sábado, 11 de febrero de 2012

¿Quiéres Trabajar con la Seguridad de ser Útil? Usa la Lógica Conductual

Existen dos apotegmas que ilustran cómo comprobar lo que sirve o no: “La práctica es el criterio de verdad” y “La prueba de que existe la torta está en comerla”. Esto, aplicado a la psicología, debería traducirse en el aserto de que la coherencia entre la lógica (filosofía-teoría-metodología) que sustenta un enfoque y sus derivaciones tecnológicas, es empíricamente verificable a través de la confirmación de las hipótesis lógicas (investigación-principios-leyes) mediante la práctica efectiva (modificación de los eventos bajo estudio en el sentido planificado).
En este sentido la lógica conductual tiene un alto nivel de verificación, porque casi todas sus técnicas desarrolladas por medio de investigaciones rigurosas figuran entre las intervenciones psicológicas con apoyo empírico recomendadas por la APA, para intervenir sobre problemas adultos, adolescentes e infantiles.
Se ha remarcado que las técnicas conductuales provienen de cuatro fuentes: análisis experimental de la conducta (p. ej. reforzamiento, moldeamiento, extinción, sobrecorrección, etc.); conductismo metodológico (desensibilización sistemática, relajación, inundación, entrenamiento asertivo, etc.); aprendizaje social (modelado, ensayo conductual, rol playing, etc.); y orientaciones heterodoxas (conductual-cognitivas y cognitivo-conductuales). En estos últimos casos la diferencia entre ellas es de orden empírico: “a más sustento experimental, más conductuales (autocontrol, autoinstrucción, inoculación del estrés, condicionamiento encubierto, etc.) que cognitivas (reestructuración racional y cognitiva, solución de problemas, clarificación de valores, etc.)”. Yo añadiría que “a más uso de variables de lenguaje e imaginación como respuestas condicionadas, más cognitivas”.
La relación de las técnicas denominadas “cognitivas” con el quehacer conductual generalmente ha sido mediatizada, enmascarada o ignorada, debido a dos factores: 1) la creencia (lamentablemente ignorante) de que el conductismo "sólo se vale del condicionamiento sin considerar procesos de cambio cognitivo", como si ambos fenómenos fueran incompatibles o inconmensurables; y 2) el escape del castigo social que algunos suponen que puede ocurrir al decirse “conductista” o “tecnólogo conductual” a secas en esta época.
Por lo demás, también se ha polarizado el asunto llevándolo a un falso dilema: ¿es la cognición del individuo o el ambiente que lo rodea lo que “inicia” el comportamiento? Se ha hecho “cuestión de estado” esta discusión absolutizando los términos, sin parar mientes en que todo es relativo a la función que cumple el observador o controlador en la caracterización del episodio de conducta. En realidad, el “inicio” del comportamiento es fijado por las necesidades del análisis práctico: algunas veces será útil para analizar o cambiar el comportamiento considerar que hay que empezar por la conducta verbal o sensorial manifiesta o encubierta, y otras veces será útil empezar por el entorno social o físico. No hay contradicción, porque es claro que se trata de un episodio interactivo.
Por lo demás, Skinner anticipó temas como el autocontrol, la solución de problemas y el control instruccional que inspiraron a los autores "cognitivo-conductuales" a elaborar sus conocidos procedimientos terapéuticos y educativos.
La lógica conductual que va, como se ha dicho, desde la filosofía hasta la tecnología en un continuo coherente (se habla sobre la conducta, se estudia la conducta, se investiga la conducta, se manipula la conducta y se modifica la conducta), tiene una alta probabilidad de ser útil para el practicante profesional de la psicología. No es, como lo dicta el prejuicio popular, algo simple ni limitado. Un problema para su difusión ha sido la “vocación” básica y filosófica que tienen muchos de los cultores que eligen su enfoque, evitando un mayor centramiento en la parte aplicativa. De ahí la ausencia relativa de post-grados, cursillos y talleres dedicados a la enseñanza de métodos de evaluación y tratamiento que no lleven el calificativo de “cognitivos”, porque los pocos psicólogos conductuales que sí tienen interés en lo práctico no suelen ser, como se dijo más arriba, muy esclarecidos teóricamente o tienen miedo a ser llamados “conductistas” con toda la carga de prejuicios que ello supone.
Sólo una mayor difusión podrá vencer esos obstáculos.

