jueves, 6 de enero de 2011

PSICOGRAFÍA MARXIANA

Si hubo una pasión intelectual en mí antes de ser conductista es el marxismo. Hoy veo la doctrina socialista tan poco benéfica en términos prácticos como irrealizable y me impacienta el discurso de los “románticos” de izquierda, pero otrora fue mi punto de mira, y debido a eso profundicé colateralmente sobre la psicografía de sus propulsores, entre ellos en primerísimo lugar —como no podía ser de otra manera—, Kart Marx.
Rescato como las mejores biografías del filósofo alemán las de Nicolaievski y Maenchen-Helfen (1937/1973), Berlin (1963/1973), Blumenberg (1962/1985) y, por supuesto, Mehring (1918/1968), el más parcial de todos. En ellas fluye una multitud de sugerentes pistas sobre la personalidad de Marx que deseo apuntar en esta entrada porque me parecen sumamente extrañas y escasamente conocidas, quizá por ser propias de un individuo tan notorio. Él no era ni un villano ni un héroe, sino un hombre de magnífico alcance intelectual que, sin embargo, no careció de defectos ni de tremendas contradicciones.
KARL MARX
Marx era en primer lugar un estudioso apasionado que, al decir de Bakunin, su gran rival ideológico contemporáneo, no tenía parangón en cuanto a sus muchas y provechosas lecturas. Era tal su capacidad de concentración que cuando trataba de “escapar” un tanto a su pesada labor analítica del mecanismo capitalista, se entretenía nada menos que jugando con cálculo infinitesimal. En sus jornadas de consulta y estudio en la Biblioteca de Londres era el primero en entrar y el último en salir. Navegaba entre montañas de documentación extractando lo principal gracias a su enorme cultura humanista y preparación económica.
No obstante, a pesar de que era extraordinariamente escrupuloso en su acopio de datos para poder escribir sobre algo, es cierto también que la misma pasión que ponía en la tarea lo traicionaba, y a veces sacaba conclusiones no muy realistas. Le pasó por ejemplo con la biografía que hizo de Simón Bolivar, plagada de errores y de juicios condenatorios injustos sobre el caudillo americano, y algunos afirman que también hizo una mala interpretación de la aventura revolucionaria de los comuneros blanquistas en 1870, a la que alabó sobremanera pese a que contrariaba sus propias enseñanzas.
Si ha de considerarse su repertorio de habilidades sociales y de trato interpersonal, forzosamente se concluye que Marx no era un virtuoso de aquello. Quienes mejor hablan de él entre los que lo conocieron personalmente, se refieren más que nada a su capacidad intelectual y no a su particular don de gentes. De hecho, era una persona fría y de carácter difícil que, si bien era considerado un buen padre y un buen esposo, se llevaba a duras penas con sus amigos más cercanos. Blumenberg (1962/1985; p. 139) señala que ni el propio Engels, el benefactor de Marx, se libró de los duros juicios que éste acostumbraba hacer respecto a sus enemigos acérrimos, como consta en algunas cartas que le dirigió a su esposa (su hija destruyó la mayor parte de esa correspondencia para evitar que se rompiera el secreto, pero no desapareció todo). Cuando falleció la madre de Marx, con quien aquel nunca tuvo una buena relación, se alegró de poder disponer por fin de su herencia, que le sirvió para pagar sus cuantiosas deudas. Antes, con ocasión de quedar “viudo” Engels, Marx le había escrito que hubiera sido mejor que muriera su propia madre en vez de la extinta conviviente del amigo, por razones utilitarias. En cuanto al hijo espurio que tuvo con su ama de llaves, no lo reconoció y jamás se interesó por él. Es más, engañó a su familia haciéndole creer que Engels era el padre, al punto que éste tuvo que desmentir el infundio años después en su lecho de muerte. Y es que, aunque aborrecía la moral burguesa, Marx y su mujer eran muy sensibles “al qué dirán”. Durante toda su vida trataron de aparentar una situación acomodada que no tenían, matriculando a sus hijos en buenos colegios y llevando un tren de gastos típico de clase media gracias al estipendio económico que Engels podía otorgar, y a alguna que otra entrada obtenida a cambio de trabajos ocasionales u otros medios. Su percepción “burguesa-conservadora” de los defectos maritales ajenos también ha quedado retratada en la correspondencia disponible.
ENGELS, MARX Y LAS HIJAS
DE ESTE
En su vida privada Marx era extraordinariamente desordenado. Llevaba, igual que su esposa, el trajín típico del bohemio, siendo capaz de trabajar obsesivamente durante días y después abandonar lo que estaba haciendo para sumergirse en un ocio total. En sus biografías (Nicolaievski y Maenchen-Helfen, 1937/1973, p. 296; Berlin, 1963/1973, p. 194) se suele reproducir el relato de alguien que lo visitó en su casa y describió el ambiente enrarecido por el humo del tabaco, las cosas (incluidos los libros) regadas por el piso y sobre los muebles en mal estado, y las condiciones poco higiénicas de la habitación. A menudo se escondía de sus acreedores instruyendo a sus hijos para que les dijeran “el Sr. Marx no está en casa” cuando se aparecían a cobrar por las subsistencias que le daban a crédito. Justo es decir que su situación económica personal tenía que ver directamente con la opción política revolucionaria que adoptó, y que consideraba un sacrificio necesario.
El pensador alemán (oficialmente apátrida) padeció de diversas enfermedades que se citan para explicar algunos rasgos de su comportamiento amargado y gruñón, e inclusive parte de su actitud frente al capitalismo. Entre otros males orgánicos, Blumenberg (1962/1985) apunta que el temible ideólogo del proletariado tenía tuberculosis, reuma, hepatopatía, forunculosis y migrañas (Todo eso le llevaba a quejarse de que estaba “apestado como Job”). Por lo demás, era un amante de las bebidas espirituosas y un fumador empedernido y, para colmo, de mal tabaco. El resultado en términos de comportamiento era un carácter agrio, irritable y descontentadizo.

