricos de la personalidad que pueblan el continente psicológico, Alfred Adler parece ser el único cuyas nociones son señaladas explícitamente por simpatizantes de corrientes ajenas —psicodinámica, constructivista, existencialista e incluso conductista—, como inspiración para conceptualizaciones y procedimientos, o simplemente como anticipaciones a desarrollos posteriores.
Sí amigo lector, está leyendo bien: “conductista” (por supuesto no en el sentido que se puede llamar sistemático). El que quiera ver que vea, y el que quiera oír que oiga. Ann Pratt (1985), una analista del comportamiento, ha hecho ver las coincidencias que el enfoque adleriano tiene con el conductismo de Skinner, y las enumera así:
  • Adler rechazaba la psicología de los rasgos, prefiriendo enfatizar las causas del comportamiento en el ambiente previo y en los objetivos (léase consecuencias generadas por las acciones del individuo). Para él la conducta era “movimiento” y el refuerzo “aliento”. Así el llamado "teleoanálisis" se parece a una versión pre-científica de la triple contingencia skinneriana.
  • A su vez, pensaba Adler que la consecución de los objetivos (léase los efectos del refuerzo) no requieren de la conciencia de la conducta. Estaba convencido de que en la mayoría de los casos no sabemos por qué hacemos lo que hacemos. "El inconsciente —escribió en 1913—, es lo que somos incapaces de formular en conceptos claros" (ver Ansbacher y Ansbacher, 1956/1959).
  • En la interpretación adleriana, las acciones que buscan efectos similares pueden estar dirigidas a objetivos diferentes. Por ejemplo, el llanto puede ser un intento de obtener atención o puede ser un "uso del temperamento" en una lucha de poder. Los conductistas radicales dicen, de otro modo, que comportamientos topográficamente similares pueden ser mantenidos por diferentes refuerzos.
  • La escuela adleriana muestra un escepticismo vigoroso sobre las teorías que aceptan discontinuidades entre comportamiento "normal" y "anormal". Los comportamientos constructivo y destructivo se adquieren de acuerdo con los mismos principios. Adler juzgaba que los movimientos y la personalidad eran rastreables principalmente en la historia experiencial, es decir, el estilo de vida es en gran parte aprendido. Para él, con el tiempo, la psicología del aprendizaje podría aclarar estos principios en detalle.
  • Para cambiar problemas comportamentales hay que cambiar nuestras prácticas, no nuestra "actitud" (esto es una anticipación a los programas de entrenamiento para padres, hoy tan frecuentes en el análisis conductual). Se debe cambiar lo que hacemos con los niños, y la adhesión fiel a los cambios el tiempo que sea necesario, ayudará a mejorar la relación. Por este camino, Adler llama a abandonar las medidas punitivas e incrementar los recursos positivos.
  • El comportamiento infantil de mala adaptación es comúnmente mantenido por la atención del agente socializador, y/o por una “lucha de poder” establecida entre los miembros del episodio. Esto recuerda las disquisiciones de Skinner sobre “contracontrol”.
Aquí no se detienen las similitudes. Hay cierto parecido entre muchas de las técnicas conductuales aplicadas con las sugerencias que hacen los adlerianos para solucionar problemas de conducta infantil (saciación, extinción, práctica positiva y negativa, rol playing, etc.). Lo cierto, según Pratt, es que los adlerianos muestran un “sabor funcional” en su teleología, oculto bajo el lenguaje sentimental, intuitivo y aparentemente ingenuo que caracteriza a las aproximaciones no conductuales. Incluso aquellos temas que se mantienen en extremos polares de discusión entre conductistas y adlerianos, como la asunción fenomenológica vs la funcional, o el holismo vs el análisis, son, si se ven de cerca, menos antagónicos. Por ejemplo, dice Pratt, Skinner menciona que bajo ciertas condiciones el organismo adquiere una lógica privada equívoca, la que, en cierto modo, se parecería a los “finalismos ficticios” de Adler.
Termina diciendo Pratt que, comprensiblemente, los conductistas radicales han tenido pocas razones para encontrar interesante la Psicología Individual. Sin embargo, desde que los analistas del comportamiento pretenden impulsar su tecnología en el ámbito de las interacciones sociales con niños y adolescentes, las nociones desplegadas por Adler pueden sugerir algunas pistas para un análisis y práctica eficaces.

