
Es que en la conferencia Caballo se había referido varias veces a aspectos cognitivos del comportamiento, y al parecer, para una mentalidad anclada en el axioma de que la cognición y la conducta son “objetos” distintos, era inconcebible que un psicólogo simplemente “conductual” como Don Vicente pudiera hablar de fenómenos “psíquicos”.
Así es como el diálogo de sordos se establece sobre la base de dogmas y prejuicios. Como en el habla vulgar la “conducta” o “comportamiento” se ha identificado con la acción física y observable de manera discreta (a pesar de que el diccionario de la lengua no lo define así), no cabe para alguien educado en forma tradicional que algo tan abstracto como la “cognición” pueda caber allí, si no es a manera de proceso interno inspirador de la externalidad.
Pero la cognición también es conducta, sí señor.
Conducta o comportamiento es, en sentido lato, conducirse o comportarse. En suma, un proceso en el tiempo y el espacio que puede mostrar diversas facetas, algunas directamente observables y otras implícitas (eso no es privativo de la conducta, muchos fenómenos naturales tienen las mismas características). El comportamiento connota relaciones entre variables organísmicas y ambientales, de modo que actuar, pensar, hablar, sentir e inteligir forman parte de tales relaciones en un entramado complejo. El análisis exhaustivo de cualquiera de esos episodios denota siempre un agente (la persona y su equipo biológico) y un contexto (el entorno real, percibido o imaginado), donde los sistemas de respuesta sensorial-motor, emotivo-motivacional y lingüístico-cognoscitivo pueden distinguirse desde el punto de vista didáctico, pero centrarse en alguno de ellos como si fuera excluyente de los demás es un grave error.
En consecuencia ¿es posible hablar de “psicología cognitiva”? Sí, pero teniendo claro que se trata de un sub-conjunto o sub-sistema de respuestas conductuales que involucra el uso de determinados órganos y competencias no presentes, o sustancialmente no importantes, en otro tipo de interacción. También con la misma cautela se podría hablar de “psicología afectiva” o “psicología motora”, si fuera el caso en diferente nivel de análisis.
¿Por qué, pues, tanta confusión con este problema? La respuesta de primera impresión creo que nos remitiría al principio de este post, una especie de “escotoma psíquico” (permítaseme la metáfora para resumir los mecanismos de condicionamiento) que rechaza a priori cualquier “violación” al esquema dualista previamente fijado, que es, en este caso, partir de que lo “conductual” es sólo una manifestación física y externa de "lo que llevamos adentro". Claro que lo que acabo de decir en términos de fácil comunicación sería la prueba fehaciente para un psicólogo de los llamados cognitivos de que sí existe la oposición cognitivo-conductual desde que aludí algo “psíquico” que “causa” lo que se ve.
Pero se puede argüír a eso que el lenguaje no crea la realidad sino la interpreta con las herramientas que tiene a mano. Esto nos lleva a reflexionar más allá de la primera impresión, a saber, que el lenguaje coloquial o modo de referir los acontecimientos es el que hace aparecer la confusión dualista. Por eso hay que ir no al análisis de las palabras que describen nuestras prácticas (característica de la psicología folclórica o de sentido común), sino al de las prácticas mismas. En términos operativos, eso significa atenerse al suelo de observación, establecer anclaje empírico entre el constructo y el hecho, y utilizar un lenguaje técnico para describir sus relaciones. Justamente lo que ya ha hecho el análisis conductual, salvo mejor parecer...
Pero se puede argüír a eso que el lenguaje no crea la realidad sino la interpreta con las herramientas que tiene a mano. Esto nos lleva a reflexionar más allá de la primera impresión, a saber, que el lenguaje coloquial o modo de referir los acontecimientos es el que hace aparecer la confusión dualista. Por eso hay que ir no al análisis de las palabras que describen nuestras prácticas (característica de la psicología folclórica o de sentido común), sino al de las prácticas mismas. En términos operativos, eso significa atenerse al suelo de observación, establecer anclaje empírico entre el constructo y el hecho, y utilizar un lenguaje técnico para describir sus relaciones. Justamente lo que ya ha hecho el análisis conductual, salvo mejor parecer...
Post Scriptum
He vuelto a abrir esta entrada para añadir algunas cosas. Recibí el correo privado de un amigo y colega que se considera cognitivo, y me dice entre otras cosas que para él la cognición sí es algo diferente a la conducta, pues se rige por leyes propias. Me cita concretamente la lógica, el procesamiento de información y los principios de la gestalt.
Esos ejemplos no me parecen concluyentes. Se sabe, por ejemplo, que los principios gestálticos responden a procesos de condicionamiento de los cuales el "cierre visual" viene a ser un caso de tipo respondiente. Sería bueno que alguien dijera también (mi amigo no lo puede explicar) de qué manera las operaciones envueltas en el llamado procesamiento de información (codificar, comparar, localizar, almacenar, etc.) difieren del funcionamiento de las leyes conductuales. Por último, si aceptamos que la lógica no crea la naturaleza sino que procede de ella, no podemos sino afirmar que la representación lógica de los acontecimientos depende de sus mecanismos naturales. El aserto "Si p entonces q" no significa algo aislado del mundo, sino todo lo contrario: una representación simbólica de algo que ocurre en el mundo, y por tanto se supedita a las leyes que, en el caso de los organismos, no pueden ser otras que las leyes de la conducta, salvo que creamos en fantasmas...
Lo que el cognitivo promedio cree identificar como conducta es, en términos técnicos, sólo lo que un conductista llama "topografía de la conducta"; o sea movimientos o desplazamientos percibibles físicamente como lo que alguien dice o hace. Pero ese es sólo un parámetro. La conducta en su totalidad es mucho más que eso, involucra aspectos contextuales e históricos además de organísmicos.