En la primera imagen adjunta, extraída de la página
online del conocido fotógrafo y psicólogo Michael Fenichel, se
ve una de tantas reuniones llevadas a cabo en las convenciones de la American Psychological Association (en
este caso 2002), donde los Drs. Arnold Lazarus, Arthur Staats, Judith Beck y Thomas Lynch (en
representación de Martha Linehan) comparten mesa. Al fondo está el coordinador Ciryl
Franks y en el podio habla Carole Rayburn. Aunque no se ven en la foto, al otro
lado de la mesa estaban Albert Ellis y Steven Hayes. Todos terapeutas
conductuales de gran renombre, pero de variantes diferentes y con grandes
desacuerdos mutuos. El título de la Mesa Redonda fue muy sugerente: “¿Puede levantarse la verdadera terapia
conductual, por favor?”.
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C. Rayburn, C. Franks, A. Lazarus, A. Staats, J. Beck, T. Lynch |
La irónica denominación del evento ofrece un
fondo de verdad. Ellis equivale a decir "Terapia Racional Emotiva Conductual", Hayes patrocina la "Terapia de Aceptación y Compromiso", Lazarus rompe lanzas por una "Terapia Multimodal", así como Staats se bate por la "Terapia Paradigmática", Beck pone lo suyo en la "Terapia Cognitiva" y Linehan en la "Terapia Dialéctica Conductual". Y no son todas, faltan varias más. En suma, la tecnología conductual tiene múltiples manifestaciones. Para entender esto, se hace necesario hacer un recorrido por su devenir y significación.
Se considera, generalmente, que su trayectoria histórica pasa hasta hoy por cuatro etapas:
1) Antecedentes (1896-1938) vinculados a los principios del condicionamiento clásico, con aplicaciones de tipo exposición gradual y estímulo señal (Pavlov, Watson, Cover-Jones).
2) Surgimiento (1938-1958), al amparo de las teorías del aprendizaje, en tres grandes centros de desarrollo: a) EEUU, con la traducción psicoterapéutica conductual de fenómenos psicoanalíticos (Miller), y las investigaciones sobre aplicaciones operantes (Skinner y Lindsey), b) Sudáfrica, con el tratamiento por inhibición recíproca (Wolpe, Lazarus), y c) Inglaterra, con la experimentación clínica en el Hospital Maudsley (Eysenck, Franks).
Se considera, generalmente, que su trayectoria histórica pasa hasta hoy por cuatro etapas:
1) Antecedentes (1896-1938) vinculados a los principios del condicionamiento clásico, con aplicaciones de tipo exposición gradual y estímulo señal (Pavlov, Watson, Cover-Jones).
2) Surgimiento (1938-1958), al amparo de las teorías del aprendizaje, en tres grandes centros de desarrollo: a) EEUU, con la traducción psicoterapéutica conductual de fenómenos psicoanalíticos (Miller), y las investigaciones sobre aplicaciones operantes (Skinner y Lindsey), b) Sudáfrica, con el tratamiento por inhibición recíproca (Wolpe, Lazarus), y c) Inglaterra, con la experimentación clínica en el Hospital Maudsley (Eysenck, Franks).
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Joseph Wolpe |
3) Consolidación (1958-1970), aplícándose a
diferentes áreas de la psicología y desarrollando nuevas técnicas, a la vez que
sistematizando el campo de acción (Bandura, Staats, Kanfer, Mischel).
4) Expansión (1970 a la fecha), con énfasis en
lo “cognitivo” adoptando tres tendencias: a) “continuista”, que proviene de un
desarrollo natural de la etapa de consolidación que desemboca desde el modelo
ambientalista de autocontrol en procesos encubiertos presididos por similares
principios de condicionamiento que los manifiestos (Cautela, Azrin); b) “rupturista”,
que considera la cognición como un terreno separado de la conducta y
primordialmente influyente sobre ésta (Mahoney, D’Zurilla, Meichembaum), lo que
permite el acercamiento de modelos alternos como el de la reestructuración
cognitiva (Beck, Ellis); y c) “interactivo-integrativo” (Kanfer, Goldfried, Staats, Bandura), que adopta
criterios de equilibrio parsimonioso y de integración pragmática entre las dos
primeras tendencias.
En total, se cree que hay cuatro fuentes
primigenias de todas estas variantes: a) la conductista radical, b) la
conductista mediacional, c) el aprendizaje social, y d) la conductual-cognitiva
(que va desde los modelos tradicionales hasta el extremo de una visión clínica-constructivista).
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Aaron Beck y Albert Ellis |
Lo cierto es que la expansión en estas fuentes
no se detiene, y se puede decir que dentro de cada una de ellas ha habido más
desarrollos tecnológicos, e incluso teóricos, que las enriquecen más que
debilitarlas. Buenos ejemplos de ello son, por un lado, las terapias
contextualistas (Hayes, Kohlemberg, Linehan) vinculadas al conductismo radical
(entre las cuales de alguna manera quizá podría incluirse el análisis
contingencial de Ribes), y, por otro, las terapias postracionalistas vinculadas
a las opciones cognitivas rupturistas (Guidano, Young, Zafran*). No obstante sus
diferencias, puede decirse también que siguen compartiendo, parcialmente,
intereses y métodos comunes (algunos de ellos los he reseñado en esta misma
página, en la columna izquierda que va titulada “Conductismo”).}
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Steven Hayes |
A esta diversidad tan grande, difícil de
dimensionar en términos simplistas, se debe que los que no leen o han tenido
malos maestros en análisis conductual, suelan confundir muchos de los
desarrollos actuales de la tecnología behaviorista
como absolutamente ajenos o contradictorios a su enfoque, dado que el
estereotipo conceptual de “conductismo”, de “terapia conductual” o de
“modificación de conducta” que algunas fuentes difunden es muy rígido, limitado
y hasta caricaturesco. Esta imagen es propagada incluso por simpatizantes de variantes
conductuales o cognitivas rupturistas que, a veces, parecerían haberse
“informado” más de “conductismo” a través de lo que dicen los enemigos de éste,
que de la historia del paradigma y de su propio manejo teórico y entrenamiento.
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APA 2005: N. Azrin, A. Staats, G. Davison, A. Lazarus |
La respuesta a la cuestión planteada en la mesa
redonda es: “No hay (todavía) una terapia conductual, sino varias”. Lo que hay
es una competencia de variantes cuyo único árbitro definitivo será la mayor
eficacia en términos de resultados, y, por supuesto, de congruencia con los
principios básicos (que no necesariamente pasa por una recategorización
teórica). Eso debe tenerse en cuenta para el futuro, si no queremos más
confusión y disgregación.
Por cierto, en 1980 se creó una sociedad conjunta gracias al dinamismo del Dr. Ciryk Franks que, con el tiempo, se terminó llamando Association for Behavioral and Cognitive Therapies.
* El caso de Zafran es particular. Recientemente él ha aclarado que su influencia "cognitiva" fue puramente incidental, ya que siempre se sintió atraido por el psicoanálisis y otras corrientes.
Por cierto, en 1980 se creó una sociedad conjunta gracias al dinamismo del Dr. Ciryk Franks que, con el tiempo, se terminó llamando Association for Behavioral and Cognitive Therapies.
* El caso de Zafran es particular. Recientemente él ha aclarado que su influencia "cognitiva" fue puramente incidental, ya que siempre se sintió atraido por el psicoanálisis y otras corrientes.