HELENE DEMUTH, Ama de llaves
y madre del hijo espurio de Marx
¿Hasta qué punto la teoría marxista en lo que tiene de crítico y radical fue el fruto del comportamiento de un hombre orgánicamente enfermo y psicológicamente perturbado?
Eso no se puede saber, pero tampoco parece muy relevante. Marx no fue el único en delinear las bases fundamentales del proyecto socialista (incluso varios ideólogos antes que él enunciaron fragmentariamente discursos parecidos en los cuales probablemente se inspiró, como reseña Berlin, 1963/1973), y, además, si lo comparamos con sus sucesores, sale en verdad ventajosamente librado. Después de él aquellos que desde el Estado pretendieron seguir al pie de la letra sus enseñanzas no hicieron más que dogmatizar su doctrina y terminaron eliminándose entre ellos por herejía. Ciertamente, como señala el historiador Santos Juliá en su prólogo al libro de Blumenberg, nada garantiza que, de haber tenido la posibilidad física de hacerlo, la revolución soviética no hubiera eliminado al propio Marx en nombre de la teoría marxista.
Sean cual fueren sus problemas comportamentales no cabe duda que Marx fue un tipo genial, y si se equivocó, lo hizo en grande. Después de Jesús y probablemente de Hitler, debe ser el personaje histórico que más literatura ha inspirado sobre su vida y obra, y como ellos, igual de polémica. Quien esté interesado en acceder con brevedad a una serie de objeciones académicas que se le hacen a sus principales ideas económicas puede consultar el ensayo de Bunge (1985, Cap. 12) titulado “marxismo”.
Para terminar, algo que me parece digno de mencionarse, y de lo que un psicólogo conductista puede sacar buen provecho porque coincide con su lógica de análisis, es el punto de arranque de la filosofía marxista, declarado por Marx y Engels (1848/1965) en La Ideología Alemana: "Las premisas de que partimos... son premisas reales, de las que sólo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica" (p. 19). Creo que no hay una descripción mejor que ésta de lo que es la materia prima del ABC conductual. 

BIBLIOGRAFÍA

  • Berlin, I. (1963/1973). Karl Marx. Madrid: Alianza Editorial.
  • Blumenberg, W. (1962/1985). Marx. Barcelona: Salvat.
  • Bunge, M. (1985). Pseudociencia e ideología. Madrid: Alianza Editorial.
  • Marx, C. y Engels, F. (1848/1965). La ideología alemana. Montevideo: Pueblos Unidos.
  • Mehring, F. (1918/1968). Carlos Marx y los primeros tiempos de la Internacional. México: Grijalbo.
  • Nicolaievski, B. y Maenchen-Helfen, O. (1937/1973). La vida de Carlos Marx. Madrid: Ayuso.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, ¿Por qué en ocasiones se asocia al Conductismo con el Marxismo?

En algunas discusiones he defendido mi posición como conductista y he sido acusado de ser un "marxista", "imperialista" e incluso "fascista". Yo normalmente se lo atribuyo a que los no-conductistas suelen asociar al conductismo con lo aversivo y negativo desde su punto de vista. Por lo que si estoy discutiendo con una persona de perfil más conservador lo más probable es que me acuse de "comunista", y si lo hago con una de perfil opuesto probablemente me califique como un "fascista de ultra derecha".
Pero, ¿realmente existe una relación entre el conductismo y estas ideologías que son tan distintas entre ellas?.

saludos, excelente blog.

William Montgomery Urday dijo...

En la entrada

http://buecon.blogspot.com/2010/08/interpretacion-de-la-conducta.html

Los psicólogos chilenos Dorna y Méndez reseñan los perfiles de los dos tipos de críticos anticonductistas que predominan: los "conservadores y los "contestatarios", cada cual por sus propias razones.
Lo del conductismo "pro-fascista" es una verdadera tontería salida del desconocimiento y consiguiente mala interpretación de algunos escritos de Skinner, en especial "Walden 2" y "Más Allá de la Libertad y la Dignidad".
En cuanto a las ligas o relaciones entre conductismo y marxismo, existen ciertos nexos reales a nivel teórico, teniendo en cuenta su filosofía de la praxis, su materialismo antidualista, su contextualismo sistémico (o dialéctico), su seleccionismo evolutivo y su interés por el cambio social.
Sin embargo, a nivel político las cosas no son así porque en ese plano las necesidades del poder y de una élite partidaria hacen perder de vista el "alma" del método científico; el cuestionamiento de los hechos, la experimentación, el avance por ensayo y error, la autocrítica, el razonamiento frío, etc.; todas facultades del analista del comportamiento pero no del político tradicional marxista.

Felipe dijo...

Muchas gracias por su respuesta en la otra entrada.

Se nota que es un gran conocedor, espero siga escribiendo.

Saludos desde México.

Mentalismo Cerebral