REFERENCIAS

Ansbacher, H.L. y Ansbacher, R.R. (1956/1959). La psicología individual de Alfred Adler. México: Troquel. 
Pratt, A.B. (1985). Adlerian psychology as an intuitive operant system. The Behavior Analyst, 8(1), 39-51 (Spring).

domingo, 1 de enero de 2012

COGNICIÓN Y TERAPIA DEL COMPORTAMIENTO


Dr. Joseph J. Wolpe
Es poco conocido que Joseph Wolpe, además de extraordinario impulsor de la terapia del comportamiento, en particular la referida a la terapia por inhibición recíproca y al entrenamiento en habilidades sociales, fue un lúcido y hábil polemista. Una de sus contiendas puede encontrarse en el artículo Cognición y Causación en el Comportamiento Humano y su Terapia (Wolpe, 1980), dirigido centralmente a refutar las tendencias lideradas por Bandura y otros terapeutas de conducta cognitivistas. El contenido de la discusión es aún vigente y podría ser aplicado a situaciones actuales en que ciertas disquisiciones poco informadas tergiversan el papel que la cognición ha jugado en el conductismo histórico. Aquí extraigo un fragmento de ese escrito, subtitulado “La Cognición en Relación con la Terapia del Comportamiento” (p. 254):
  • “En el campo de la psicoterapia la creencia de que la cognición es un evento separado del comportamiento, ha sido una fuente de confusión por generaciones. Y ahora, mirabile dictu, esta creencia y su progenie de confusiones ha comenzado a infiltrarse en la terapia del comportamiento, la psicoterapia del conductismo… En un artículo en el American Psychologist, Mahoney aplaude la «reciente aparición de los esfuerzos por integrar los enfoques cognoscitivos conductistas a la psicoterapia». En términos de lo que ha emergido a raíz de nuestras consideraciones sobre la cognición, esto es muy parecido a hablar de integrar la hematología con la medicina, o el estudio del nitrógeno con el estudio de los gases. La «integración» por la que aboga Mahoney ha existido siempre en la práctica de la terapia del comportamiento como he de indicar más abajo. De hecho, sin duda, la idea de la «integración» tiene sentido sólo suponiendo que cognición sea algo más que comportamiento.
  • Los cognoscitivistas se han convencido de que los terapeutas del comportamiento han pasado por alto la cognición. Por ejemplo, Beck sostiene que los terapeutas del comportamiento no reconocen la cognición y «dan la vuelta en torno de los pensamientos». Tal planteamiento sólo pudo ser hecho por una persona que no está muy familiarizada con la forma como la terapia del comportamiento trabaja realmente con la neurosis. Podemos notar, antes de pasar a este tema, que en general la cognición es ineludible en la terapia del comportamiento, como en cualquier forma de psicoterapia y verdaderamente, en casi todas las actividades humanas. Inevitablemente el paciente percibe al terapeuta y piensa: «Aquí hay un hombre que puede ayudarme», nota los muebles y la decoración de la oficina, percibe los gestos del terapeuta y sus palabras, y responde a lo que percibe en emociones y en palabras. Si los terapeutas del comportamiento no han enfatizado estas cosas, es porque el hacerlo es tan redundante como mencionar, cuando indicamos que a un paciente se le aplicó una inyección intravenosa, que se utilizó una jeringa. La cognición es indispensable en las interacciones humanas y por esto es absurdo el «descubrimiento» cognoscitivo de que la terapia del comportamiento ha omitido el factor cognoscitivo”.
No sólo este fragmento, sino todo el artículo, es rico en argumentos y referencias experimentales, de modo que constituye un buen ejercicio para aquellos conductistas aplicados o simpatizantes que buscan razones teóricas en qué apoyar su concepción, y material breve pero valioso para la reflexión de aquellos no-tan-conductistas (o metodológicos) que, por carecer de sólidos hábitos de lectura o de intereses epistemológicos, simplemente siguen la corriente de los prejuicios más populares sembrados a raíz del posicionamiento de otros enfoques.

Fuente: Wolpe, J.J. (1980). Cognición y causación en el comportamiento humano y su terapia. En R. Ardila (Comp.). Terapia del comportamiento (pp. 246-260). Bilbao: Descleé de Brouwer.

Mentalismo Cerebral