lunes, 8 de noviembre de 2010

7 PECADOS QUE UN CONDUCTISTA NO DEBE COMETER

"GENEALOGÍA CONDUCTUAL"

Toda condición humana es, no sólo relativa, sino plena de defectos y virtudes. El psicólogo conductista no se exceptúa de esta regla, y es bueno tener claro en qué consiste ese conjunto de cuestiones clave para su desarrollo, formación e imagen profesional y científica. Aquí intento deslizar algunas sugerencias al respecto. de acuerdo con mi particular (y subjetiva) visión del asunto.
Como siempre resulta más fácil identificar aquello que no es conveniente antes que lo contrario, el orden de exposición que emprendo comienza por lo que no debería ser un conductista: sus “pecados” generales. Una aclaración previa justa y necesaria es que yo mismo, como conductista convicto y confeso, no me considero por encima de estas observaciones, por las que creo haber pasado en algún momento y quizá todavía mantengo en algún caso como parte de mi “saldo en negativo”.
Exponer esto en un orden de “siete pecados” es, simplemente, una manera de organizar el contenido de forma atractiva. Me reservo para otra oportunidad hacer la lista de las “siete virtudes”, aunque ya a partir de lo dicho acá el lector podrá sacar sus propias conclusiones.
En suma, aquí va la relación de defectos o “pecados” tal como los concibo:


I. SER EXCLUYENTE

La historia muestra que han existido, y aún coexisten, diversos tipos de conductismo (radical, de campo, psicológico, relacional, molar, y una variedad de conductismos metodológicos tales como el sociocognitivo, multimodal, y otros), que comparten ciertos supuestos. Es más, el conductismo de Watson nace ya como una síntesis de modelos afines anteriores (el conexionismo de Thordnike y el asociacionismo pavloviano). Sin embargo, hay quienes piensan que el tipo de conductismo a que adhieren es el único posible y todos los demás son falsificaciones, o, por lo menos malas interpretaciones.
Esta postura suele ser intolerante para con las demás alternativas, a las que a menudo descalifica por entero. Los conductistas  de algunas orientaciones buscan conformar grupos aislados del resto de variantes conductuales, afirmando de manera explícita o implícita no recoger (aparentemente) ningún concepto, método o aplicación ajenas. Algunas variedades extremas se caracterizan por el continuo planteamiento de nuevos aproximaciones y neologismos para designar o dimensionar fenómenos, procesos o problemas conductuales antiguos de otra manera, en un intento de “reconstruir” la disciplina a su medida.


II. SER CONDUCTISTA SIN SABER QUE SE ES CONDUCTISTA

Una gran población de colegas que trabajan metodológica y tecnológicamente con el análisis conductual de alguna manera cree que lo que hace no tiene que ver con conductismo, o sólo tiene que ver de forma lejana e inconmensurable. Son los “conductistas metodológicos”, identificados ahora con lo que se llama “cognitivismo-conductual” o “cognitivismo” a secas.
Ellos no se sienten tocados cuando advierten una crítica excesiva o disparatada contra los fundamentos conductuales, y peor aún, pueden creer que ese tipo de críticas son correctas y que ellos mismos ya superaron (o nunca pasaron por) dicho “estadio” gracias al culto del E-O-R. Esta nutrida población se inclina a pensar en ocasiones que le debe más a teóricos tales como Piaget, Maturana, Maslow o Erickson que a Skinner o Watson, y que le debe más al constructivismo y a la neurociencia que al análisis experimental del comportamiento. Aquí se da la paradoja de que se proclama teóricamente como “mecanicista” la lógica del análisis comportamental, mientras que en la práctica se le utiliza abundantemente para operativizar los nebulosos constructos que se extraen de enfoques psicológicos no conductuales.


