sábado, 10 de enero de 2009

”NO IMPORTA EL DIAGNOSTICO, SINO EL EVALUADOR”

Uno de los hallazgos básicos de la comunicación social es que “no importa el mensaje, sino quien lo emite”. Esto parece confirmarse también en otros contextos, como es el caso de los diagnósticos clínicos de la personalidad. Hace años hicimos un experimento relacionado con eso (Montgomery, 2000, 2001), que recogía los antecedentes de tres famosas investigaciones:
1) La de Ulrich, Stachnick y Stainton (1963/1979) sobre el nivel de satisfacción de los individuos evaluados mediante test proyectivos, con el diagnóstico fraguado que les dieron (igual para todos).
2) La de Lorge (1938) sobre la conformidad o disconformidad de los sujetos de ciertas ideologías con juicios emitidos por supuestos líderes ideológicos de su misma corriente o diversa.
3) La de Hovland y Weiss (1952/1980), sobre el cambio de actitudes de las personas en base a mensajes emitidos por fuentes comunicativas de alta y baja credibilidad.
El objetivo del experimento era verificar los efectos del papel del evaluador sobre la aceptación de juicios clínicos acerca de la personalidad por parte de los propios estudiantes de psicología. Con ese fin se “evaluó” mediante una prueba proyectiva a 103 alumnos de distintos sexos con edades entre 19 y 23 años, asignados en 3 grupos en función a sus horarios de clase. El procedimiento con todos fue el mismo, lo que varió fue que a uno de los grupos (GE1) se le indicó que quien les hacía el diagnóstico era un prestigioso psicólogo clínico, experto en pruebas de tal naturaleza. A otro grupo (GE2) se le señaló que los que hacían el diagnóstico eran estudiantes de los últimos ciclos de psicología, practicantes en la especialidad. Finalmente, al 3er. grupo (GC) no se le dijo nada. A todos se les pidió que expresaran en dos escalas actitudinales su nivel de agrado y de conformidad con su diagnóstico (igual para todos sin que lo supieran).
Los resultados mostraron que en el GE1 el 17.5% de sujetos estuvo de acuerdo con el aparente diagnóstico emitido por un especialista. Si se suma esa cifra al 72.5% que no estuvo ni a favor ni en contra, se tiene un amplio 90% de esa muestra que razonablemente confía en los juicios clínicos sobre la personalidad. Por otra parte, en el GE2 sólo un 7% estuvo plenamente de acuerdo mientras que un 37% lo rechazó, constituyéndose un 56% total de aceptación cautelosa (indecisos más aceptantes). Finalmente, en el GC un 9% de acuerdo se enfrentó con un 19% de desacuerdo, habiendo 62% de indecisos. Así llegamos al 71% de razonable creencia.
De la comparación se sigue que, efectivamente, los participantes del estudio a quienes se les dijo que los analistas de su personalidad eran expertos, tendieron a valorar más los supuestos juicios clínicos que aquellos que creyeron ser evaluados por participantes. El grupo testigo mostró también un alto volumen de sujetos que no discreparon con el diagnóstico, quizá por considerar que sería el mismo administrador de las pruebas, psicólogo profesional, quien habría hecho el análisis.
En suma, funcionó el “valor de prestigio” de los etiquetadores de la personalidad más que el tenor de su mensaje etiquetador. Sin duda, las características nebulosas y ambiguas de la evaluación tradicional contribuyen a la generación de condiciones desinformativas, por lo cual una práctica más rigurosa (de análisis funcional) debería considerarse mejor.
REFERENCIAS

Lorge, R. (1936). Prestige, suggestion and attitudes. Journal of Social Psychology, 7, 386-402.
Hovland, C.I. y Weiss, W. (1952/1980). Influencia de la credibilidad de la fuente sobre la efectividad de la comunicación. En Ch. Insko y J. Schopler (Eds.). Psicología social experimental (pp. 114-129) México: Trillas.
Montgomery, W. (2000). Efectos del rol del evaluador sobre la aceptación de juicios clínicos acerca de la personalidad: Un problema de conducta social. En W. Montgomery, W. Capa y H. Montes (Eds.). Análisis de la conducta: Nuevos enfoques, aplicaciones e investigaciones (pp. 239-250). Lima: ASPPSI.
Montgomery, W. (2001). Un análisis experimental de la aceptación de juicios clínicos acerca de la personalidad. Revista de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. V(1-2), 197-208.
Ulrich, R.E. y Stachnick, Th.J. y Stainton, N. R. (1963/1979). La aceptación por parte de los estudiantes de las interpretaciones generalizadas de la personalidad. En R.E. Ulrich, Th.J. Stachnick, y J. Mabry (Eds.). El control de la conducta humana (pp. 453-456). México: Trillas.

3 comentarios:

manuel dijo...

Sólo me queda una duda
¿Qué porcentaje de los diagnosticos se acerban a la realidad de los evaluados y en que nivel se acercaban?

William Montgomery Urday dijo...

Como se dice en el post, los "diagnósticos" eran iguales para todos. Su redacción se basó en el modelo ofrecido por la investigación citada de Ulrich y cols.

Anónimo dijo...

Muy agradable de hecho probablemente voy a descargarlo. Gracias

Mentalismo Cerebral