Posdatas:

1) Lo dicho, por cierto, no debe llevar a la falsa conclusión -también hartamente repetida- de que de lo conductual "sólo sirven las técnicas" y que, ejerciendo algún otro tipo de enfoque paradigmático "más amplio y explicativo", se pueden utilizar libremente. No. la práctica tecnológica es por necesidad coherente con la teoría y la metodología que la sustentan ¿Cómo podría esperarse efectividad de un quehacer teórico y práctico incongruente? Por eso cada enfoque tiene sus propias aplicaciones. Por ejemplo, practicar la asociación libre es coherente con la creencia psicoanalítica de que se investiga el inconsciente a través de la interpretación de la simbología lingüistica. Dejar hablar al cliente prestándole una atención benévola es coherente con la creencia del humanismo de que a través de eso se va a llegar a un insight, y así.
Por eso suscita dudas el movimiento terapéutico integrador hoy en boga, que, utilizando numerosos neologismos y entretejiendo razonamientos retóricos, no hace sino enmarañar los procedimientos de distintas orientaciones que promueve, escondiendo los hechos de cuál de ellos es el que realmente funciona y cómo, haciendo extensiones desde un sólo enfoque, podrían explicarse perfectamente los principios inmersos en dichas prácticas sin necesidad de acudir a otros con presupuestos totalmente diferentes. Mi postura personal, coincidiendo con Marvin Goldfried, es que es legítimo importar procedimientos tecnológicos de otros enfoques teóricos, siempre y cuando sus elementos más compatibles se adapten al marco de referencia propio, no tomándolos como vienen.

2) Para no quedarme corto, a los procedimientos reseñados en el post faltaría añadir la biorretroalimentación (Medicina Conductual) y un conjunto de terapias conductuales que hoy se vienen llamando "de tercera generación" porque tratan los temas cognitivos y afectivos interrelacionados, como las Terapias de Aceptación y Compromiso, Psicoterapia Analítica-Conductual, Terapia Dialéctica-Conductual, Terapia de Activación, Mindfulness, Terapia Interpersonal, Terapia Integradora de Pareja, Terapia de Esquemas, e incluso una Terapia del Bienestar que parecería iniciar ya una "cuarta generación".

3 comentarios:

juan carlos arevalo dijo...

estimado profesor:
Agradezco su articulo por la claridad y contundencia de sus ideas.Una pregunta ¿Porque a la terapia de los esquemas la considera dentro del tecnologia conductual de tercera generacion?
saludos

William Montgomery Urday dijo...

Gracias. En puridad de verdades, la terapia de esquemas podría ser englobada (casi igual que la interpersonal) como una especie de "terapia integrativa", pero la considero aquí usando el mote de terapia conductual de "tercera generación" en sentido amplio, siguiendo la opinión de Hernán Lucke y Angel Izquierdo (2008) en su capítulo "Terapia conductual" (obra de C. Castanedo: Seis enfoques psicoterapéuticos; pp. 53-104. México: El Manual Moderno). Realmente muchas de estas tecnologías "integrativas"(también la Terapia Cognitivo-Estructural de Guidano) fueron creadas por psicólogos que proceden del ámbito cognitivo-conductual (Safran, Young, Ryff, Guidano), y en la práctica utilizan más procedimientos conductuales que nada; pero, por algunas razones poderosas -supongo que entre ellas estará la comercial-, deciden "abrir" su abanico de categorías teórico-interpretativas
y congregar así un mercado mucho mayor. La desventaja de eso es la enorme confusion generada por los neologismos y demás adornos introducidos en tales formulaciones, que por lo general complican cosas muy simples sin añadir efectividad a la metodología objetiva de intervención, que sigue siendo casi la misma y explicable sin recurrir a tantos constructos importados de lógicas subjetivas.

William Montgomery Urday dijo...

Siguiendo con el razonamiento anterior, claro que otra opción explicativa del por qué los autores antes "cognitivo-conductuales" deciden "abrir su abanico" con estilo posmoderno, es que se encuentran insatisfechos con el "viejo" modo de ver conductual. De hecho, esa es la razón que ellos aducen y les creo, pero cuestiono que alguna vez hayan comprendido la lógica conductista. Como digo en el post, lo cierto es que los "puramente" aplicativos no suelen brillar por sus entendederas teóricas, y cual ramas de junco se doblan ante el primer soplo fuerte de viento. Lo curioso es que se doblan sólo con respecto a la filosofía y teoría explícitas, pero no en la metodología de acción objetiva, que sigue siendo conductual.
El asunto no es nuevo, ya se da en psicólogos que sí se declaran cognitivo-conductuales. Por ejemplo, si uno revisa el libro "Cuadernos de Terapia Cognitivo-Conductual" de Ángeles Beriso y cols., ve que las autoras presentan su enfoque como tributario de Beck, Ellis, Meichembaum, Piaget (¿?), Kelly (¿?) y otros; sin mencionar para nada a Skinner. Sin embargo, dedican todo su 2do. capítulo a desarrollar la teoría del reforzamiento. Y por lo demás, en todo el libro aplican la típica estrategia cognitiva: dicen que tratan "ideas" y "pensamientos", pero en la práctica registran y analizan pura conducta verbal y sus contingencias de aparición y modificación. Ni más ni menos.

Mentalismo Cerebral