III. SER UNA CARICATURA DEL "CONDUCTISTA"

En alguna medida, felizmente de orden cada vez más restringido, se ven colegas que, por decirlo así, parecen mostrar un especial interés por confirmarle a los contradictores del conductismo que, después de todo, sus críticas tendrían razón... Se esmeran por subrayar el carácter lineal y asociacionista de las conexiones estímulo-respuesta y el límite físico entre “observabilidad” e “inobservabilidad” de la conducta. Pregonan que la mente no existe (entendiendo por tal sólo su versión metafísica) y que lo único analizable es la "conducta" (entendiendo por tal sólo la topografía), en especial de ratas y palomas, estando demás todo lo que huela a “constructos” sin anclaje empírico directo.
Esta postura ultrapositivista rechaza concebir algo en términos de interacciones o de relaciones asintóticas, y carece de flexibilidad teórica. Parece salida de la máquina del tiempo allá por la década del 30, cuando el propio Skinner no escapaba totalmente del experimentalismo fisicalista-empirista.  Por ello constituye un bocatto di cardinale para el paladar de psicólogos educativos, clínicos y psiquiatras anticonductistas, siempre ávido de encontrar debilidades en la posición conductual a fin de exhibirlas como prueba de sus aseveraciones postmodernas contra el uso de la ciencia en una profesión “humanista” como la psicología.


IV. SER DEMASIADO “TEÓRICO”

Estrechamente relacionada con el pecado enunciado como exclusionismo, está la perspectiva de aquellos que cargan demasiado énfasis en los planos teórico y filosófico, sin ligarlos debidamente con la práctica. Son los que por moverse continuamente en un ámbito restringido a la intercomunicación con colegas de su propio enfoque, o por carecer de experiencia profesional, o por ser todavía estudiantes (con todo el entusiasmo juvenil de la “novedad” y de haber “encontrado su lugar” en la discusión paradigmática), se vuelven rígidos en su apreciación conceptual.
Llevada a su extremo, esta postura se convierte en dogmática y excluyente, amén de poco funcional al quehacer aplicativo. La continua preocupación teórico-purista a veces se caracteriza por monotemática, tratando una y otra vez los mismos asuntos cuasi-filosóficos como si fueran el único problema, y negando la posibilidad de que hayan construcciones teóricas distintas a las estipuladas doctrinariamente por el grupo o tipo de conductismo al que adscriben. Lamentablemente, la imagen que se proyecta a través de semejante postura es la de una absoluta inutilidad del análisis conductual para resolver demandas sociales urgentes.


V. SER DEMASIADO “PRÁCTICO”.

La perspectiva en contrario a la anterior se liga, en cambio, a la “inconsciencia conductual” de quienes trabajan en análisis conductual sin aceptarlo plenamente. Quienes se mueven  en este terreno -generalmente con fines comerciales-, suelen ignorar la coherencia sistemática y legal que puede y debe haber entre las cuestiones básicas y teóricas (léase análisis experimental del comportamiento) y las aplicadas (léase modificación o terapia de conducta); e incluso, en la urgencia desesperada de resolver demandas sociales, promueven una forma de eclecticismo desbordante que no se preocupa de integrar procedimientos eficientes de otras aproximaciones dentro de un marco de referencia conductual como debería ser. Dichos procedimientos son tomados como vienen, sin importar su fundamento, a pesar de que en la práctica se aplican con la ayuda del aparato metodológico e instrumental conductista para hacerlas operativas.
La teoría conductual es vista como obsoleta o inexistente y por ello estos colegas toman al azar fundamentos teóricos y filosóficos de otras canteras, aunque sean en muchos casos incompatibles con la práctica que realizan (a veces he encontrado gente que utiliza herramientas conductuales de evaluación junto con el test de Machover, p. ej.). Es más, se cree que lo que hace efectiva la terapéutica es su carácter “cognitivo” o “dinámico” y no “conductual”, pues están convencidos de que a través de la modificación de lo “externo” (la topografía de la conducta) están llegando a cambiar lo “interno” (mental).


VI. SER INCULTO Y SECTARIO

Como dice Bunge, ser culto en esta época no es sólo haber leído las grandes obras clásicas, ni menos ser un lector de novelas actuales tipo best seller, sino estar al día con los avances de la ciencia en general, por lo menos medianamente. Y yo añadiría que para un psicólogo conductista es necesario también conocer algo de lo que proponen sus adversarios. Desde mi punto de vista, en el ámbito profesional no encuentro nada más aburrido que leer artículos o libros conductuales que ignoran o revisan superficialmente argumentos de tendencias psicológicas ajenas, sin intentar siquiera confrontarlos, o mejor aun, compatibilizarlos con el propio enfoque. En suma, eso es exáctamente lo que suelen hacer los anticonductistas con la literatura conductual: descartarla a bulto y crear en su lugar un monigote al cual poder aporrear a gusto. Si criticamos ese tipo de prácticas excluyentes y distorsionadas no podemos repetirlas a nuestra vez.
De hecho, pienso que mucho de lo que se dice desde distintas trincheras de las corrientes psicológicas es lo mismo con diferente lenguaje. Pese a ello, tendemos a exagerar las diferencias y a darle vida a los términos interpretándolos literalmente, sacándolos fuera de contexto. Repito: si otros lo hacen con los escritos conductistas eso no justifica que los conductistas hagan lo mismo. Una adecuada lectura de supuestos ajenos podría ayudar a tender puentes en la comprensión mutua.


VII. SER VITALMENTE INCONSECUENTE

Aunque parezca extraño, en ocasiones se encuentra gente que está consciente de ser conductista y no rechaza ese título, pero cuyas creencias y valores están en completa contradicción con la naturaleza determinista y causal, y al margen de correlatos filosóficos cercanos al monismo y al materialismo. Estos colegas dicen que cuando salen de su laboratorio se convierten en personas "comunes y corrientes", que, por ejemplo, se casan por matrimonio religioso, van a misa los domingos y se persignan cuando pasan frente a una Iglesia. Otros profesan ideas geopolíticas, partidarias o académicas oportunistas, o ideas más cercanas a la superstición que a la razón.
Otros, como conductistas aplicados que son, predican sobre salud y estilos de vida, rubros los cuales como se sabe son actualmente banderas del análisis conductual terapéutico y comunitario (educación para la salud, actividad física, prácticas nutricionales, higiene personal, manejo del estrés, conductas de seguridad, manejo interpersonal, etc.); pero la imagen que dan es la de individuos con graves problemas de estrés y de habilidades sociales, desapego a la disciplina y descuido físico.
Recordemos que la mejor recomendación de un prestatario de servicios a sus usuarios es la de consecuencia con sus propias reglas. Y esto también se extiende a la imagen paradigmática. Ser conductista es también parte de un estilo de vida equilibrado y saludable.

3 comentarios:

FREDRIK LÚCAR VIDAL dijo...

¡EXCELENTE POST PROFESOR!
Debo admitir que peco, entre otros pecados, del entusiasmo juvenil de la “novedad”: primero, porque acabo de dejar la etapa estudiantil de pregrado y, segundo, porque la intercomunicación es bastante limitada en el enfoque conductual (y fuera del enfoque todos le huyen), aunque para ser sincero conozco y doy fe de buenas excepciones, pero estas excepciones son empresas e iniciativas estudiantes que necesitan urgentemente una afiniada tutoría y dirección más afinada (como los grupos de investigación de otras disciplinas). A seguir en la labor. Saludos.

William Montgomery Urday dijo...

Gracias. Eso de la intercomunicación limitada en el enfoque conductual es cierto. Todo lo contrario parece ocurrir en pagos paradigmáticos ajenos al conductismo, donde se ve gente orgullosa de exhibir y difundir su enfoque, por más que su actualidad o logros sean muy discutibles. Así logran crearse una imagen distinta a la real y causan impacto en vastos sectores.

Darwin dijo...

Muy buena publicación y resumen de las características que lamentablemente muchos representantes, tanto estudiantes como profesores, profesan; la mayoría de veces sin tomar en cuenta los efectos negativos que causan a esta visión de ver la psicología. Aunque sabemos que la asociación argumentos y los artífices de estos argumentos se resume con la palabra falacia, debemos aprovechar esta forma de rudimentaria de "validar" prácticas para al menos estar presentes en el contexto profesional.Por último, como todo joven conductista "pequé" en la número cuatro.